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LA CAÍDA DE LOS GRANDES

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LA CAÍDA DE LOS GRANDES

LA CAÍDA DE LOS GRANDES

LA CAÍDA DE LOS GRANDES
Imagen de: https://www.semana.com

Que se caigan los niños de su cuna o de los brazos de sus padres es lamentable porque ellos no tienen cómo defenderse todavía. Tal vez habrá que achacárselo a quienes tienen por encargo vigilarlos y cuidarlos. Pero que caigan los grandes, los mayores de edad que ya conocen los avatares de la vida y el combate con la vida diaria y han aprendido a defenderse solos, es lamentable.

En efecto, desde niños aprende el ser humano a vivir en medio de asechanzas, peligros y de la inseguridad del porvenir. Por otra parte, poco a poco el ser humano va aprendiendo de sus semejantes y de su familia, de la escuela y de los ejemplos de aquí y allá. No estamos solos y por doquiera se ven ejemplos de personas que triunfan y de vecinos que fracasan.

Ya no estamos en la era cuaternaria ni en la edad de la caverna, ni siquiera en épocas de vacas flacas. El hombre aprendió a trabajar, a sudar, a vencer las dificultades y a ganarse la vida transformando la dura piedra con el cincel y a domeñar la fuerza bruta del caballo con el fuete o con el canto.

La educación desde el hogar, en el jardín, en la universidad, se inventó para leer el mundo, para ver en la experiencia si es la paz o la guerra o si es la trampa o el trabajo serio lo que engrandece al ser humano.

Cómo es de triste ver cómo estas verdades tan elementales, puntales de la estabilidad de nuestras instituciones sociales, se vean sumidas en la bancarrota. Cuán deplorable ver lo que estamos viviendo. ¿Quién pensará que debe defenderse de la tempestad sino el náufrago o quien anda a pie todos los días? ¿Cuándo imaginábamos que eran los potentados, los poderosos los que deben pedir misericordia y dejan la mesa llena de su casa para acudir a otras instancias más bajas que su estatura, para defenderse?

Qué espectáculo tan insólito que un poderoso abandone su trono y se disminuya para que acuda en su ayuda un órgano de menor cuantía. Generalmente no es el de menor alcurnia el que ayuda al poderoso, es el de mayor grado. ¿Cuándo en pleno siglo XXI, era de las élites y de los estrellatos, tuviéramos que asistir al comodín de un asiento más bajo para servir de sostén del más alto? ¿De cuándo acá cambió el lugar del rico Epulón y se puso en lugar del pobre Lázaro?

Ahhh!, son los vaivenes de la política, dirá alguien. Sí, en pleno siglo XXI. Y en Colombia, que parece el escenario del » Extraño mundo de Subuso«, aquel personaje imaginario de un autor ya fenecido. Algo loco está sucediendo que quien era grande se volvió pedigüeño.

¡O tempora, o mores!, espetó Cicerón en el siglo I. Cómo cambian los tiempos y las costumbres. Pues el poderoso se vuelve irrisorio y lo solemne se torna lastimero y servil.

26-07-18                                         8:50 p.m.

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Otras publicaciones de este autor en: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

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