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miércoles 18 octubre, 2017 a las 6:50 pm

GACELAS PARA NOCHES Y CINTURAS

Granada.Arco_de_Elvira
Bulevar de los Días
GACELAS PARA NOCHES Y CINTURAS / Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Granada.Arco de Elvira.jpg
Arco de Elvira guarda la entrada de Granada. Wikipedia / De Macucal – Trabajo propio, CC BY 3.0, Enlace

Por el arco de Elvira
voy a verte pasar,
para beber tus ojos
y ponerme a llorar.
…

García Lorca en: Gacela del Mercado Matutino.

Federico García Lorca, gitano por vocación y oficio, era Nacido en España pero su mente estaba en regiones de alas. Por su sangre parecía que corriera un río con aguas arábigo-andaluzas. Su imaginación volaba hacia el Oriente, hacia Persia y el gran huerto árabe.

Le hizo homenaje en su libro El Diván de Tamarit al variapinto Góngora que había creado el reino de la metáfora y quiso olvidarse de hablar en prosa.

Con este Libro Federico quiso cabalgar no sobre unas jacas. Escogió 12 gacelas y se adentró en un huerto para convertirlo en su jardín. Allí jugó a encontrar en el recodo, detrás del árbol, entre hojitas y flores de un centímetro, al amor recién nacido de unos muslos. Las gacelas del desierto, con su cabecita de seda y su nuca de niña de 12 abriles corrían por la campiña y daban vuelta en la calesa de verde malvavisco.

Ese era el territorio que Federico buscaba. Sobre ese Diván escribió su otro Tamarit y anduvo hasta ver el horizonte árabe. Allí dormían caballitos persas y corrían los colibríes por entre sus dientes. Pudo – ingenuo – sentarse a dormir el sueño con las manzanas de cobre. Tuvo allí una pesadilla. Un niño en alta mar quería cortarse el corazón. Oh, el establo donde estaba no era de oro, era una sombra inmensa de lágrimas.

El mundo de Federico fue así toda su vida. Juncos de amor y jazmines mojados con olor a esencia de niña eterna. Torre de Vela en la plaza velaba de día y de noche para que Granada no se quemara. Federico cuidó su cara pero no sonó esa otra Vela que le previniera sobre la soldadesca y la muerte. En su inocencia no sospechó que aquella campana de Vela no cantaría para él.

A cambio nos dejó este libro con Gacelas de amor maravilloso con más de Cien años en su lomo caminados por los caminos de Al-Andalucía. Gacelas, sí cortas quejas y requiebros a vientres negros, a muslos de oro, o a pinzas de alacrán en la punta del alma. Ah, Federico, cómo se inoculó para siempre en nuestro pecho y en el oído con melodía y castañuela.

El verso ha doblegado su cerviz ante la garganta que lo lee. Las sombras lo recubren y le cuidan el sueño para que al despertar le cuenten que amaneció herido por el agua o lleno de flores recién cortadas. Afortunado el que lo conoció por la canción del verso que él resonó en sus oídos. Nunca más volverá a oír ese sonido sin reconocer la mano fina que lo escribió en Fuente Vaqueros. Como se hace con el cáliz de una flor o el pico de un colibrí.

En el Diván de Tamarit se sienta uno a despertar de un sueño no a soñarlo, es una colección de trozos de Andalucía, bocados de mito, música de muslos y de caballitos persas.

18-10-17                                             5:17 p.m.

Nota: Este texto será leído en la Cava de Paco en Cali mañana jueves a las 9:00 p.m.

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