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Sábado, 3 de octubre de 2026
jueves 24 marzo, 2016 a las 9:37 am

LA CANCIÓN DE ALEJANDRO

Fidel Castro y Alejandro Gómez Roa - El hombre del acordeón

“Si las cosas de Fidel
son cosas de comunista,
que me apunten en la lista
que estoy de acuerdo con él…”

(¡Cuba Sí, Yanquis No! Canción de Alejandro Gómez Roa.)

Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Aquella noche Alejandro Gómez Roa, estaba ahí como si no hubiese muerto el día anterior. Pero ya tenía rostro de no ser de este mundo. Tampoco se le asomaba por ninguna parte el acordeón, porque además no cabía dentro del pequeño féretro, hecho para el tamaño de su cuerpo.

Era un instrumento musical que de joven aprendió a tocar, acompañando los cantos populares con las canciones e himnos de la República española, traídas por los exiliados republicanos después de la derrota de España.

Aquel día fúnebre nadie podía aceptar que Alejandro se fugara a la risa, y a la alegría, con que enfrentó siempre las dificultades de su existencia, queriendo desde joven contribuir a la creación de un nuevo mundo de lucha y victorias que parecía venir desde cuando el batallón Colombia regresó de la guerra de Corea, masacrando en la carrera séptima de Bogotá, a 13 estudiantiles de medicina de la Universidad Nacional, facultad donde estudiaba, durante las jornadas estudiantiles del 8 y 9 de junio de 1954.

Fue un trágico acontecimiento que lo llevó a cambiar el rumbo que le daba a su vida. Con sus sueños de llegar a ser un galeno para servirle a los demás desde el campo de la salud, y frustrado su futuro, sus ideas se verían recompensadas por los sucesos acaecidos en Cuba en el último año de aquella década de los años cincuenta, en que habían muerto violentamente en los campos colombianos más de trescientas mil personas.

La canción de Alejandro Gómez Roa - Fidel Castro

Alejo, como le decían sus familiares y amigos, en vez del fusil, optó por la poesía y la canción, eligiéndolos como instrumentos de lucha, y defensa de la Revolución Cubana, que empezaba a nacionalizar las empresas gringas en la isla, como jamás había ocurrido en América Latina, y sin pensarlo se fue para allá con el primer grupo de estudiantes de la Universidad Libre, donde había entrado a estudiar la carrera de Derecho. Se fue a cantar a la tierra martiana su composición: ¡Cuba sí, yanquis no! en el estadio latinoamericano de La Habana, donde con Fidel, y la plana mayor de la Revolución, y cientos de personas lo escucharon.

Al arribar al aeropuerto Rancho Boyeros, hoy José Martí, y cuando se abrió la portezuela del avión, Alejandro, a todo pulmón, entonó su canción haciendo sonar con todos sus ágiles dedos el acordeón, manejado con maestría, una multitud de cubanos lo acompañaron hasta el Hotel Habana Libre.

Nunca una composición, se oiría como la Canción de Alejandro, por la solidaridad con la isla caribeña, por primera vez independiente de la hegemonía imperial, que empezaba a ser cercada por la nación cercada y agredida, durante cincuenta años, por el país más poderoso de la tierra.

El hombre del acordeón, desde su regreso al país, se constituyó en el cantautor no solo de la Revolución Cubana, sino de todos los procesos libertarios del mundo. En las plazas, parques y calles del centro bogotano, todos los días de aquellos años de lucha solidaria, muchos seguían al acordeón de Alejandro Gómez, repitiendo con él las estrofas de su canción: “Venimos a defender la Revolución Cubana,/ porque es hermana gemela / de la lucha colombiana (…) “En Colombia las escuelas se transforman en cuarteles, / y en Cuba ya se acabaron esos malos procederes…”

Muchos años después cuando, y nuevamente en el Estadio Latinoamericano de La Habana, Fidel y Alejandro, se reencontraron y el Comandante le dijo:- “Tenías razón Alejandro, seguimos en pie”.

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