Hace doscientos cinco años ya se hablaba de igualdad

Hace doscientos cinco años ya se hablaba de igualdad

Por: Jesús Alberto Aguilar Guerrero
Todos enfrentamos momentos en que la vida parece derrumbarse: perdidas irreparables, corazones tristes, batallas internas…y sin embargo en medio de esas tormentas, podemos tener la actitud positiva y la perseverancia acompañada de la convicción para seguir adelante, en medio de la adversidad que no es más que un sentimiento pasajero o una decisión consciente que transforma nuestro dolor en propósito, encontrando la esperanza, inspiración y herramientas prácticas para que con la ayuda de Dios salir adelante, aun cuando se siente un mundo al revés; en esta oportunidad revivimos nuestra historia porque como consecuencia de la crisis de la monarquía española en 1808, en el virreinato de la Nueva Granada, del cual formaba parte Colombia, se adelantaron profundas reformas que se tornaron en escenarios de una importante experimentación política, imponiéndose un nuevo lenguaje, y palabras antiguas -como ciudadano, representación e igualdad-; tomando nuevos sentidos que se volvieron inevitables, fundamentando al ciudadano que se instauro hace 205 años, aboliendo radicalmente los estatutos socio raciales que organizaban la población de manera jerárquica y nos puso a la gran mayoría de colombianos en principio en una relación de igualdad ante la Ley.
Espulgando hechos de trascendental importancia, se registra acontecimientos acaecidos a finales del siglo XVIII la interlocución “ciudadano”, había ganado prestigio y empezó a desplazar a otros vocablos entre los jóvenes ilustrados, fue entonces cuando Francisco Antonio Zea, plasmo en el Papel Periódico de Santafé, una columna en el que sacrificaba su “reputación de literato” por el título de ciudadano, mencionando con este término a quien se comprometía a procurar el bien del reino abonando siempre terreno en la parte administrativa a sabiendas que produciría un bien común, compartiendo el mismo espacio entre los que habitaban en esa época nuestra hoy llamada capital del pais. La historia narra que las palabras más comunes refiriéndose a los habitantes del virreinato eran vecino y vasallo, refiriéndose a los que habitaban en pueblos y ciudades, en particular a aquellos con solar, que residían allí y tenían representación en el Cabildo. A pesar que en el siglo XVI el termino distingue a lo más granado del reino, para la segunda mitad del siglo XVIIII se generalizo dentro de los sectores populares, en participar en lugares donde el mestizaje tuvo un impacto importante; cuando en la actualidad se llama “vecino” al dueño de la tienda del barrio, refiriéndonos a la extensa historia de arraigo donde vivimos; en cambio la palabra “vasallo” que refería a los súbditos de un soberano al que se le rendia obediencia, en síntesis estos dos términos se referían a una sociedad jerárquica que se sustentaba sobre las virtudes idealizadas de los hombres, los nobles y los más blancos, por tal razón opinamos que en esa época el que mandaba en el hogar protegía a las mujeres, los niños, los sirvientes y esclavos que hacían parte de su casa de habitación.
Tomando en cuenta lo anterior podemos decir que durante la crisis política de 1808 la voz “ciudadano” recogió buena parte de la energía transformadora del periodo en el que hacían parte Antonio Nariño y Juan del Corral la cual fue impuesta en sus administraciones a sabiendas de que a Simón Bolívar, prefería expresarse “el sublime título de buen ciudadano”, como también algunos miembros de la iglesia hicieron ensayos frente a los feligreses, así como también en los regimientos militares donde la palabra de ciudadano, surtió algún efecto, extendiéndose el termino a las femeninas colombianas, reconocidas patriotas. Aunque se impuso inicial la ciudadanía, hubo que sortear reclamos por la igualdad entre los pueblos de un gran conglomerado donde había españoles, y se desemboco en la construcción paulatina de la igualdad, acabando poco a poco con los privilegios y distinciones. En esta época surgió un pronunciamiento de Francisco José de Caldas, que señalo que en este territorio no debía haber ninguna distinción que hiciera que una persona se sintiera superior a otro, por el contrario, allí todo debía ser “igualdad y fraternidad”. Aquí termino este aporte para enriquecer el conocimiento, en especial ahora que en nuestro pais se está extendiendo la “discriminación” y solo se utiliza a las personas cuando se conviene y se promulgo que este gobierno seria el de la igualdad.



