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Jueves, 1 de octubre de 2026

LA DULZURA DEL HOGAR

LA DULZURA DEL HOGAR
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano
LA DULZURA DEL HOGAR
http://quehacerpara.net/energia-positiva-en-el-hogar-como-atraerla/

Como añora el marinero la tranquilidad y olor del puerto con sus palos, trashumancias y manos alzadas que saludan, así también es la sensación de llegar a casa después de unas semanas afuera. Ver la puerta que se abre, las cortinas que se corren, el agua que sale tibia en la mañana de la regadera y acostarse en la cama propia son cosas que se parecen a un hermano o a una cara materna.

Salir y ver paisajes nunca antes vistos, visitar amigos que lo esperan a uno sin condiciones, ir con ellos a un supermercado o a un restaurante y conversar por horas de cosas intrascendentes o novedosas son placeres que matizan la existencia y hacen retoñar pequeñas ilusiones. Se cambia de ambiente, endulza un poco la banalidad de los días ordinarios y estrecha amistades que estaban algo descuidadas.

Volver a casa, sin embargo, es tener otra vez bajo los pies la seguridad de un lugar amado, la cercanía de las personas que uno quiere y la oportunidad de sentir lo ruidos, las señales y las sombras que siempre lo han acompañado. Todo ello forma parte de la estabilidad emocional que el ser humano necesita para decir que es feliz y posee una vida normal.

Estar de vuelta es, precisamente, eso. Dejar allá afuera ese humor extraño de las cosas que no vemos ni vivimos a diario. Por más sabrosas que sean las conversaciones, los momentos compartidos con los amigos, sabemos que son ocasiones para variar y adornar la existencia diaria por un tiempo corto.

La vida humana, la convivencia con situaciones, personas, ocupaciones y problemas que debemos resolver a diario constituyen el conjunto que llamamos la vida ordinaria. Todos los humanos la tenemos y ahí nos movemos, crecemos y vagamos como el pez en el agua. Y, pese a que digamos que es el ser humano es un animal de costumbres, en ellas vivimos y conseguimos ser felices.

La casa que nos cobija con todo lo que contiene, dentro del barrio y la vecindad, con sus vías de acceso, el horizontes cercano, es eso que llamamos hogar. Allí pasamos la mayor parte de la vida, aunque hayamos cambiado varias veces de ciudad o de barrio: el hogar no cambia. Rápidamente el lugar físico entra a formar parte de nuestra felicidad y las personas que se asientan allí permanentemente logran establecer una unidad íntima e indivisible.

No importa que viajemos, que visitemos, que volvamos a unir lazos de amistad o familiares, regresar a casa, o quedar solos otra vez, es delicioso y confortante.

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