Playas, acantilados y bahías se convierten en las tribunas naturales para ver este espectáculo único de la naturaleza. Las condiciones del lugar permiten apreciar el nado de las ballenas y sus ballenatos de manera segura y sobre todo respetuosa. No sobra aclarar que el avistamiento de ballenas debe respetar el espacio que ellas necesitan pues este es un mamífero vulnerable y del comportamiento del turista depende en parte su supervivencia.
El Pacífico colombiano está listo para recibir cerca de un millar de ballenas yubarta o jorobadas, que convierten las aguas del Pacífico colombiano, en la más gigantesca sala cuna del mundo, donde llegan a parir a sus crías y a aparearse.
Este mar sobrecogedor, de tonalidades oscuras y exóticos paisajes, recibe a las ballenas jorobadas que cada año llegan de la Antártida y la Patagonia chilena, desde donde viajan ocho mil kilómetros por dos meses, para pasar el verano en aguas colombianas, que ofrecen en promedio temperaturas de 28 grados centígrados.
Entre cantos, piruetas y saltos las jorobadas comienzan entre julio y octubre el apareamiento, luego ellas viajan nuevamente al sur del continente, por otros dos meses y el año siguiente se repite el viaje, pero esta vez, para dar a luz.
Paciencia es una de las características que deben tener los turistas que van a ver las ballenas, muchas veces pueden pasar horas enteras sin que estos cetáceos se vean en los alrededores.
Influye sobre todo el estado del mar. Hay más posibilidades de verlas cuando las aguas están calmadas y no está el sol en su plenitud, es decir en las primeras horas de la mañana o en las últimas de la tarde.
Otros animales durante el avistamiento
Sin duda las ballenas constituyen el mayor atractivo para los turistas durante el recorrido, sin embargo el Pacífico colombiano es tan diverso que permite la admiración de otras especies animales como el pelícano, el delfín nariz de botella, el delfín moteado, el atún y la tortuga marina.

