El fracaso de las expectativas


En la Revolución de 1810 a 1819, del Florero de Llorente a la Batalla de Boyacá, y de allí a finales del siglo XIX, la influencia de la Provincia del Cauca por su extensión y poderío económico, basado en la minería y la ganadería, con el régimen de la esclavitud, se hace notoria en el acontecer nacional, con sus mártires y el delirio persistente de sus caudillos.
Los sucesos de Norteamérica, Francia, Haití, la Provincia del Socorro, determinaban actuaciones como la de Miranda, Nariño, Torres y Caldas, tempestad que recorría a América en el sueño inmenso de Bolívar, con el tiempo arrastraría temperamentos como el de Mosquera, López, Arboleda y Obando, tratando de hacer la República inconclusa que dejo la Independencia.
Después vendrían etapas en la consolidación de la República, situaciones de oprobio y vergüenza que no debían quedar registradas en la historia para evitar la pedagogía perversa a las futuras generaciones; como las actuaciones de las hegemonías, de patrias bobas, genuflexiones indignas, advertencias incluidas en magnicidios como el de Gaitán, las dictaduras y los pactos perversos para la conservación del poder y el apoderamiento de los recursos públicos, como resultado de la democracia inacabada de Colombia y de América.
Estos laberintos marginaron vastos sectores sociales, no se reconocieron, se irrespetaron, afectando la consolidación de la República, todo se limitó a legislar y proteger el capital privilegiado creador de la inequidad que engendró la violencia haciéndola participe del complejo nacional.
La problemática interna es a la vez reflejo de los intereses de la situación mundial, desde la situación del Reino de Castilla y León, la expansión inglesa, el imperialismo norteamericano, la guerra fría, la universalización y la globalización con su expansión de la modernización y la actividad financiera, para llegar a los tratados de libre comercio, reformada manera de dominación mundial.
Todas estas circunstancias engendraron las causas y condiciones de oprobio y pobreza que estallaron en una violencia de todos los tiempos acentuada en el Cauca, que lleva al Estado a reconocer su responsabilidad al firmar acuerdos sobre asuntos que al parecer no vio en dos siglos y que también son causa de las expresiones de delincuencia organizada que actúa en el país.
Así apareció la marihuana, la amapola y la coca, y su comercio sirvió para financiar la guerra, y desde luego también para elegir gobernantes y congresistas, ahora se habla de su sustitución, erradicación o fumigación, todo incierto en el mundo posterior a los acuerdos; mientras en medio de la discusión del sí o el no, aparecen como después del 20 de julio de 1810, las expectativas que después de la frustración pueden activar la guerra.
Se presentan actividades respecto del Plebiscito, a favor del SI o el NO, si se dan ilusiones como hace dos siglos y se presenta la paz como resultado inmediato al plebiscito, como respuesta a la problemática social y económica, la preocupación debe ser que un solo voto por el NO, así cuantitativamente gane el SI, se convierte en mensaje contundente de rechazo a los acuerdos de paz, por lo tanto el futuro será difícil, lo que obliga no solo ganar el plebiscito, sino crear espacios de respeto y no confundir el proceso de paz, con otros intereses.
De tal manera que se repiten las esperanzas en el Cauca, mientras acosa una serie de asesinatos de dirigentes populares, grave circunstancia a la cual no se ha dado la consideración pertinente por parte de los gobiernos locales, es mejor aplacar los delirios demenciales de algunos actores, tomar conciencia de que se vuelve a tener protagonismo nacional, no por el poder y la riqueza, sino porque todos los puntos de los acuerdos tendrán incidencia en el Cauca, saturado de corrupción y de pobreza, que lo pueden llevar al fracaso de las expectativas.



