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Jueves, 1 de octubre de 2026

LA ANTIPETROPOLÍTICA

LA ANTIPETROPOLÍTICA destacada
LA ANTIPETROPOLÍTICA
Imagen: Portada https://www.semana.com/

Alfonso Luna GellerA menos de cuatro meses de las elecciones legislativas (8 de marzo) y presidenciales (31 de mayo primera vuelta, 21 de junio segunda vuelta), Colombia asiste a un espectáculo político insustancial y tedioso.

La política está signada por una preocupante ausencia de propuestas programáticas, una sobreexposición de figuras sin contenido, y una narrativa centrada en una obsesión excluyente: “vencer a Petro”. Es la única consigna que une a algunos sectores. El único “plan de gobierno” que se escucha es la antipetropolítica.

El espectáculo de la venganza política

Mientras el país demanda soluciones, los precandidatos concentran su discurso en la revancha y la eliminación de adversarios, no en la construcción de la nación.

Las figuras visibles de la oposición exhiben un conjunto de promesas que revelan el profundo estancamiento ideológico y el intento de restauración de un modelo ya superado:

  • Abelardo de la Espriella, con un discurso abiertamente vindicativo, promete “destripar a la izquierda”, “acabar con el legado de Petro” y regresar a la doctrina del enemigo interno, proponiendo una guerra ideológica como plan de seguridad.
  • Juan Carlos Pinzón, el “general sin soles”, ha prometido restaurar las relaciones con Washington “en una sola sentada” y aplicar recetas neoliberales sin miramientos. Revisión ideológica de las Fuerzas Armadas tras el gobierno Petro.
  • Miguel Uribe Londoño: “Estoy listo para extraditar a Gustavo Petro si la justicia lo requiere, lo envío con lazo y todo”. Propone eliminar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Reinstaurar el glifosato como herramienta de erradicación. Fortalecer el modelo de seguridad democrática y “recuperar el país de las manos del comunismo”.
  • María Fernanda Cabal: “Colombia no necesita reformas, necesita orden”. Ha propuesto cerrar el Congreso si no se somete a su visión de país. Es monotemática en la crítica constante a cualquier política que implique intervención estatal o redistribución de la tierra (como la compra de tierras para la reforma agraria). Carece de una propuesta concreta sobre cómo abordar el déficit de vivienda rural o cómo financiar el campo sin una reforma profunda. Rechazo total a la Paz Total y a cualquier negociación con grupos armados. El discurso es más un manifiesto que un plan de gobierno ejecutable.
  • Paloma Valencia ha insistido en “derogar todas las reformas de Petro”. Propone una “reforma judicial para castigar el populismo”. Defiende el modelo extractivista como motor económico. Ha sugerido limitar el derecho a la protesta en zonas rurales. Se limita a rechazar la estrategia de Paz Total sin ofrecer una alternativa detallada y financiable para la contención del conflicto en regiones.
  • Vicky Dávila: Su discurso se centra en la denuncia mediática, el anticomunismo y la defensa del uribismo como “único camino para salvar a Colombia”. Carece de propuestas estructuradas sobre la reforma del sistema de salud, la educación pública o la política económica. Su fortaleza es la crítica, no la propuesta de Estado.

¿Sería viable un país con estas propuestas de gobierno? La obsesión por derrotar a Gustavo Petro ha vaciado el debate público, dejando al país sin una sola discusión seria sobre los problemas estructurales que sí definen nuestro subdesarrollo.

Por eso es que, apenas calentando, ya estamos hartos de esas campañas que carecen de fondo, de ideas disruptivas, de proyectos de nación, pero llenas de promesas vacías, slogans de campaña, polarización y confrontación, con el apoyo de los medios de comunicación que están al servicio de la casta económica excluyente.

Lo que se requiere para una elección productiva no es el apoyo cerrero a Petro ni el repudio a sus adversarios. Lo que la ciudadanía reclama son proyectos con estrategias claras y compromisos firmes. Votar no se trata solo de cambiar un rostro o un partido; se trata de cambiar la forma de construir nación.

Entonces, la frustración ciudadana es palpable. Lo que quisiéramos ver para debatir y poder tomar decisiones inteligentes y productivas sería una campaña que permita diferenciar propuestas de gobierno, una campaña que discuta auténticamente el papel del Estado, la autonomía regional, la integración latinoamericana, la transición energética, la modernización del sistema de salud y de servicios públicos, la calidad de la educación, la economía productiva, la reforma agraria justa.

Ahí si tendríamos que tomar partido por lo que creamos que más le conviene a nuestra nación, no por el que se vista mejor, grite con más intensidad o por el que mejor pague por el voto, lo cual condena a los demás a votar como ya ha sucedido, “por el menos malo”.

En resumidas cuentas, si no hay debate ideológico, ni distinción entre proyectos de nación, y lo único que importa es Petro, derrotarlo, silenciarlo, borrarlo, entonces el gran ganador de 2026 será la anarquía, la ruina de la democracia.


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Alfonso J Luna Geller
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