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Jueves, 1 de octubre de 2026
martes 7 septiembre, 2010 a las 3:15 pm

HORACIO DORADO GÓMEZ

Joven, y abandonado murió Simón Bolívar
Sólo cuarenta y siete años tenía cuando murió el “Genio de la libertad”. ¡Qué tal que hubiese vivido más! Los dos últimos años de la vida de Bolívar están llenos de amargura y frustración. El más grande hombre de América murió prácticamente solo. Bolívar no tuvo a su lado nada más que un grupo de amigos, contados en los dedos de la mano. En medio de siete personas, después de haber dado libertad a miles y miles de suramericanos. Simón Bolívar fue abandonado a su suerte. Destituido de todos sus cargos por la oligarquía grancolombiana. Había logrado llegar a Cartagena a esperar el buque que lo alejaría de tanta ingratitud. “La ingratitud es hermana de la traición”. Puede decirse, si en vida Bolívar fue el hombre de las dificultades, en su muerte fue el hombre de la ingratitud, así lo presentía en sus escritos:
El 9 de enero de 1824 en carta que le dirigiera al Coronel Vicente Aguirre, escribió: “La ingratitud es el crimen más grande que pueden los hombres atreverse a cometer”. “La ingratitud me tiene aniquilado el espíritu habiendo privado de todos los resortes de acción. (Carta a José F. Madrid, 16 de agosto de 1829. Un desengaño vale más que mil ilusiones. (Carta al Dr. Estanislao Vergara, 25 de septiembre de 1830).
“Los asesinos, los ingratos, los maldicientes y los traidores, han rebosado la medida de mi sufrimiento. No hay día, no hay hora, en que estos abominables no me hagan beber la hez de la calumnia”. Simón Bolívar.
Para su mayor desgracia, recibió la noticia de que Sucre, el más capaz de sus generales y tal vez el único que podía sustituirlo, había sido asesinado en Berruecos, a los 35 años de edad. Algunos textos relatan sobre su noble amigo, el mariscal Sucre, que nunca se supo quién le preparó la emboscada de la muerte. Sin embargo, otros autores, describen que el asesinato de Sucre fue como una “Crónica de una muerte anunciada”, ya que el mismo fue planificado y ejecutado en las Montañas de Berruecos, cerca de Pasto el 4 de junio de 1830 con alevosía, ensañamiento, ventaja y premeditación, allí permaneció su cadáver por más de 24 horas hasta que los pobladores de las localidades cercanas le dieran cristiana sepultura. Si el mariscal se hubiese ido por Buenaventura, allí lo esperaba el general Pedro Murgueitio para darle muerte; si optaba por la vía de Panamá lo acechaba el general Tomás Herrera, y desde Neiva lo vigilaba el general José Hilario López. El Libertador, que rara vez se equivocaba en sus sentencias, exclamó: “…Yo pienso que la mira de este crimen ha sido privar a la patria de un sucesor mío…” Bolívar que estaba enfermo en la costa del Atlántico, al conocer el luctuoso suceso, exclamó: “¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel!… La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida”.
En las postrimerías de su muerte, se alojó en la Quinta de San Pedro Alejandrino, de propiedad del español Joaquín de Mier. Allí pronunció aquella invocación a la ironía: “Jesucristo, Don Quijote y yo hemos sido los más insignes majaderos de este mundo”.
Un recuento de su obra militar no encuentra parangón en la historia de América. Participó en 427 combates, entre grandes y pequeños; dirigió 37 campañas, donde obtuvo 27 victorias, 8 fracasos y un resultado incierto; recorrió a caballo, a mula o a pie cerca de 90 mil kilómetros, algo así como dos veces y media la vuelta al mundo por el Ecuador; escribió cerca de 10 mil cartas, según cálculo de su mejor estudioso, Vicente Lecuna; de ellas, se conocen 2939 publicadas en los 13 tomos de los Escritos del Libertador; su correspondencia está incluida en los 34 tomos de las Memorias del general Florencio O’Leary; escribió 189 proclamas, 21 mensajes, 14 manifiestos, 18 discursos