HORACIO DORADO G [email protected]
Enaltecida la democracia
Orgullosos debemos sentirnos los colombianos de tener tan sólida democracia. Seis de los más opcionados candidatos disputaron la presidencia de la república. Dos más, ni sonaron ni tronaron. Aunque nadie desconoce el perfil del Dr. Jaime Araujo, sus votos a duras penas le alcanzaron para una silla en la cámara de representantes. Todos libremente expusieron sus programas. Hubo propaganda con color y sabor. Debates con altura y respeto por la diferencia.
Germán Vargas Lleras, que ha sido un buen político desde hace tres lustros, podría haber sido el más genuino heredero del presidente Uribe, pero se movió antes de la foto y cayó en el limbo político. Se consolidó en el parlamento con la imagen de senador trabajador, frentero, midiéndosele a las discusiones de los temas más álgidos del país. Ponente de leyes como la de extradición y la de extinción del derecho de dominio, justo cuando el Congreso estaba más tocado por las garras del narcotráfico.
Pero como a los colombianos nos gusta el deporte eleccionario, algunos ya están sugiriendo la nominación de Vargas Lleras por su excelente programa de gobierno, serio y duro como lo requiere Colombia. Seguramente si no vuelve a equivocarse, tendrá asegurada su candidatura con sus nada despreciables millón y medio de electores lo colocan en lugar privilegiado para el período 2014-2018. Otros más abusados, amantes de las sorpresas, rebuscadores de terremotos políticos proponen la renuncia del profesor Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas para que en su lugar sea Vargas Lleras quien acalore un verdadero mano a mano con el aventajado Dr. Juan Manuel Santos. ¿Es posible constitucionalmente esa eventualidad? Como decía mi abuelo: allí queda ese trompo en uña. Porque en tiempo, no hay tiempo, restan 12 días.
Como ejercicio de aritmética simple, tampoco podría entenderse que un candidato que arranca con un banderazo de tres millones doscientos mil votos, renuncie para dejar su espacio a otro con menos votos.
Pero la hipótesis hay que presentarla, aunque parezca traída de los cabellos, porque en política no hay lógica. Todo puede darse: los enemigos de ayer, pueden ser los aliados de hoy y viceversa. En esta oportunidad es improbable que suceda. Pero, en el caso de una ocurrencia ¿el Estado está preparado para ello? Todo por cuenta de la segunda vuelta establecida en la Constitución de Colombia. Entre otras, se avizora un acto legislativo, para eliminar la segunda vuelta cuando uno de los candidatos obtenga más del 40 % de la votación y supere al segundo con más del 10%. Plausible reforma que economizaría cien mil millones de pesos que cuesta, con lo que podrían construirse por lo menos 20 mega colegios, según decir del filósofo: Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas, próximo Ministro de Educación.
No hay duda, poniendo los pies sobre la tierra, la ola verde fue tan fuerte que hizo la “U” a Juan Manuel Santos para un gobierno de Unidad Nacional. Cayó la ola y se enalteció la democracia. Colombia no quiere gobierno alternativo. Sus problemas no se arreglan con repetición de principios o consignas. La ola terrorista bordea las fronteras de la patria y el palo no está para hacer cucharas. Es hora de perfilar un gobierno de concertación nacional, donde quepamos todos y para que Colombia siga siendo ejemplo de democracia en el Cono Sur de América.
ESPECIAL PARA PROCLAMA DEL NORTE
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