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lunes 4 julio, 2011 a las 3:50 pm

Gobernar no es fácil

Por: Luís Barrera
El oficio de gobernante no es fácil. La realidad es que las democracias regionales se enfrentan con bastante frecuencia a ese problema. El Cauca es una de ellas. La creación de una casta gobernante no se improvisa y en nuestro departamento, simplemente ni existe.
Lo mismo sucede en las democracias locales, los políticos que llegan al poder, ni se han preparado para gobernar, ni conocen el oficio, simplemente se preparan para ganar las elecciones. Eso lo estamos pagando muy caro.
Tan caro, que no es admisible que con el sol en las espaldas muchos alcaldes se presenten a hacer unos balances que los rajan ante la opinión pública, pasaron desapercibido sin ton ni son.
Si uno asume su torpeza, sus errores no se puede seguir engañando a sus conciudadanos, diciendo ingenuidades que, para colmo de males no se las traga ya, ni el que mas despistado de los electores.
Evidentemente, necesitamos que pasen generaciones para que algún día tengamos políticos que no mientan, que no piensen en sus intereses y que gobiernen pensando en el bien común de todas sus comunidades.
Humberto Peláez Gutiérrez, exgobernador del Cauca y exsenador de la República, máximo jefe del Liberalismo por muchos años en el Norte del Cauca, decía que “con dinero cualquiera podía gobernar”, que el reto era precisamente enfrentar las necesidades de la gente dando respuestas contundentes con los recursos que se tuvieran a la mano; que esa es la esencia de la política. Sin embargo, esas preclaras enseñanzas hoy día las siguen muy pocos.
Si gobernar, además de mandar con autoridad, es dirigir y administrar correctamente, sobre todo si se trata de bienes y servicios públicos, muchas de las últimas actuaciones municipales que recoge la prensa, parece que poco tienen que ver con el concepto de buen gobierno. Hoy existen gobernantes que tienen en sus arcas recursos suficientes pero que los utilizan con otros fines que no son precisamente los originalmente destinados para ellos.
Un gobernante de verdad, a diferencia de un simple político o gobernante en turno, es aquel que tiene el suficiente poder creativo para proponer iniciativas que no sólo resuelvan o mejoren temporalmente una situación problemática, sino que también sirve y es aceptada con beneplácito por sus conciudadanos aún en los años posteriores a su gestión, es decir, que convierte sus ideas y acciones en políticas de Gobierno.
Por eso el papel de Guillermo Alberto González Mosquera ha logrado trascender hasta convertirse hoy por hoy en uno de los mejores gobernadores del Cauca con base en sus resultados, no se ha metido a promover a ningún aspirante de frente, por el contrario congruente con el papel de gobernador se mantiene imparcial, no escucha el canto de las sirenas, está dejando huella pese al escándalo del caso Probolsa y marcando precedentes muy importantes al final de su ejercicio frente a los destinos del Cauca que por años ha padecido la falta de compromisos de sus autoridades.
Los grandes liderazgos morales no se construyen en el vacío. Se construyen en ese tiempo sin tiempo en el que conviven la desolación y la esperanza. Por supuesto, se construyen también en ese espacio de ejemplaridades conceptuales en el que es posible garantizar plenamente la libertad y la dignidad de los ciudadanos sin dejar de satisfacer las exigencias de un equilibrio histórico cada vez más desarrollado y de un ejercicio sereno y realista de las responsabilidades que impone el poder.
Cuando uno descubre que se encuentra en el fondo de un hoyo, lo primero que tiene que hacer es dejar de cavar. Se podría decir, con terminología más académica, que rectificar es de sabios. La sabiduría práctica es la prudencia, virtud propia de una razón que se corrige continuamente a sí misma. Quien desconoce esto, ignora casi todo del arte de gobernar. Y este es, lamentablemente, el caso de muchos mandatarios locales. No es que no quiera o no pueda: es que no sabe.
A la hora de hacer balances pocos gobernantes locales se salvan de los reflectores inquisidores de la opinión pública, en la próxima edición comentaré el caso de Santander de Quilichao en donde algo raro pasa, pese al buen gobierno de Juan José Fernández y la continuidad en las políticas de ciudad.
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