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Jueves, 15 de octubre de 2026

Griserio Perdomo Vélez y la bioquímica del poder en el conflicto colombiano

Griserio Perdomo Vélez y la bioquímica del poder en el conflicto colombiano

 

Por Alfonso Luna Geller / En el corazón de Bogotá, lejos del calor del Valle del Cauca donde nació y de la hidalguía de Popayán donde fue concejal, Griserio Perdomo Vélez integra las facultades de politólogo y el periodismo de profundidad, con el rigor analítico de un químico, para observar y describir el comportamiento de la materia humana bajo la presión de la guerra y la ambición del poder.

Por eso, nos presentó su obra reciente, Paz y Poder: un equilibrio frágil en Colombia, que constituye un tratado de anatomía política donde expone la paz con la crudeza del cartógrafo que identifica las fronteras como el punto ciego del Estado colombiano.

Concretamente, Griserio identifica un vacío crítico en la concepción del Estado. Mientras la Cancillería históricamente limitó su visión a las fronteras terrestres, los grupos armados comprendieron que el Océano Pacífico y el Océano Atlántico operan como las verdaderas fronteras vivas del país. En este escenario, el conflicto evolucionó hacia un «activismo armado» que controla economías ilegales, narcotráfico y minería en zonas donde la institucionalidad es una ausencia fáctica.

El autor sostiene que la debilidad estatal en los litorales permitió el surgimiento de un control territorial y poblacional ajeno al orden legal. El libro analiza la transformación de las guerrillas ideológicas en estructuras criminales fragmentadas que hoy dominan los corredores estratégicos del Pacífico. Esta visión global, adquirida en foros internacionales sobre el Producto Interno Bruto (PIB) y la resolución de disputas mundiales, le permite afirmar que la paz en Colombia requiere una ocupación soberana y técnica de sus costas.

La bioquímica como metáfora del orden social

La formación académica de Griserio como químico de la Universidad del Valle le otorga una perspectiva única sobre el poder. Él analiza la política colombiana como una reacción inestable de componentes sociales y económicos. Esta capacidad analítica se extiende a sus investigaciones sobre la bioquímica del cannabis y a su vasta experiencia periodística. A través de su programa Pido la Palabra, Griserio registró más de mil entrevistas con los protagonistas de la historia contemporánea, incluyendo diálogos fundamentales con el actual presidente Gustavo Petro sobre el cambio climático.

Su pluma ha recorrido el mundo en diarios virtuales de España y Canadá, además de conferencias en la Universidad Tecnológica de Berlín sobre desarrollo económico local. Esta polifonía de conocimientos le permite dialogar con la misma propiedad sobre la historia de Antonio Navarro Wolff y el linaje alemán de su familia, que sobre la biografía de generales destacados de la Guerra de los Mil Días. Griserio es un puente entre la memoria histórica y la prospectiva científica del país.

El imperativo de la paz como sanación

Para este funcionario de la Procuraduría General de la Nación, la paz es una tregua activa y un pacto consciente de civilidad. Griserio advierte que, en el siglo XXI, la guerra ha perdido su propósito de victoria para convertirse en una herramienta de aniquilación mutua. En el contexto colombiano, el escalamiento del activismo armado ilegal representa una amenaza moral y social que pone en jaque al Estado Social de Derecho. La sociedad civil, agotada por décadas de desplazamiento y violencia, demanda una solución que trascienda la firma de documentos.

La definición de su labor en la Procuraduría se resume en el verbo procurar: tratar de curar y buscar la salud de la armonía institucional. Esta visión humanista se complementa con el prólogo de su libro, escrito por Jorge Valencia Jaramillo, creador de la Feria del Libro, quien avala la profundidad de un texto que obliga al lector a una reflexión permanente.

Griserio Perdomo Vélez camina hoy por Bogotá con la certeza de que el verdadero campo de batalla reside en la educación y la empatía.

Su mensaje es excluyente: la paz es el único camino posible para asegurar la existencia de las próximas generaciones de colombianos.

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