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Viernes, 2 de octubre de 2026

¿Has leído a Marx?

GUIDO-GERMAN-HURTADO-OPINIÓN

Por: Guido Germán Hurtado Vera.
Historiador y politólogo.

Hace algunos días, en un supermercado, escuché a una persona decirle a otra: “Usted lo que es, es un terrorista, guerrillero, marxista y comunista”. El episodio puede parecer anecdótico, pero resume un problema actual del debate público en Colombia: la sustitución del argumento por el insulto y el uso de nombres propios como categorías de descalificación.

En el país se ha generalizado la asociación entre la figura de Karl Marx y la violencia armada. Dicha asociación carece de fundamento histórico. Marx fue un economista y filósofo del siglo XIX. No comandó ejércitos ni fundó Estados. Su libro, El capital, publicado en 1867, no es un manifiesto político. Es un tratado de economía política en el que Marx se propuso comprender las leyes internas del modo de producción capitalista a partir del análisis de las fábricas inglesas de su época.

El núcleo de su argumento es relativamente sencillo. Marx se preguntó por qué, si en unas pocas horas de trabajo un obrero produce el equivalente a su salario, la jornada laboral se extiende considerablemente. A ese tiempo de trabajo no remunerado lo denominó plusvalía. No se trata de una noción abstracta, sino de una categoría existente. Si una camisa tiene un valor de $40.000 porque incorpora dos horas de trabajo, y a un trabajador se le remuneran $10.000 por ocho horas, en las primeras dos horas reproduce el valor de su salario. Las seis horas restantes generan valor que es apropiado por el capitalista. El capital no remite a la violencia. Remite a la contabilidad. Describe un mecanismo de acumulación, no es una receta de acción política.

Es igualmente necesario hacer una precisión de orden histórico. Marx falleció en 1883. Las experiencias políticas del siglo XX que se reclamaron herederas de su pensamiento, como la Revolución Rusa de 1917 o la Revolución China de 1949, fueron procesos posteriores, mediados por otros actores y por condiciones históricas distintas. Atribuirle a Marx la responsabilidad directa de esos procesos constituye una equivocación. Resulta comparable a responsabilizar a Isaac Newton por los accidentes de tránsito. Newton formuló la ley de la gravedad; no condujo automóviles. De la misma manera, Marx describió el funcionamiento del capitalismo; no ejerció el poder político.

En Colombia, el término “marxista” ha terminado por funcionar como una palabra vacía. Su sola enunciación basta para terminar una discusión. Esta acción cumple una doble función: evita el esfuerzo del pensamiento y permite la reunión de adhesiones políticas sin conciliación racional. Quien difunde el temor obtiene ganancias electorales. Quien lo repite sin haber leído, renuncia a su capacidad de juicio.

La lectura de El capital no convierte a nadie en militante armado. Lo que hace es proveer al lector de herramientas conceptuales para distinguir entre salario y ganancia, entre trabajo necesario y trabajo excedente. Un ciudadano que comprende esa distinción se constituye en un interlocutor complejo para las lógicas del clientelismo y de la manipulación electoral.

Propongo, entonces, un ejercicio mínimo de honestidad intelectual: la lectura de las primeras veinte páginas de El capital, correspondientes al capítulo inicial. Quien, después de realizarla, mantenga su crítica, podrá sustentarlo desde el argumento. Quien opte por no leer y continúe repitiendo, lo hará desde el rumor.

Y concluyo con las propias palabras de Marx: “El capital es trabajo muerto que, como un vampiro, solo vive chupando trabajo vivo”. Esa afirmación incomoda porque pone en evidencia el mecanismo de la plusvalía.

El problema en Colombia no es Marx. Es la preferencia por el grito en lugar de la lectura. Mientras se continúe empleando “marxista” como insulto y no como categoría de análisis, el debate seguirá anclado en la ignorancia.

¿Has leído a Marx? Si no lo has hecho, evita usar su nombre como insulto. No grites, no ofendas, lee.

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