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HOMBRE CANSADO Y SU PERRO

Hombre cansado

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Hombre cansado
http://www.taringa.net/posts/imagenes/3545088/El-Vagabundo-Y-Su-Perro.html

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Escenas de la vida que nos toca en suerte presenciar… No solo los placeres diarios de observar las aves, los reptiles inocentes, los peces juguetones, las arboledas verdeantes en los recodos del camino y hasta las piedras como testigos mudos del paso de los siglos. También el bulevar de los días en su lento girar nos permite asistir a espectáculos humanos de singular ternura.

Quién esperaría toparse a la vuelta de la rotonda que conduce a la vía del mar Pacífico a un hombre no tan cargado de años y de fatigas, sentado en frente de un restaurante con su perro fiel acurrucado junto a él. Si lo hubieran visto Van Gogh o Degas lo habrían recogido en uno de sus lienzos con la luz que iluminaba sus rostros sin brillo ni ilusiones en sus ojos.

El hombre, de unos 50 años apenas, estaba desgonzado como su energía interior y su barba escasa. Su mirada no cubría sino su escaso alrededor. Su espalda estaba echada hacia atrás y su boca permanecía entreabierta. Ni siquiera tenía alientos para bostezar. Parecía aspirar el olor al pan fresco que salía de La Sebastiana.

Lo miré pero no logré que su mirada me alcanzara. No aparecía el fulgor de la esperanza ni los párpados se atrevían a levantarse de su sopor. El cansancio lo invadía. Todo sucedió en un instante mientras mis pasos avanzaban al fragor del tráfico en la glorieta.

Eché un vistazo de reojo sobre la escena y vi al perro que se lamía una parte de su cola. No se separó del alcance de su amo. Estaba echado a la sombra de su desamparo. ¿Quién estaría más cansado? ¿El perro o su dueño?

El hombre parecía resignado a su destino. Recostado sobre una banca tal vez era consciente que el perro le sostenía su horizonte visual y que sería testigo en sus desvaríos y sinsabores. Entré por segundos en la suerte de ambos y sin poder cambiar la escena sentí el mismo cansancio de un ser humano sudoroso y sin fuerzas y un perro obediente que hace lo que su amo aparenta: descansar.

¿Descansar de qué? De la pensadera, del hambre, de la desesperación, de la indolencia de una sociedad de consumo, de la edad que no perdona, de lo largo del camino que le espera. Ni se molesta en secarse el sudor que tiene acumulado sobre las arrugas. Ni roza con su mano el lomo de su perro para darse un alivio y mostrarle a él también su compasión.

Ah, vida cruel. Ah, escena cruel para quien la vive y la observa sin poder intervenir en el destino. ¿Por qué el destino de ese hombre se cruzó en un instante en mi camino? ¿Para que lo viera, lo comentara y otros lo supieran y lo lloraran? Tal vez, y por eso lo hago.

22-09-15                                       11:37 a.m.

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