Huellas



Huellas
Dejar huella tiene muchos significados: como morir y dejar hechos, dichos, acciones heróicas o encontrar huellas de presencia de determinados tamaños o animales o de olores, o ver una estela de humo que sobresale de entre la montaña o dejar la puerta entreabierta para que alguien familiar entre en la casa cuando llegue.
Dejar huellas puede ser intencional o por accidente o por casualidad cuando no se quería que alguien supiera de la presencia o utilización de un objeto y ahí aparecen sus manchas o señales particulares.
Dejar huellas no es siempre una mala señal. Todo lo contrario, puede ser un indicio de ausencia o no presencia, cuando se requería para comprobar cumplimiento o autoría personal de un hecho esperado u ordenado. O para dejar la constancia de que ahí estuvo la persona que se esperaba.
Hay señas o huellas que son obvias, que se reconocen por el olor, el tamaño del pié o la huella de los zapatos o de la mano o alguno de sus dedos. El Estado lo sabe muy bien y es un requisito para algunas diligencias criminales o legales, estampar las huellas para que no haya dudas de tal persona fue la autora o, por lo menos, que estuvo en la escena o lugar donde aparece la huella en un documento de tal día y hora, de sus pasos o las manijas de una nevera o en la superficie de una cuchara.
La naturaleza fue muy sabia para cuando alguien hace presencia en la escena de este mundo de responsabilidades y obligaciones. De buenas y malas acciones, de buen y mal uso de artefactos u objetos necesarios para las necesidades humanas. Las huellas dejan la constancia escondida o a ojos vistas del autor que tocó o utilizó tal arma u objeto «en el lugar de los hechos». O, lo necesario: que fulano había estado ahí, como se había comprometido. Los hechos, las huellas delatan.
Es algo parecido a una constancia o un acta de una organización que certifique que fulano estuvo o trabajó en tal tiempo y lugar, como lo puede confirmar en una notaría o juzgado. Han pasado siglos y no se han repetido las huellas de una mano o un pie de un humanoide o de un pariente o de un santo o un delincuente para que alguien pudiera intentar probar que él estuvo ahí…y hoy está redivivo.
Las huellas nos delatan, como el vestido usado o la cara de cuando éramos niños. La naturaleza no engaña porque no cambia por conveniencia. Los hechos que hacemos podrán ser semejantes a los que hacen otros. Pero el estilo y cómo es lo usual es muy difícil que otro lo haga tan a la perfección.
Alguien lo dijo: el estilo es el hombre. En todo lo que hace y como lo hace está la huella del autor. Los jueces lo saben y sabrán discernir cuando los testigos afirmen o cuando el sindicado lo niegue. Las huellas hablan o niegan y no tienen boca ni religión o escuela.
26-09-19 – 10:55 a.m.
Para leer otras columnas del autor aquí



