GUERRAS SILENCIOSAS
Reinel Gutiérrez
Colombia vive un conflicto político-militar desde hace muchos años, el cual ha sido difícil de terminar debido a las grandes diferencias sociales, y al egoísmo (pecado capital), que no debieran cometer sus habitantes porque religiosamente, y dándose golpes de pecho, lo consagraron al Sagrado Corazón.
Paz en un país donde los ricos son cada día más ricos, y los pobres más pobres, no puede haber. Además la guerra es un gran negocio, mientras que la convivencia y la pacificación no dan dividendos.
Al interior de todo esto hay otras guerras calladas, como cuando una persona deja de hablarle a otra porque un día le hizo «mala cara», o porque se graduó en algo, compró casa o finca, o le hicieron nombramiento para un cargo.
También está la pelea cotidiana de marido y mujer, con sablazos verbales, y a veces con lanzamiento de platos y ceniceros.
El famoso «matoneo», que está de moda cuando a un joven o a una alumna la toman en pandilla para agredirlos.
Hay conflictos por envidia, rencor, humillación, y hasta por credo, porque las «ovejas» de una secta dicen que tienen la verdad, y que las otras van por el camino equivocado.
Existe el caos en colegios y universidades, donde hay rivalidad entre estudiantes, y prepotencia de profesores.
En los conflictos no hay diálogo, y si de pronto hay palabras, son de grueso calibre, ofensivas, hirientes, y las dice el sargento en el campo de combate, o el guerrillero, como también el esposo reclamando a su esposa por su infidelidad. Seguramente para terminar con el combate central, habrá que empezar por eliminar la franca lid que protagonizan los colombianos en su vida particular.
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