ESQUINA DONDE NADIE ESTÁ


ESQUINA DONDE NADIE ESTÁ

A veces se queda uno silencioso en el borde de la pena.
Se queda ensayando una sonrisa que no existe.
Por el camino disimulado, por el camino en sombras.
Con el tiento en la esquina donde nadie está, en la nube de los desconocidos.
A veces se tiene la euforia que oculta la desesperanza.
La salida llorante del sol, la estrella de ojos estropeados.
El abrigo para cubrir las llagas, aún en medio de lámparas de oro.
Las zapatillas rancias para saludar amaneceres, con la esperanza de ese día ver a la Amada que no viene.
Así era Sombriel, capitán de su propio reino de mohos, marino en su sueño de tules que no llegan.
Así era Sombriel, espectro tocado de fingimientos, con el vaso de vino donde bebía su soledad.
Sombriel, el de ojos arrugados por su garza que se ahogó en el lago, catador de imposibles bajo su sombrero de nubes, en la Estepa de los Ángeles Caídos.
Sombriel, con su cigarro de volutas humeantes, el solitario de la Nada.



