Gracias Mr. Trump



Gracias Mr. Trump por haber desnudado la verdadera esencia del imperio norteamericano.
Cuando “extrajo” a Maduro del racimo, lo primero que nombró, además de a la vicepresidenta amaestrada Delcy y al resto de la cúpula chavista, fue el petróleo.
Este oro negro, los diamantes, “ tierras raras”, el oro como el color de su pelo, y demás metales del arco del Orinoco, que desvelaba a sus patrocinadores (mineros, banqueros de Wall Street, fabricantes de armas y maquinaria, dueños de tecnológicas del internet), les interesaba más que la devaluada palabra “democracia”, que durante décadas, después que superada la Segunda Guerra Mundial quedaron de codueños (con la URSS) del planeta; como máscara para esconder sus verdaderas intenciones, la anteponían como principal preocupación en los cinco continentes, cuando se abrogaban el derecho a invadir países, supuestamente para “defender o restablecer la democracia”.
Gracias Mr. Trump, por ser vulgarmente frentero, por la sinceridad de sus declaraciones ante el New York Times, asegurando que los únicos límites para sus decisiones y ambiciones son los de su voluntad y “moralidad”, sin respetar a la ONU y demás acuerdos internaciones firmados por los expresidentes de los Estados Unidos.
Con su franqueza desnudó la esencia del poder, que con usted regresó a la época del salvaje oeste, cuando pistoleros jefes de cuadrillas, mejor armados y con más puntería eran la ley, dueños del oro, tierras, de las tiendas, bares, cantinas y “hoteles”, como el de su bisabuelo, que hizo fortuna ofreciendo prostitutas a buscadores de oro en Alaska.
Gracias Mr. Trump por creer que con Putin y Xi pueden repartirse el planeta para que cada cual explote sus áreas de influencia, hasta que los egos y la paranoia los lleve a seguir el ejemplo de Hitler cuando traicionó a Stalin y armen el Apocalipsis.
Ya su asesor de origen bielorruso, Stephen Miller, había advertido que regresamos a épocas en que los países mejor armados y poderosos económicamente imponen sus condiciones a los demás y tienen derecho a apoderarse de territorios como Canadá, Panamá, Venezuela y Groenlandia, para explotar sus recursos naturales y asegurar el espacio, que Hitler llamaba “vital”, para su defensa y reproducción de los puros “blancos arios”, pues “razas inferiores” deben ser expulsadas de USA como a plomo lo hace la ICE (Gestapo gringa) y si es posible aniquilarlas en sus territorios, como paradójicamente lo hicieron los judíos extremistas -ahora sus socios y otrora discriminados y perseguidos- con los gazatíes, a quienes fumigaron despiadadamente para que usted, su familia y socios de la inmobiliaria internacional que acaba de fundar, se enriquezcan sin escrúpulos construyendo sobre sangre y huesos un balneario lujoso con canchas de golf para competir con la Costa Azul francesa y para solaz de multimillonarios agradecidos por generosas rebajas de impuestos que les ha concedido mientras aprieta a los más pobres y les quita servicios médicos y otras ayudas para que sobrevivan en barriadas pobres o en las calles.
Gracias Mr. Trump, por habernos enseñado que los Tratados de Libre Comercio, TLC, y otros acuerdos impuestos a los vecinos de su “patio trasero”, antes de ayudarnos a “desarrollarnos o industrializarnos” lo que hicieron fue llenarnos de los excedentes de trigo, maíz, cebada, papa, lácteos que dejaron de cultivarse y producirse en Nariño, Boyacá y otros departamentos del país; mientras nos obligaban a comprarles sus productos y cuando presionaban a los gobiernos a combatir con todas las armas al narcotráfico, su verdadero interés no era acabarlo, sino vendernos helicópteros, armas, millones de toneladas de glifosato, contratar sus avionetas y pilotos, para que la plata que nos habían “prestado”, retornara a sus bolsillos a través de proveedores y contratistas; pues muy bien sabían, desde los tiempos de Alcapone -cuando la ley seca fomentó el contrabando de alcohol y las mafias- que, mientras las drogas fueran prohibidas los atractivos precios atraían por igual a traficantes comunes, guerrilleros, paramilitares y sus miles de millones de dólares sirven para corromper, políticos, funcionarios del gobierno, militares, empresarios del campo, la industria y los bancos que les lavan los dineros que en últimas van a parar a los bolsillos de los Ricos Mac Patos, como usted.
Gracias Mr. Trump por desenmascarar al imperio.
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