¿La ciudad: imaginada o imaginaria?


¿La ciudad: imaginada o imaginaria?
Hay un hermoso y breve poema del poeta Griego Constantino Cavafis, llamado “la ciudad”, que expresa, que a cualquier lugar donde a vayamos la ciudad nos seguirá, que a cualquier lugar donde vayamos arribaremos siempre a la misma ciudad. Se puede interpretar que lo que intuye y expresa metafóricamente el poema, es que la ciudad, casi siempre la ciudad donde nacimos o donde acontece nuestra vida, la ciudad que nos prodiga el vínculo de pertenencia y de relación con el mundo, es una realidad y una entidad que está y permanece en nosotros, qué en esencia se integra a la intimidad misma de aquello que sentimos y percibimos como nuestro ser verdadero.
Es decir, la ciudad nos habita y, al habitarnos nos pertenece, nos constituye como seres ubicados en las coordenadas de un tiempo y de un espacio que tiene realidad y existencia fuera de nosotros mismos, que es un lugar que de manera significativa define algo de aquello que a veces de manera difusa y hasta indeterminada designamos nuestra propia identidad. Por eso casi siempre se nos pregunta: ¿de dónde eres? La pregunta misma implica una respuesta y, lleva implícita otra pregunta, que quiere indagar sobre el quienes somos. Es decir, se pretende indagar el cómo se liga nuestro ser a un espacio o a un lugar determinado y reconocible. Si profundizáramos sobre los plurales y sutiles elementos que se anudan a esa universal y trajinada pregunta, encontraríamos que, en nuestra respuesta, se nos plantearía, de manera necesaria, el problema de formarnos una idea, una imagen, una visión o una “narrativa” cualquiera de aquel lugar o ciudad donde hubimos de nacer.
Creo que nadie escapa a esa especie de imposición emocional y, también mental, cultural y psicológica de indagar acerca de lo que puede significar en su vida, las relaciones que lo vinculan y que de muchas maneras pueden identificarlo, con ese lugar del espacio-tiempo, donde al nacer en él, nos permite SER y ESTAR tanto en la vida como en la historia.
Pero como estamos en Popayán y, como la pretensión básica de estas columnas que escribo se orientan a crear interés sobre las muchas y diversas problemáticas que se van a explorar en el desarrollo del DIPLOMADO sobre Popayán, que próximamente se realizará en la UNIVERSIDAD DEL CAUCA, se nos antoja sugestivo y sugerente invitar a cualquier ciudadano, al estimulante ejercicio reflexivo de preguntarse qué significa, en este caso, eso de ser Payanes o ser de cualquier otra parte de este planeta azul con tempestades. Invitarlo a preguntarse cómo percibe y asimila esa condición particular. Invitarlo a que se pregunte que implicaciones de naturaleza diversa se derivan de dicha circunstancia.
Al proponer estas, al parecer ingenuas interrogaciones entramos al territorio de algo que algunos muy pocos pensadores han designado como la INTRAHISTORIA. Concepto poco usado en el presente y relegado al olvido académico. a pesar de su enorme utilidad para indagar sobre los complejos y cambiante fenómenos articulados al acontecer de la vida cotidiana y colectiva de los seres humanos, hoy mayoritariamente caracterizada como vida urbana.
La INTRAHISTORIA puede ayudarnos a entender y comprender, desde ópticas inéditas y muy poco exploradas, los cambiantes y diversos eventos del comportamiento humano, pues es una tentativa de hacer HISTORIA DEL ADENTRO. La historia considerada vivencial y subjetivamente. Tentativa de buscar lo eterno en el aluvión de lo insignificante, diría Miguel de Unamuno, que, dicho sea de paso, se valió de este concepto para amplificar muchas de sus desgarradas reflexiones acerca de sus angustias existenciales y filosóficas. Concepto e instrumento mucho más próximo a las preocupaciones de la literatura y en especial a la novela.
Ocuparse del espectáculo cotidiano de las actividades humanas, más que un proyecto y un proceso minimalista, tiende a expresar y a narrar la aventura del anónimo y silencioso rol histórico que muchas veces, sin tener consciencia del mismo, acaban desempeñando todos y cada uno de los seres humanos en el fluir inexorable de la vida y de la historia. No se trata entonces de una historia de archivos, ni de falsificados documentos, que solo le dicen algo a la mentalidad quietista y burocrática de los supuestos historiadores de academia.
Indagar y aproximarse al SER histórico y cultural de una ciudad exige en primera instancia y de manera especialísima, explorar los horizontes humanos y vivenciales de quienes la sienten y la habitan. Las ciudades también son una atmosfera emocional, una POÉTICA, que permite asimilarlas como realidades imaginarias e imaginadas, que nos habitan e impregnan, algo o mucho de su alma, en nuestras almas.




