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Viernes, 2 de octubre de 2026

La cicatriz en el espejo

La cicatriz en el espejo 1

La cicatriz en el espejo

La cicatriz en el espejo
–NOVELA–

Marco Antonio Valencia Calle, 2019

La cicatriz en el espejo

La cicatriz en el espejo
Marco A. Valencia C.

Marco A. Valencia C. le madrugó al año con ésta, su tercera novela. El título se inspiró en un verso de la escritora Piedad Bonnett; el segundo pulso es la imagen de la portada, del fotógrafo José M. Arboleda. Una luna inmensa, que me trajo la estampa de una luna similar que despunta en la serranía del Perijá, en Codazzi (Cesar). Como los crepúsculos de Popayán, sólo que allá el asombro sucede en los pocos días de luna llena.

La novela está dividida en seis capítulos de irregular extensión. Cada capítulo con un abanico de historias, y cada historia con un verso de poeta colombiano; en total, 26 versos. Con los versos alternan seis emails y dos números cardinales. Desde luego que no es una técnica nueva; casualmente, cuando empecé a leer a Valencia, ya traía la lectura de la novela corta La hija del capitán (1836), del padre de la literatura rusa, Alejandro S. Pushkin (1799-1837), quien procede de esa manera en los catorce capítulos, nombrados con versos, proverbios, breves fragmentos de cantos o cuentos de la tradición rusa. En los dos casos podría ser por la misma razón: evitar el rigor secuencial de una cronología. En Marco es más que verosímil, dado que “nunca podía concentrarme”, dice su alter ego o voz narrativa; aparte de unas cuantas referencias temporales, dichas como al desgaire: “Un día, pasados los años, tal vez cinco u ocho”. A cambio de una rigurosidad, el narrador acude al flashback, y hasta la voz en off.

Eso en cuanto a la estructura narrativa, que no deja de ser importante en una novela. En cuanto al contenido, la novela podría abrir debates interesantes: ¿para quién escribe Marco Valencia?, ¿cuál es su audiencia fiel?, ¿por qué es exitoso en un mercado editorial, más bien pobre, como el de Popayán?, ¿qué tan buen escritor es Valencia?… Para esta reseña, intentaré algunas respuestas. Estuve tentado a titular así el comentario: “Marco Valencia, el Coelho de nuestra literatura”. Hay más de una pista en la novela para ilustrarlo, éstas por ejemplo: “Cerrar los ojos, relajar el cuerpo y pensar con ahínco en lo que deseamos para que el cosmos se confabule y haga de nuestros deseos una realidad”. “Cuando un hombre tiene una cita con el destino todo confabula para que eso se dé…” Y para sazonar ese menú, algunas estrategias narrativas descritas por Vladimir Propp en su Morfología del cuento infantil: el héroe (o heroína) abandona la casa, el héroe es puesto a prueba o interrogado, el héroe lucha con un(a) antagonista, el héroe regresa (así sea en espíritu)… Y están las estrategias temáticas, donde podría residir el posible éxito de esta obra, explícitas en la novela, “en temas de pareja: los celos, la infidelidad, el amor, el matrimonio, los hijos, la soltería, la soledad, el enamoramiento, historias de relaciones pasadas…”.

Otra pregunta para el debate: ¿está mal esto que hace Marco? La respuesta puede salir del juego dialéctico inherente a los diversos puntos de vista. Por lo pronto, participo con una idea. Hay dos tipos de escritores: los genios, que con una o varias obras maestras alcanzan volúmenes gigantes de ventas, tales como García Márquez, Borges…, aunque son pocos y surgen cada cien años; y los que no son genios, pero dan con la fórmula para ganar muchos lectores. En efecto, se dice que un autor que logre vender más de cinco mil ejemplares ya juega en ligas grandes, donde están Paulo Coelho, Isabel Allende… El ideal de un escritor es poder vivir de su oficio, y para eso cada obra suya debería alcanzar ventas de más de cinco mil ejemplares. Marco Valencia afirma que dos libros suyos lo han logrado (ocho mil ejemplares cada uno), se sabe que Leyendas extraordinarias de Popayán es uno de ellos. Y se me ocurre que esta novela (“de amor”) puede ir por ese camino, dada la reconocida habilidad del autor para mover los entresijos del mercado editorial.

Otra fortaleza de este escritor es el instinto natural para escribir sobre aquello que la mayoría quiere leer: prosa de estilo llano, con una retórica de metáforas simples, que surgen al ritmo del discurso coloquial: “Mi apartamento es una metáfora del desorden”, “Las mujeres me han hecho llorar aguaceros inútiles por amor”. Que en el sagrado lenguaje romántico sería: “Cogí la mano de la pobre muchacha y se la besé, rociándola de lágrimas”. Para escritores que sólo reconocen como referentes a Joyce o Faulkner lo que hace Valencia puede parecer pecado. A Marco, creo, le tiene sin cuidado, y a la mayoría de sus lectores también.

En fin, la novela tiene suficiente tela para un debate. Se lee en la contraportada que La cicatriz en el espejo se publicó gracias al auspicio de una beca otorgada por el “Programa de Estímulos Culturales de la Alcaldía de Popayán”. El sello editorial es Gamar / “Colección Narrativa”.

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Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/donaldo-mendoza/

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