y una breve biografía, la del general Sucre. Personalmente, o bajo su inspiración, se redactaron cuatro Constituciones, a saber: la Ley Fundamental del 17 de diciembre, creadora de Colombia (Angostura); la Constitución de Cúcuta (1821); el proyecto de Constitución para Bolivia (1825); y el decreto orgánico de la dictadura (1828). No tuvo tiempo para completar su obra magna: la unidad política de Latinoamérica, la liberación de Cuba y Puerto Rico, el apoyo a Argentina contra el imperio brasileño, la Confederación Andina (1825), la ayuda a la propia España para liberarse de los monarquistas (1826), en fin, el establecimiento de una sociedad utópica, donde se logre “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política” (1819). En 20 años de intensa vida política, 7538 días de actividad revolucionaria, a partir de su misión diplomática a Londres (1810) y hasta su deceso en Santa Marta, casi no hubo día en que no redactara una carta o emitiera un decreto, o que recorriera 13 kilómetros diarios en promedio.
Bolívar es, en punto a letras, lo más alto de su época en lengua de Castilla, por lo que debemos llamarlo también, Libertador en literatura.
Arturo Uslar Pietri, lo describe acertadamente, así: “Bolívar no fue nunca un escritor en el sentido ordinario de la palabra. Hombre entregado en la soledad al paciente y exaltado esfuerzo de poner en palabras sus pensamientos o sus sentimientos. Escribió, en discursos o cartas, sobre muy variados temas pero nunca como obra literaria, sino como parte inseparable de su acción y de su vasta empresa creadora. Era demasiado impaciente y temperamental para ponerse a la lenta y solitaria tarea de redondear frases sobre papel. Se expresaba normalmente con brío y espontaneidad y su expresión oral no debía ser diferente de lo que escribía o dictaba a los amanuenses… La mayor parte de su vida heroica la pasó en campañas largas, en campamentos o vivacs, de paso por ciudades, donde aprovechaba el escaso tiempo para dictar mensajes, proclamas o cartas. Acaso por esta misma causa, hay tan poca retórica y tono literario en sus escritos. Es su propia habla viviente, enérgica y precisa la que queda en esos escritos.
Esa expresión escrita, tan estrechamente ligada a la vida y a las circunstancias reales, es la que constituye su poderosa originalidad… No fue en un tiempo un escritor y un pensador y en otro distinto un hombre de acción. Pensamiento, acción y palabra están indisolublemente mezclados en él. Lo que expresa, forma parte intrínseca de lo que hace y se propone hacer. Tal vez por eso mismo su frase es tan vital y poderosa y logra tan sorprendente originalidad de expresión.
Su prosa está en abierto contraste con la literatura de su tiempo… (tiene un vigor, una flexibilidad, un ritmo vital, que no se encuentra en ningún prosista castellano de su tiempo). Ni en Feijoo, ni en Jovellanos hay nada parecido a la prosa de Bolívar. La inconfundible autenticidad de su expresión le viene de que su frase brota de una fuerte y motivada necesidad expresiva… su frase pertenece a otra especie excepcional. Faisán entre gallináceas, como ejemplo incomparable del don más alto de decir. Una expresión que nunca fue un ejercicio de literatura sino la traducción en palabras de un pensamiento original y de una acción vigorosa.
En las palabras que nos ha dejado escritas… está el Bolívar vivo que tenemos… Se exalta, se desespera, ordena, impetra, desnuda sus sentimientos, salta de las palabras el fondo incontenible de ira, de esperanza y de ternura. Todo él se nos devuelve del tiempo ido en esas palabras reveladoras. Su lengua fue uno de sus mayores dones y en ella nos sigue hablando de manera conmovedora y potente. Con una virtud de palabra que muy pocos hombres han poseído en la historia”.
Especial para Proclama del Norte
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lunes 12 julio, 2010 a las 12:32 pm

