La conversa



La conversa
Es tan difícil conversar ahora. Tan contaminado encontrarse de frente a una persona sorda que ni siquiera responde a un saludo. Esos “Zombis” que van por el mundo con los oídos tapados con sus audífonos escuchando el ruido del mundo virtual, tan irreal y mentiroso, tal como lo quieran moldear quienes tienen interés en sujetar a la sociedad con su forma unívoca de pensamiento, la única verdad, la única religión, la única manera de comportarse. Es un mundo donde la libertad se ha caricaturizado. El mundo del celular que nació un día de abril de 1979 para desgracia del conocimiento, de la libertad, de la cultura, del sentimiento humano lo celebran los mercaderes como un gran acontecimiento.
El celular ha hecho personas sin palabras, sin escucha, la relación dual que transformó al hombre se ha desvanecido, la manera más primaria y natural de transmitir conocimiento se ha visto amenazada por las generaciones modernas del celular que incluye sofisticados sistemas informáticos, con condensación física tan microscópica que el aparato cabe en un bolsillo, cada vez más delgado, cada vez con mayor capacidad y potencia. Un verdadero negocio que ha enriquecido a pocos, pero del que dependen muchos. Una verdadera industria que no deja de crecer por la temporalidad escasa, que en menos de un año se vuelve obsoleto esa cosa, que cada año aparece con nueva generación para la moda, para la supuesta versatilidad.
Si bien es cierto que el celular facilita la comunicación, aísla a las personas. No hay cuadro más triste que los muchachos reunidos con su vista y atención puesta las pantallas de sus aparatos. Se comparten “memes”, fotografías, saludos, emoticones, comentarios insustanciales, toneladas de basura circula por las redes sociales soportada por la moderna comunicación de los celulares. Un avance en las maneras tecnológicas; un retroceso en la relación interpersonal, en la convivencia social, en el sustento de la dinámica humana, en la conciencia que se fundamenta en la palabra.
Qué importante recuperar la palabra; que hablen. La diferencia se allana con la conversa acompañado del calor de los abrazos. Nada más importantes que el contacto directo para resolver los conflictos. Un llamado al gobierno, a los dirigentes de la Minga, para que no pierdan la visión del lenguaje, de la palabra, para que se sienten entre tulpas a dirimir un conflicto aplazado por el incumplimiento de acuerdos anteriores, uno a uno, firmados entre el gobierno y las comunidades indígenas. Sea cual sea la diferencia, en la racionalidad y la decencia; entre la tolerancia y la posibilidad de construir un mundo mejor, abandonado del sectarismo político, para hacer de todos, seres humanos con valores, con cultura, con compromiso. Aunque parezca imposible podemos erradicar de nuestro comportamiento el sectarismo, los señalamientos mutuos, las calumnias. Podemos construir para que todos quepamos en este mundo tan ancho y tan nuestro. El hecho de ser inteligentes nos hace razonables. No podemos seguir comportándonos como primates; sin insultar a los primates.
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One comment
luis ayram quijano
sábado 6 abril, 2019 a las 11:34 am at 11:34 am
Cuando las nuevas generaciones de indígenas aspiren a ser: científicos, ingenieros, médicos, técnicos etc, y no comuneros, ese día será el que marcará un destino mejor, y para eso es indispensable, respetando su genética, restablecer lazos con sus raíces AMARILLAS que los paren en el tiempo presente, y demostrarle al resto de la sociedad, que tienen la capacidad de convertirse en el motor del desarrollo. ¿Para cuando tendremos colegios de China, Japón, Corea del Sur, etc?
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