

«La Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas anunció –este martes 16 de septiembre– que será la película Un poeta, dirigida por el antioqueño Simón Mesa Soto, la cinta nacional seleccionada para representar al país en la categoría de Mejor Película Internacional en los Premios Oscar 2026, así como en los Premios Goya de España» (El Colombiano).
La principal condición para que determinada disciplina o rama del conocimiento sea catalogada como ciencia es que su estudio se fundamente en la aplicación rigurosa del Método científico, también conocido como Método empírico analítico; como por ejemplo la física, la biología, la química, las neurociencias, etc.
El cine es un arte.
«Según García Fernández y Sánchez González (2002, p. 45), a partir de la obra de Riccioto Canudo, el Manifiesto de las siete artes, publicado en 1911 se denominó al cine como el séptimo arte para añadirlo a la lista.» (Wikipedia).
Las otras seis de «la lista» son la arquitectura, la pintura, la música, la poesía (la literatura) y la danza. También reclaman dicho estatus la fotografía, el cómic, los videojuegos; e inclusive, el tatuaje y el origami, entre otros.
Así que decir Academia de «Ciencias Cinematográficas» (sea esta colombiana, estadounidense, de la China o de la Cochinchina) es un exabrupto tan rotundo como decir «Ciencias Pictóricas», «Ciencias Escultóricas», «Ciencias Poéticas», «Ciencias Dramatúrgicas», «Ciencias Dancísticas», etc.
Me pregunto cuáles «científicos» integraran la susodicha academia, y que tipo de experimentos, mediciones, cálculos y leyes aplicaron; tanto a la película Un poeta, de Simón Mesa Soto, como a Adiós al amigo, de Iván David Gaona y Alma del desierto, de Mónica Taboada-Tapia, que según dice esta «Real» Academia, también participaron en dicho «proceso».
Por lo demás, es un hecho el que no todos esos 120.000 espectadores hubieran dado su voto a esta película, yo; por ejemplo, soy uno de los tantos que jamás la votaría para nada; y, por el contrario, la botaría a la basura o tan lejos como fuera posible.
Estoy seguro de que muchos cineastas, críticos y cinéfilos opinarán que haber elegido la película Un poeta, para representar al país en la categoría de Mejor Película Internacional en los Premios Oscar 2026, así como en los Premios Goya de España, en lugar de; por ejemplo, las películas arriba mencionadas, es un completo exabrupto.
ADENDA
Imagino que la única medida, el único parámetro y criterio «objetivo» considerado por La Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas para dicho proceso de elección (representar al país en la categoría de Mejor Película Internacional en los Premios Oscar y los Premios Goya) fue aquello que se conoce como ‘falacia ad populum‘ o ‘sofisma populista‘, el falso argumento que afirma que algo es cierto, bueno o útil simplemente porque mucha gente lo cree, lo apoya o lo practica. Es lo que en términos populares se conoce como «millones de personas no pueden equivocarse«. En este caso sería: «si 120.000 personas han visto la película Un poeta, entonces esta tiene que ser muy buena«. Algo tan absurdo y ridículo como si bastara con que los terraplanistas fueran mayoría para demostrar que la tierra es plana.
Por lo demás, es un hecho el que no todos esos 120.000 espectadores hubieran dado su voto a esta película; muchos, como yo, jamás la habrían votado para tal distinción, y; por el contrario, la botarían a la basura o tan lejos como fuera posible.
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