Este 14 de octubre se cumplieron 4 años del asesinato del periodista Rodolfo Maya Aricape

El 14 de octubre de 2010, a las 4:30 de la tarde, en su casa de habitación, en zona rural de Caloto y en presencia de su esposa Rosaura Conda Ílamo y su hija Shirly Xiomara de 5 años, fue asesinado el periodista y líder indígena Rodolfo Maya Aricape. Recibió varios disparos que le propinaron dos hombres desconocidos que se movilizaban en una motocicleta. Tenía 34 años.
Otro crimen que cuatro años después sigue en la impunidad como muchos otros cometidos contra periodistas colombianos.
Desde temprana edad Rodolfo se destacó en su comunidad por sus facultades de liderazgo. Su campo de trabajo predilecto era el de la comunicación y como tal fue un destacado integrante del Tejido de comunicación de la ACIN. Maya era secretario del cabildo de López Adentro y trabajaba en Radio Payumat.
Según informaron en aquella fatal ocasión algunos miembros del cabildo, la muerte de Maya la relacionaron con un grafiti que apareció 15 días antes en el cual lo señalaban como “miembro de las Farc”. Floresmiro Yugüe, gobernador del resguardo de López Adentro cuando ocurrieron los hechos, dijo que cuando se conocieron las amenazas informaron a las autoridades del Cauca pero “no dijeron nada”.
En esos días la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) envió un mensaje de condolencia para los familiares y amigos del periodista indígena y rechazó este hecho haciendo un llamado a las autoridades para que investigaran y encontraran a los responsables, pero “no dijeron nada”.
OEA también pidió condena ejemplar
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA), condenó también el asesinato de Maya Aricape, y pidió al Gobierno colombiano que investigue el caso y sancione a los responsables. Y a pesar de que la Relatoría Especial subrayó que cualquier perjuicio a los comunicadores o a los medios de comunicación, «viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión», este llamado fue, como se dice popularmente, por lo inocuo, otro ‘canto a la bandera’, “no dijeron nada”.
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