JULIETA, SÍMBOLO DE VAPOR E ILUSIONES



He visto en dos escenarios fílmicos distintos a Julieta. Un nombre en derivado de Julia, un poco menos que Julietica. No es para tanto.
La primera película fue Giulietta degli spiriti, la magistral del gran Fellini, por allá en una fecha – 1965 – que se envuelve ya en los vapores del tiempo. Y la de ahora, con varias caras, una radiante en su juventud y la otra sobrecogida y cruzada por los signos del sufrimiento y la lejanía.
La Julieta de Fellini era radiante, Giulietta Masima, su esposa, y estaba acompañada de divas como Sandra Milo y Silva Koscina, como para volver la vista tras su belleza seductora. Fellini estrenó el color en sus películas con esta obra. Ya nos había deleitado con La strada, La dolce vita, Ocho y medio, y nos legaría Boccaccio 70, Satyricón, Amarcord y E la nave va, fuera de otras que no vi. Todas, quedaron impresas en blanco y negro o/y a color. Fuera de la belleza de sus personajes femeninos, -aún los más sórdidos- su escenografía, los paisajes, el argumento y el movimiento de cámaras y efectos no tenían parangón.
La de antenoche de Almodóvar es diferente. Es una Julieta del común, la de la juventud, sin ser desteñida su figura es sencilla y normal: no es una diva, definitivamente. Y la de la edad madura, seria, desengañada, triste, abandonada en todos los sentidos. Llegué a pensar, al comienzo, que la cinta sería un autorretrato de una madre de familia, como las de la sociedad actual. Liberada de prejuicios, con ideales y gustos modernos, de mano laxa en su familia y apegada a los estándares de vida de una familia medioaburguesada. Pero no.
Sí. Julieta, tipo Almodóvar, es ida, superficial, que deja que las circunstancias decidan por ella, nada de lo material la afana ni parece interesarle, ni su relación marital ni el contacto con su hija, ni la amistad que anda vestida mujer y de hombre maduro.
De Almodóvar he visto Mujeres al borde de un ataque de nervios, Tacones lejanos, Todo sobre mi madre y La piel que habito. Sí. Sus películas tienen un sabor a su temperamento estudioso y rebelde. Y sus personajes no son necesariamente divas eternas y machos españoles, colombianos o italianos. Para él cuenta la vida humana, el paisaje, los momentos íntimos. No cree en la parafernalia de los efectos ni en los grandes escenarios. Sus películas están más ligadas a la vida real del hogar y de las calles urbanas. Si le etiquetásemos un estereotipo, diría que es muy existencialista y algo surrealista, a veces.
Julieta es una mujer extraña, lejana. No se parece a nadie que haya conocido porque no conozco una historia semejante a la que Almodóvar describe. Su film es brusco, deja perplejo al espectador en varias escenas y al final. El abundante público, joven o de edad madura que acudió al teatro quedó sentado en su silla y no sabía si quedarse meditando o salir cabizbajo y a paso lento, por la duda.



