La ciudad invisible

Imagen: https://gemini.google.com/

Una de las tantas motivaciones para promover y reprogramar el DIPLOMADO SOBRE POPAYÁN, es intentar aproximarse a nuevas reflexiones que intenten reconstruir y formular una nueva visión de ciudad. De una ciudad como la nuestra, tan significantemente cambiada y alterada en sus tradicionales fundamentos de organización y configuración socio-cultural. De una ciudad donde es notoria y preocupante la ausencia de investigación intelectual y académica acerca de sus profundas y angustiosas problemáticas.
Hoy día, por desgracia y, por la equivoca prevalencia de la supuesta comprensión tecnocrática del mundo, se piensa, de manera fácil y ligera, que las estadísticas pueden suplantar la historia. De manera ingenua y poco inteligente se supone que las cifras pueden sustituir los conceptos. Por lo mismo se torna urgente e imperativo abordar la reflexión acerca de nuestra ciudad más allá de las frías y mudas cifras que muy poco expresan sobre la dimensión social, espiritual y cultural que encarna nuestro diferenciado y poco comprendido universo urbano.
La ciudad de nuestro presente, se nos ha convertido en un anárquico y desorientado fenómeno, sometido a cambios de profundidad, que, en un muy breve periodo de tiempo, se ha transformado en casi en todas sus dimensiones en una realidad que en lo esencial desconocemos y consecuentemente poco a poco hemos dejado de comprender en sus nuevos lenguajes tanto históricos como culturales. Sin retorica puede afirmarse que la ciudad vive y padece una coyuntura trágica, cuyos “elementos del desastre”, sin duda alguna, muchos se vinculan al evento sísmico del año 83. Y no son muchos, ni muy esclarecedores, los esfuerzos que se han realizado para entender y mitigar los efectos y las consecuencias disruptivas de esa ya lejana tragedia, que proyectada hacia el presente y hacia el futuro de la ciudad cristalizan en el gran fenómeno de FRAGMENTACIÓN que hoy caracterizan el incierto devenir de la ciudad.
Como punto de partida de esta tentativa de aproximarnos a nuestro particular proceso urbano, nuestro interés no se centra en el examen teórico de lo mucho que se ha dicho, especulado y escrito acerca de la problemática urbana desde la perspectiva de las mal llamadas “ciencias” humanas y sociales.
Pero la ciudad, lo han considerado siempre los pretendidos “especialistas” sobre el tema, se puede estudiar y tratar de comprender desde los más diversos ángulos y miradas. Desde la historia. La historia universal, ha escrito uno de ellos, es en lo esencial historia ciudadana. Se la puede abordar inclusive desde la geografía, también desde la economía y por supuesto, desde la política, como ya desde la antigüedad clásica lo postulaba Aristóteles. Y obvio, de manera más reciente, ha sido obsesión de alguna rama de la sociología, que inclusive pretende haber elaborado una especialidad nombrada como SOCIOLOGIA URBANA.
“La ciudad es la forma y el símbolo de una relación social integrada” afirma Lewis Munford. En este intento de definición de la ciudad, en su simplicidad y brevedad, se expresa un fenómeno de capital relevancia acerca de lo urbano, pues quiere destacar que toda verdadera ciudad es el lugar donde se condensa la tradición y donde se posibilitan en alto grado el intercambio y la interacción social entre los seres humanos. Es decir, la ciudad es una fuerza y una realidad integradora, una realidad que, sin ser visible o empírica, relaciona a sus ciudadanos con una misma y compartida tradición cultural y espiritual que termina fortaleciendo los elementos de identidad y de reconocimiento entre ellos. Y es en esa tradición, es donde se materializa aquello que suele designarse como el alma de las ciudades. Se trata de una dimensión espiritual y cultural, de una especie de atmosfera emocional y colectiva, que, decantada dentro del proceso histórico y evolutivo de las ciudades, proporciona esos elementos de identidad y de pertenencia que a su vez facilita a los miembros de una comunidad sentirse participando y perteneciendo al mismo destino, tanto histórico como cultural, que caracteriza y diferencia su ciudad. Por lo mismo para comprender una ciudad hay que también poder sentirla, afirmación que puede resultar blasfema y descabellada para la mentalidad tecnocrática y limitada de los nuevos planificadores urbanos.
El punto de vista de Lewis Mumford, considerado como uno de los más prestigiosos tratadistas del fenómeno citadino, resulta sugerente y sugestivo para mirar aspectos relevantes sobre las visiones tradicionales que se han manejado sobre Popayán. De su afirmación se deriva el considerar también la ciudad como una poética. “A donde vayas llevarás la ciudad contigo” así lo expresa bellamente el poeta griego Constantino Kavafis. Puesto que las ciudades no son estadísticas, ni arquitecturas, ni conglomerados de infraestructuras. Son también una dimensión existencial, además de ser una relación social integrada, son una relación sentimental y emotiva que casi siempre unifica e identifica.
Otras publicaciones de Víctor Paz Otero en Proclama del Pacífico:




