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¿FRACASAR ES CAERSE Y ROMPERSE?

FRACASAR ES CAERSE Y ROMPERSE 2

¿FRACASAR ES CAERSE Y ROMPERSE?

¿FRACASAR ES CAERSE Y ROMPERSE?
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
FRACASAR ES CAERSE Y ROMPERSE
Carátula y caras antes de la caída / Imagen: http://bit.ly/2hc8fIU

Mi amigo poeta, Luis Carlos Bermeo, ha escrito su tercer poemario y le ha puesto a este éxito suyo el nombre de Tesis sobre el Fracaso. El libro que tiene unas 130 páginas tiene como 1000 lugares o versos que se ocupan de explicar cómo fracasa el hombre. Equivocándose de ruta, escogiendo el modo que no era, cruzándose de brazos ante una dificultad o quedándose callado ante una disyuntiva.

La palabra fracasar me empieza a sonar cuando la pronuncio como un «frack», como que algo estalla cuando se rompe al caer, como si algo que tengo entre mis manos se quebrara y sonara. Como cuando se desbarata una nube y truena o se quiebra un huevo o un hueso del brazo. Es una palabra que tiene propensión a dar una señal de peligro desde que se pronuncia. Frac!, cayó!

La primera parte emite el sonido que produce cuando algo cae. Termina y se ve el objeto partido después del golpe en el suelo. Está hecho trizas y sus restos vuelan ante ojos atónitos. Y algunos manchan o producen heridas al caer y despedazarse.  

El ser humano, a veces, es contradictorio y pone en evidencia su ingenuidad. Inventó esa palabreja que nunca quisiera oírla referida a si mismo, repetirla por su boca ni oírla en su vida. Es tan onomatopéyica. Solo pronunciarla produce una conmoción. Algo se remueve allá adentro del hígado y las entrañas.

Solo un poeta puede darse a la tarea de acariciar a esa palabra y quitarle su sabor y su sonido y el miedo a oírla cerca de él. Y, entonces, lejos de la Academia, donde no lo oigan sus mentores y sabios, se ha dedicado a buscar «razones», como de las que habló Pascal, para justificar esa palabrita tan vapuleada.

Sí. Porque ese vocablo ha sufrido el matoneo de casi toda la humanidad hasta ahora. Nadie lo acepta como es. Nada se puede caer, nada puede sonar como roto. ¡Qué calamidad cuando en un restaurante se le cae una bandeja con la comida al mesero! Qué vergüenza que a alguien le digan ante los padres que fracasó en sus estudios durante todo un año y perdió el curso. Qué decaimiento cuando el médico dice que tiene la arteria rota junto a la aorta… No, eso no podría verse como una gran oportunidad de un genio o de haber abierto los ojos ante un gran peligro…

Pero, no. Luis Carlos ya ha recogido graves sentencias de escritores que le confirman que quien no pierde, – y ha producido las suyas – que quien no se ha caído, no aprenderá a ser feliz ni a levantar la cara. Que caer y romperse la crisma lo hará tomar fuerzas para seguir orondo, con la seguridad de que no es un fracaso caer.

Véanle la cara tranquila y serena. Él, como Diógenes, anda libre y juicioso leyendo con  Janeth y sus dos princesas y elevando cometas que jamás caerán ni se romperán.

25-10-17                                         3:30 p.m.

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