EL IMPOSIBLE SILENCIO DE JOAQUÍN ZAPATA


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Loco-mbiano.

Una sinfónica en la lejanía de la encina,
el jilguero y su aria.
Todo lo demás, callado.
Benditos el mediodía y su paz
por este silencio que oigo.
Fragmento de Poema de Joaquín Zapata en La invisibilidad de la ceniza.
Joaquín Zapata Pinteño es un poehombre. Nació ya hace tiempo en Elche, España y se vino a posar en Bogotá en un jardín como cualquier copetón llegado de Chía. De complexión media y con barba, no es ni corpulento ni bajo. Es un hombre maduro devenido a poeta por obra y virtud de sus alas entrenadas por su amigo cubano Alberto Rodríguez Tosca.
Acaba de presentar su primer libro de poemas en verso y prosa corrida, La invisibilidad de la ceniza, en la 29 Feria Internacional del Libro de Bogotá. Leyó con su gracejo español en la Sala 5 el sábado 23 de abril a las 3:30 p.m. invitado por el librero y escritor Milcíades Arévalo, prohijado con el sello de la Editorial Domingo Atrasado.
El nuevo poeta Zapata estaba escondido entre pinos, olmos, encinas y chopos al lado de ruiseñores trinando en las madrugadas. Cuando decidió saltar a la escena tomó el cálamo y encendió la luz de sus sueños para sacarlos del anonimato.
Cuando se rompió el vientre/ y me quedé sin cordón umbilical/quise volver, pero fue en vano/nunca encontré el camino/. Sus pensamientos, casi siempre, vuelven sus ojos a la madre, al mar, al paisaje con naranjos o con sombras.
Sus poemas son intimistas, a veces tiernos y de tono onírico. Parecen figuras que emergen de las pesadillas y que se paran como pájaros en su ventana. Ama el recuerdo de Ovidio, Antonio Machado, de Nietzsche, Baudelaire y de Sorolla y a ellos evoca en sus páginas.
Entremezcla el dulzor de la melancolía con el humor y la permanente contraposición de imágenes para nombrar un objeto o idea. Su lenguaje es preciso, casi matemático y selecto. No parece un bisoño del verso.
Su mente parece re-vol-verse en la memoria, como hizo muchas veces Dalí. Sus palabras destilan, entonces, almizcle a recuerdo, a ensueño y deseo de regresar a un pasado pegajoso y todavía caliente entre unas cenizas solo visibles para sus ojos de vate empedernido.
En la viva llama del sueño/las naves queman sus derrotas/y se aferran a un mástil/que acaba de nacer/. Este es el hilo conductor que forma la maraña de su poesía. Hay un ir, vagar y volver la mirada hasta encontrar el origen. Joaquín se descubrió a sí mismo por medio de la poesía y la poesía lo salvó del naufragio eterno. Al final lo dirá: …Junto al piano de riguroso luto y sus diez portarretratos/despediré las visitas que nunca regresaron:/los duendes más antiguos y recientes/que lleven lirios en los ojos y rosas en las bocas…/
Fue una deliciosa velada asistir al recital de este juglar urbano y añoso de sombrero ilicitano junto a Gloria María Medina, una poeta consagrada.



