El Cambio en Colombia no puede detenerse: Iván Cepeda


Iván Cepeda encarna a un hombre de a pie, de los tantos colombianos que quieren un país distinto. La gente pobre, como don José Orlando, sienten que los representa.
Por Campo Elías Barco
Especial para Proclama del Pacífico
El recorrido entre el corregimiento La Habana, en Buga, y el centro de Cali, puede tomar dos horas. Estamos hablando del parroquiano que se sube en un bus, hace trasbordo y, en la Sultana del Valle, se monta en el MÍO. Hasta allí, válido.
Pero cuando una persona como don José Orlando Moreno, realiza todo ese periplo para escuchar a un candidato presidencial, como Iván Cepeda, uno se pregunta el por qué.
¿No era más fácil quedarse en su finca? Y la respuesta: “No, quería escucharlo de viva voz. Verlo y, si fuera posible, darle la mano”. Y cumplió sus tres expectativas.
¿De dónde viene la admiración de don José Orlando? De la época aciaga cuando los integrantes del Bloque Calima incursionaron en la zona.
El primer hecho ocurrió hacia las 3 de la tarde del 10 de octubre de 2001, cuando un grupo de entre 20 y 30 hombres armados llegó al corregimiento de La Magdalena, en Buga, y se llevó a ocho personas a quienes asesinaron en un cruce de vías cercano.
Luego, en la vereda Alaska, reunieron a un grupo de campesinos frente a la parroquia con el pretexto de leerles un comunicado. Allí seleccionaron a 14 hombres, los alinearon frente a la caseta comunal y les dispararon ráfagas de fusil. Y, también, La Habana.
Varios días de terror. Pensar distinto era un delito que los sujetos supieron vengar con ejecuciones sumarias.
“El único que defendió nuestra causa y denunció la violación de los derechos humanos, fue Iván Cepeda. Desde entonces pensé: Este hombre es un berraco y pronto lo matan. Pero no fue así”, me dijo el anciano que luego, pasadas las 8 de la noche, se fue feliz para la Terminal de Transportes. “En Buga me quedo donde una sobrina, en el barrio Alto Bonito y mañana de nuevo a la finca”, me dijo.
NO PODEMOS DETENERNOS

La visita de Iván Cepeda a Cali estuvo rodeada de mucha resistencia de las autoridades que esgrimían la ocupación pacífica de los indígenas de la Minga Cali, en los alrededores del Palacio de San Francisco, como un impedimento.
El corre-corre por encontrar otro punto de concentración. Pero al final, la decisión de realizar la concentración. Y ese fue uno de los puntos de partida del filósofo, escritor y defensor de derechos humanos de 63 años que quiere ser Presidente.
“No podemos detenernos. El Cambio que inició Colombia, debe proseguir. Debemos pensar en la gente, en toda nuestra gente, en nuestra gente vulnerable que ha comenzado a confiar que sí es posible vivir mejor”, dijo con esa calma que dan los años. Como decían los abuelos: Perro viejo, late echado. Y Cepeda tiene la brújula clara, el norte bien definido.
Agradeció a la juventud y reconoció el papel de la primera línea, los manifestantes callejeros en varios puntos de Cali, que fueron catalizadores de la transformación que vive el país.
“No podemos olvidar lo que ha hecho Gustavo Petro desde la Presidencia. No es un hombre que se arrodilla ante los poderosos ni ante el imperio norteamericano. Es un hombre digno que, sin arrogancia, proclama que Colombia es una patria soberana y que quiere que su gente, viva con dignidad”, anotó en su discurso.
Anunció que seguirá impulsando la lucha contra las mafias y las drogas ilícitas.
“No permitiremos que se mancille a los colombianos desde Estados Unidos, ni tampoco, el intervencionismo contra Colombia y la región”, advirtió, al tiempo que se escuchaban las voces de apoyo desde todos los rincones de la Plazoleta de San Francisco.
DENUNCIAR PODERES TENEBROSOS

Iván Cepeda abordó un tema escabroso: el paramilitarismo y parapolítica que, su momento denunció el entonces senador, Gustavo Petro, y que él también ha puesto en escena desde el Congreso.
“La vida humana es muy importante, nada la puede vulnerar. No compartimos con los poderes mafiosos, por muy tenebrosos que sean”, dijo. A renglón seguido fue contundente: “Ya se siente que vamos a triunfar”.
Anunció que participará en la consulta interpartidista de marzo próximo y no permitirá que los derechos políticos del progresismo, sean vulnerados.
“Tenemos los liderazgos políticos, muy buena parte de ellos gente joven, pero también los ancestrales, ofrece al país el mejor programa político de transformación para el país. Seguir con las reformas sociales y el cambio”, explicó.
ACABAR LA DEGRADACIÓN MORAL

Iván Cepeda consideró prioritario elevar el respeto a la vida y a la dignidad humana como el valor supremo de la nación.
“No podemos olvidar los diez millones de víctimas que reclaman verdad, justicia y reparación. Y, desde Cali, quiero decirles: gobernaré para las víctimas. Habrá reparación para todos ellos”, dijo.
Precisó que otra de sus banderas será la defensa de los derechos de las mujeres al tiempo que, enfatizó, lo que se busca es cambiar el patriarcado que ha prevalecido en el país. “Es fundamental enaltecer el papel de las mujeres en la capacidad decisoria del curso del país”.
Acerca de los recursos públicos, explicó que deben estar orientar al bienestar de la gente. De la mano con este planteamiento, invitó a los colombianos a promover una “gran rebelión contra la corrupción”.
REFORMA AGRARIA

El aspirante, Iván Cepeda se pronunció a favor de lo que llamó “una revolución agraria”. Precisó que “en mi gobierno la tarea será avanzar en la distribución de la tierra y formalizando su tenencia entre el campesinado.”
El propósito es que los campesinos reciban el debido reconocimiento y respeto a sus derechos como parte del aparato productivo del país. “La economía campesina es el gran motor del desarrollo del país. Es necesario convertirnos en una potencia agroalimentaria, para abaratar el costo de la inflación y bajar la inflación. Es esencial para acabar la pobreza y eliminar el abismo que separa el campo de las zonas urbanas”, aseguró.
El discurso de Cepeda en Cali fue breve, puntual y contundente. En criterio de los asistentes, valió la espera para escucharlo y conocer de viva voz su propósito de no parar el Cambio que vive Colombia.
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