Horacio Dorado Gómez

¿El Coronel Chávez, bienvenido?
Siempre he tenido por norma en la vida, que uno invita a su casa a sus amigos. Por ello, creo que al Coronel Chávez que rige por mal camino los destinos de Venezuela, deberían dejarlo quieto. Como dirían los gringos en stand by.
Recordemos que llegó a ocupar la silla presidencial, por mandato popular, porque la gente estaba hastiada de la clase política venezolana, y les salió el tiro por la culata. Hoy los vecinos no saben cómo quitarse de encima al señor Chávez. ¿Será tan necesaria entonces, la presencia en nuestro país de este azaroso personaje? Dirán que Venezuela es el segundo socio comercial después de EEUU, y que por ello hay que recuperarlo. ¿Acaso no puede reemplazarse por otro país que supla a quien ha bloqueado las relaciones comerciales? Luego entonces, no es un mal necesario ¡Ese matrimonio no funciona!
El chuzo que ha recibido Colombia durante todos estos años con su fastidiosa locuacidad no admite la palabra: “bienvenido”, por lo menos de mis labios. Invitar a que nos visite el incierto gobernante que ha denigrado, difamado de nuestro país, es un contrasentido. Como colombiano me siento incómodo y ofendido con sus diatribas. Desde luego, perdonamos porque no sabe lo que hace, ni lo que dice. Perdonamos pero no olvidamos. ¿Es provechosa la visita del difícil vecino Chávez? ¿Es amigo quien da cobijo a nuestros enemigos?
El señor Chávez es un hombre enigmático. ¿Acaso al camorrista Chávez lo entienden en su país? Y en el extranjero, conserva relaciones con algunos gobiernos, merced al petróleo, sino sería un excéntrico más en el hemisferio.
Viene a mi memoria una anécdota de la escuela. Allí tenía un compañero de clase, grandote y jodón. No había día de Dios que no molestara a los demás. Coscorroneaba, rayaba los cuadernos, ponía apodos a los amigos. Hasta que dio conmigo. Desde luego, más pequeño, pero me quité la camisa y le dije: “A ver cuál es la joda, vamos a darnos en la jeta”. ¡Santo remedio! Eso tiene que pasarle algún día a este brabucón. Alguien tiene que pararle el macho.
Ahora, está invitado a Colombia a la posesión del próximo presidente de los colombianos. Si por casualidad se llegara a descachar con sus manidas verborreas: ¡Santos, remedios!
Especial para PROCLAMA DEL NORTE.
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miércoles 26 mayo, 2010 a las 6:32 pm

HORACIO DORADO GÓMEZ [email protected]

Respeto por lo público

Por estos días de campaña política escuchamos muchas frases para conquistar partidarios en sus candidaturas. Y uno de los temas favoritos es el respeto por lo público ¿Pero acaso sólo los dineros del erario público es lo único que debemos respetar?

Hace unos días en una discusión sobre tal o cual candidato, un amigo hablaba con gran desfachatez sobre “el respeto por lo público”, sin darse por aludido que su vehículo, todos los días de Dios lo encarama al andén interrumpiendo el paso de los peatones. Hablamos mucho y practicamos muy poco. Infortunadamente en materia de infracciones a las normas de tránsito las mismas autoridades son quienes más las infringen. No es sino observar los vehículos oficiales: el del Señor Alcalde o sus secretarios. En cualquier sitio estacionados. Hasta encima de las señales de prohibido parquear. Usted amigo lector, cuantas veces viola la ley, descaradamente afirmando: “las mujeres y las leyes son para violarlas”. ¡Vaya, vaya, que desvergüenza más grande!

¿Acaso no hemos contemplado con ira e intenso dolor a los mismos policías transportándose sin casco en sus bulliciosas motos? Y los aprendices de policías (bachilleres) dos en una bicicleta y en contravía como anticipo de un mal comienzo.

Las normas de convivencia no existen en las ciudades y el respeto por lo público se ha perdido. A todo nivel hay incivilidad. Estudiantes grafiteros que escriben en las paredes que son públicas. “Las paredes y murallas son el papel de los canallas”, reza una frase célebre, pero muerta.

Todos somos transgresores: peatones, conductores, motociclistas, ciclistas, agentes de tránsito, autoridades civiles y eclesiásticas. El peatón que utiliza la calle como si caminara por el patio de la casa; el motociclista que hace zigzag con su estruendoso aparato; el sacerdote que trepa el vehículo de la curia en el atrio de la iglesia; el pasajero que rompe el cojín o raya la buseta con vulgares escritos. Todos por igual, somos animales sin ley.

Desde luego, no tiene perdón de Dios, ni del pueblo, quien hace uso indebido de los recursos públicos que son de todos. Abusar de la confianza para apropiarse de los dineros es aumentar el bolsillo particular, pero a costillas de las necesidades de los pobres.

Este, sin embargo, es sólo el punto de partida, porque son muchos los aspectos de la vida cotidiana donde priman la indiferencia y la agresividad. Ejemplos cotidianos de esto son las malas conductas en el tránsito, la falta de cuidado en la higiene de los espacios públicos o la falta de respeto a la tranquilidad de los vecinos. Se trata de actitudes que afectan la calidad de vida de los demás y la propia, generando gastos públicos financiados con los impuestos que todos pagamos. Para solucionar este problema cultural hace falta detenerse a pensar en el sentido de las conductas antisociales que tenemos a diario, a veces sin tomar conciencia y otras por falta de preocupación por el cuidado de los bienes públicos.

Especial para PROCLAMA DEL NORTE.
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viernes 26 febrero, 2010 a las 1:03 am

HORACIO DORADO GÓMEZ

Miércoles 24 de febrero, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Horacio Dorado Gómez, escritor, columnista, ha presentado su nuevo libro «Popayán en columnas de papel». Katherine Castañeda Romero se refiere a este acontecimiento.
Cordialmente,
*******************************
Popayán se recuenta en blanco y negro
Escrito por Katherine Castañeda Romero
Miércoles, 24 de febrero de 2010
El Liberal
Horacio Dorado presenta en su libro ‘Popayán en columnas de papel’ episodios, personajes y sitios que han contribuido a la historia de la ciudad.
Hoy a las 5:00 p. m. en el Teatro Municipal ‘Guillermo Valencia’ se llevará a cabo el lanzamiento del libro ‘Popayán en columnas de papel’ de Horacio Dorado Gómez.
Mientras Horacio Dorado hacía el lanzamiento el año anterior de su libro ‘Cuentos parroquiales para todo el mundo’, el escritor ya tenía en mente su siguiente trabajo literario. El también columnista de esta Casa Editorial visualizó claramente a ‘Popayán en columnas de papel’, nombre de su tercer libro, con el que revive personajes, lugares y hechos históricos que han marcado a la ciudad.
“Es un libro escrito a través de la imaginación de mi niñez, infancia y adolescencia, hechos y formas en que viví y recorrí a Popayán, unas veces con un palo en la mano y otras, tocando las ventanas de las casas. Así, con todo esto en mi memoria me puse a reflexionar y empecé a plasmar la época pasada”, explica el autor.
Idea que tomó forma cuando a través de la tradición oral, que no es más que la comunicación de las personas coetáneas, de sus amigos de la infancia, de la escuela, de la muchachada y de la bancada del parque Caldas, obtuvo datos perdidos de su memoria para compartirlos en una atractiva publicación de lujo.
Se trata prácticamente de historias no contadas de ese viejo Popayán de la década del 50, de la gente de clase media. Dorado complementa sus textos con fotografías inéditas de José Vicente Erazo Domínguez, un médico ginecólogo que ama mucho Popayán y es apasionado de la fotografía, “se escogieron fotos que sorprenderán a la ciudad”.
‘Popayán en columnas de papel’ está inspirado en aquellas personas que sienten nostalgia y piensan en su ciudad, en su identidad y en el amor que le profesan a ésta. El libro que cuenta con una agradable diagramación en blanco y negro y un empaque protector de lujo es una excelente oportunidad para conocer un poco más el estilo del escritor payanés que siempre ha reivindicado el ayer y el hoy de la capital caucana.
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