Generosidad y dignidad en la victoria

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Los colombianos con valor y decisión acudieron a las urnas y por mayoría, como sucede en las democracias, eligieron con 13 millones de votos al nuevo presidente de la República, Abelardo de la Espriella, nuestro candidato, a quien felicitamos. Los cientos de observadores internacionales y distintos mandatarios del mundo se están pronunciando para confirmar los resultados, felicitando y apoyando al presidente electo. Los escrutinios confirmarán su triunfo y nadie podrá desconocerlo. Se logró, a pesar de la indebida participación del presidente Petro en la campaña electoral, por ello fue sancionado por los ciudadanos con el voto castigo. Ojalá nunca un presidente vuelva a abusar del poder en la forma abierta y desafiante en que lo hizo el presidente. Ha sido un mal ejemplo y un mal precedente. Además, se utilizó la intimidación armada por grupos criminales con alta presencia en zonas regionales. También desde las cárceles, los condenados enviaban mensajes a familiares y amigos de afuera, para votar contra Abelardo. Los ministros, gerentes y funcionarios se desplazaban por toda Colombia en una feria de favores, contratos, obsequios, promesas y presiones para que votaran por el candidato del gobierno. El presidente como jefe de debate del heredero recorría el País simulando despedidas que se convertían en jornadas electorales hasta el último día de campaña. La propaganda del gobierno no cesaba en los medios de comunicación. Artículos de opinión sectarios competían con calumnias y mentiras contra el candidato triunfador de la primera vuelta. Hubo también derroches de dinero y presuntas compras de votos en algunas regiones del País y sin embargo perdieron. Nunca se había visto una tan descarada y abierta utilización del poder para tratar de imponer una candidatura.
A pesar de todo, desde el lado triunfante expresamos que atrás deben quedar los odios y resentimientos y que debe primar ahora la sensatez, la armonía y la convivencia, reconociendo el resultado electoral fruto de la voluntad soberana de las mayorías. Hay que empezar a reconstruir la unidad de los colombianos. La tarea que se avecina es muy grande, es prácticamente reparar la Patria del mucho daño que se le ha hecho y tenemos que hacerlo de la mano de todos los que quieran contribuir en este proceso de salvación. Hacemos un llamado cordial y sincero a todos los que votaron por la otra opción, los necesitamos, les tendemos la mano, la tarea es grande, la reparación es profunda en temas esenciales como la seguridad, la salud, la economía, la paz, las relaciones internacionales, la corrupción y otros que deben ser atendidos con urgencia. Afortunadamente Abelardo de la Espriella no ha hecho pactos con nadie, ni ofrecido prebendas, contratos o favores por debajo de la mesa y tiene absoluta libertad para escoger sus colaboradores entre los mejores, con capacidad técnica, buenas relaciones humanas e integridad a toda prueba. Será un gabinete de lujo que dará confianza a los colombianos desde el primer día.
Los Países pasan por graves dificultades en su devenir histórico, algunos con guerras internas o externas, otras veces hambrunas, destrucciones y padecimientos, pero la fortaleza de sus pueblos y la sabiduría de sus dirigentes los sacan adelante y luego tienen épocas de prosperidad y crecimiento. Colombia tiene un recurso humano inteligente y luchador, líderes con la capacidad suficiente para dirigir con visión, carácter y honestidad a la Nación. Creo que debemos iniciar una nueva etapa política, donde primen otros valores y conductas y todo debe estar guiado hacia el beneficio del País y de sus habitantes sin distinción ni discriminación alguna. Es la hora de la reconciliación patriótica ante el inmenso desafío que tenemos por delante. No es hora de revanchismos, ni venganzas, ni violencia.
La justicia social, la igualdad de oportunidades, la equidad, deben ser las banderas de la transformación que se inicia.
Estoy muy emocionado por la cantidad de mensajes que he recibido por mis aportes a la campaña triunfadora con mis escritos, mis diálogos, mis intervenciones y mis argumentos, creo que lo hice solo pensando en el bien de Colombia y de sus habitantes, por eso agradezco esas generosas manifestaciones que me hacen sentir feliz en mi corazón y mi conciencia.
Seguiremos desde esta tribuna vigilando, controlando y diciendo con claridad las cosas buenas que vamos encontrando del gobierno y también denunciando las malas, con los consejos que creamos puedan servir para corregirlas.
Colombianos, felicitaciones y mucha fortaleza en este nuevo camino, donde nos esperan grandes retos y dificultades, lo importante es que tendremos un destino común en esta apasionante ruta de la “Patria Milagro” con la decisión de ser sus leales defensores.
Que Dios nos ilumine y ampare, proteja a todas nuestras familias y guíe a nuestros gobernantes en esta nueva etapa histórica que acabamos de empezar para salvar a Colombia.
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