HACIA LA UNIDAD NACIONAL
JOSE LOPEZ HURTADO*
Es conocida nuestra posición de repudio a muchas actitudes del gobierno del Presidente Uribe, la que hemos ventilado públicamente en esta tribuna y en medios extranjeros que de manera generosa, nos han abierto sus puertas desde hace algún tiempo. Este gobierno termina con un registro favorable en lo que atañe a la lucha contra la subversión, aunque de lejos se nota que todavía el certificado de defunción de los grupos terroristas, no pudo expedirse, a pesar de la promesa oficial de hace ocho años. Y ni qué hablar de la inversión social, para los sectores más deprimidos de la población, que se ahogan en su pobreza y miseria. Y de la graves falencias en otros frentes de gran sensibilidad: la corrupción generalizada en encumbradas instancias oficiales, el asalto criminal a la intimidad de periodistas, a la de los magistrados de las altas cortes y de dirigentes políticos, a manera de Watergate a la colombiana, episodios vergonzosos que no tienen ninguna presentación. Como tampoco la tienen los recurrentes ataques a las decisiones judiciales, en abiertas posiciones de desafíos insultantes, que rompen en mil pedazos la independencia de los poderes establecidos, soporte de un Estado de Derecho. Y qué decir de los mal llamados “falsos positivos”, y de la nefasta política internacional, que sólo nos ganó malquerientes y larvados enemigos .Y de la Yidispolítica… y de…
Sin embargo, no faltarán las voces que nos tildarán de incoherentes e insensatos, creemos que el futuro gobierno de Santos, será el de los mea-culpa y de las severas rectificaciones, en un punto de quiebre histórico que no sólo a él, sino a Colombia misma -para el inmediato futuro de sus gentes- corresponde enderezar, o reversar, si se prefiere. Santos tiene el talante requerido, pero además la capacidad de decisión para afrontar difíciles coyunturas, como lo ha demostrado con creces. Su gran desafío consistirá en discernir qué puede asimilar de la actual administración y qué debe desechar de plano, pero también en encarnar la vocación irrenunciable de proyectarse con su gobierno, más allá de las magras ejecutorias de su antecesor. Su llamamiento a una gran cruzada de Unidad Nacional tendrá que ver inequívocamente con la ruptura de la polarización que hace tiempo sentó sus reales en Colombia, en procura de ambientar opciones intermedias que tributen al futuro del país, pero también con asumir el compromiso para diseñar un Estado moderno, acorde con las exigencias económicas y sociales del presente y del inmediato futuro. Pero sin duda, su gran reto consistirá en remontar del plano de la retórica, al de las felices realizaciones, sus propuestas de impulsar los sectores de infraestructura, de vivienda, de agro, de creación de fuentes de trabajo formal etc., para convertir al país en un Estado moderno y progresista.
El departamento del Cauca -ancestralmente olvidado- debe ocupar en la agenda del futuro Presidente un sitio de forzosa prioridad, que haga honor a su pasado y sobre todo, a la dignidad de sus gentes, mancillada por la indiferencia de los gobiernos.
*Analista Internacional.
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