La dignidad es lo último que como seres humanos podemos perder en esta vida
Por: Luís Barrera
En Colombia existen problemas que aun terminándose los conflictos con los grupos al margen de la ley por la vía del sometimiento o un acuerdo de paz, estos problemas continuarían, entre estos tenemos: la doble moral, el doble discurso, la corrupción legalizada, la institucionalización de la mentira, el gran abismo existente entre ricos y pobres, una sociedad clasista, elitista y racista, un sector de la clase dirigente en conspiración con los pudientes: arrogantes, egoístas y opresores, discriminación étnica y social, estigmatización y exclusión a la cual están sometidas algunas regiones por la dirigencia nacional y el propio Estado.
El Cauca, territorio bendecido por la voluntad divina con enormes recursos naturales y asentamiento de un crisol de razas de virtudes multiculturales, no se escapa a ese mar de inequidades en donde la realidad supera las potencialidades y sueños de sus pueblos.
Problemas hay en todas las regiones del país pero el “respeto por la dignidad humana” debe ser el tema prioritario aquí en el Cauca a salvaguardar, pues al fin y al cabo, la dignidad es lo último que como seres humanos podemos perder en esta vida.
La dignidad humana es aquella condición especial que reviste todo ser humano por el hecho de serlo, y lo caracteriza de forma permanente y fundamental desde su concepción hasta su muerte. Dignidad es grandeza, excelencia; es una calidad o bondad superior por la que algo o alguien goza de especial valor o estima.
Por ello se debe tratar de respetar las libres expresiones de los pueblos autónomos y las comunidades que organizadamente expresan sus derechos y reconocimiento a los valores ancestrales tales como lo vienen exigiendo los pueblos indígenas y afros.
La esclavitud moderna, el racismo, el machismo, la homofobia o el trabajo infantil son claros ejemplos donde la dignidad humana no se respeta ni se defiende.
La dignidad humana o dignidad de la persona hace referencia al valor intrínseco de todo ser humano, independientemente de su raza, condición social o económica, edad, sexo, ideas políticas o religiosas. Es el principio que justifica y da su fundamento a todos los derechos humanos. La dignidad no solo es un derecho, es la base de todos los derechos.
Se dice y se escribe con frecuencia en medios de comunicación regionales que la persona es un valor fundamental y que tiene una dignidad propia irrenunciable, pero, hasta qué punto aquí en el Cauca se cumple ese derecho que tanto igualmente se vulneran en nuestra patria.
El fondo de los problemas del país es una cuestión de voluntad política, de decisión, de cambio de actitud y mentalidad hacia las verdaderas dificultades de las regiones que no son tan materiales: desempleo, desplazamiento, violencia, terrorismo y delincuencia.
Estos son el reflejo de lo que hay en el fondo, estos son la punta del iceberg de un problema eminentemente arraigado en la mentalidad de los caucanos y colombianos, lo cual ha configurado un imaginario social perverso y dañoso.
De suerte que los efectos degenerativos (desempleo, desplazamiento, violencia, terrorismo, delincuencia, entre otros) son más sentidos que los problemas que subyacen en el fondo.
Nuestros verdaderos problemas están en la mentalidad y el querer llevarnos a todo el mundo por encima, sin respetar en lo mínimo su dignidad humana, de allí que las reglas, las leyes, los condicionamientos no han podido cambiar el perverso proceder.
Con las llamadas “leyes marco” se logrará tal vez, el sometimiento temporal del colombiano irrespetuoso de los derechos humanos, pero no su consentimiento y voluntad para confiar en que él propenderá por el bien y por una Colombia en paz; puesto que el problema tiene su caldo de cultivo en la mente torcida, de donde se reproduce cada vez que tiene la oportunidad, germina en el suelo fértil de la impunidad, la complicidad, y crece con los nutrientes que le proporciona la conspiración, la intolerancia y el egoísmo.
De manera potencial esta sociedad es inclinadamente tendenciosa a la perversidad. No es sino que se haga la ley o reformar la constitución cono pasó recientemente en la reforma a la justicia para prohibir o controlar algo, cuando ya se crea la trampa; es más, yo pienso que en Colombia, no se aprueban leyes hasta tanto no se haya ideado la forma de hacer la trampa a esa ley.
Hemos desarrollado toda una industria de la farsa, la hipocresía y la falacia, somos expertos en burlar la ley sin violarla, pero en escandalizarnos cuando lo hacen los demás y descubrir que los demás si la violan.
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