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Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
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Ni en los tiempos en que el sistema laboral estaba en pañales se había destrozado tanto su cuerpo jurídico como en este magnífico gobierno. Hace 100 años, cuando apenas si empezaba a hablarse en el mundo de trabajadores unidos hubo masacres obreras en Inglaterra, en Estados Unidos y poco después, en las Bananeras. Las legislaciones ganaron terreno y se conquistaron derechos económicos y seguridad social para la inerme fuerza de trabajo.
Pero tales luchas se han ido perdiendo entre las ambiciones de directivos de sindicatos, corrupción en sus pliegos y descuido de la pobre masa rasa. Muy a pesar de la realidad, hay que reconocer que el descalabro de la bonanza relativa empezó a ir para abajo con las luchas intestinas de poder y las aspiraciones electoreras de quienes llegan a cargos de dirección que se equiparan a tribunos y vedettes en el micrófono y los periódicos. En río revuelto el gobierno y los empresarios han aprovechado la confusión y han contagiado la pandemia del desgreño.
La ley 50 de 1990, desvertebró el régimen laboral y dejó expuestos el contrato laboral a un pírrico período. A los tres años, en el Congreso, impulsada por el mismo autor, la famosa ley 100 de 1993 la seguridad social empezó a marcar en el termómetro el descenso en el servicio a la salud. Desparecieron los Ministerios de Salud y de Trabajo y apareció el inexplicable Ministerio de Desprotección. La ley 789 de 2002 “con el fin de mejorar la cobertura y las condiciones del trabajador” redujo la jornada nocturna y determinó sabiamente que la jornada diurna y soleada duraba hasta las 10 de la noche. Se eliminó el pago del festivo igual al dominical y acabó con el doble salario en los domingos reduciéndolo al 75% del salario básico. Para terminar, las pensiones serán casi una figura decorativa, y el desempleo ronda por el 14.5.
Ahora se pretende ayudar a los empresarios y a la economía del país restándole al trabajador un porcentaje de su salario, fuera del otro impuesto al patrimonio para ayudar a fortalecer la guerra contra el terrorismo que ya hace tiempo se está debilitando.
Oh, patria igualitaria y de justicia social incomparable. No se le pide a la Banca que tiene millones de utilidades diarias, ni a los grandes empresarios que ayuden al país en esta crisis de desempleo. Se les pide a los pocos empleados que hay que devuelvan un porcentaje de sus salarios para ayuda de la guerra y el pago a los altos funcionarios. Pobre pulpo del Estado que tiene más de 200 congresistas que ganan 22 millones, en sesiones ordinarias, más los ministros y magistrados. ¿Cómo se les irá a pagar a ellos para que sigan mermando los derechos y negando los proyectos que recuperarían su poder adquisitivo?
Pero este es un gobierno sabio y equitativo. Procuraremos cerrar los ojos, meter la mano en el bolsillo, rezar el rosario y cantar con la mano en el pecho para que la vida sea más grata en este país de Colombia Passion. Y subiremos mañana al ring a votar por el Tercer Round antes de que suene la campana de otro impuesto.
24-05-09 – 11:15 a.m.





