ESCÁNDALO QUE MATA
Reinel Gutiérrez
No se sabe que es más peligroso y arrasador entre un terremoto, un huracán, o un escándalo. El ser humano le teme a todos esos fenómenos que derriban muros, torres, mitos y creencias y que son susceptibles de ocurrir.
Es muy difícil prevenir y evitar un temblor, un alud de tierra, o un ciclón pero un escándalo tiene la posibilidad de ser detenido o evitado, sobre todo cuando hay que guardar secretos. En esta tarea viven los jefes de gobierno, los generales, los cardenales, las modelos, los arzobispos, el Papa, los deportistas, los pastores, los profesores, las monjas, los presos, y en fin todos los que cumplen una función en la sociedad.
Y casi es mucho más el trabajo de evitar una habladuría que el desempeño en las labores profesionales o de formación académica, en las cuales hay que guardar una imagen.
Y es que el líder debe tener y manejar buena fama, así en la realidad no la tenga, de lo contrario derrumba su imperio, su poder, o el negocio que maneje, como ha sucedido tantas veces.
Y esto deja en duda la conducta, idoneidad y ética de quienes manejan la sociedad, que mientras no descubra alguien que son abusadores sexuales, podrán seguir dictando decretos, predicando o haciendo trotar a la tropa.
En tanto que nadie sepa que se está robando paulatinamente la plata de los impuestos, podrá continuar su desempeño en la tesorería o en el ministerio de hacienda.
Vale la pena indicar la sabiduría del refrán, «ojos que no ven, corazón que no siente», y es verdad lo que muchos sostienen, al afirmar que todo se puede hacer, porque lo que mata es el escándalo.
Si es reina nacional, la mujer tiene que cuidar su honra, también si es ministra, profesora, o médica. Si es educadora de niños y se divierte maltratándolos, nunca tiene que dejarse descubrir porque pierde su trabajo, y su demostración de mujer dulce y cariñosa que recibe alegre los pequeños en la puerta del colegio.
Y si es uniformado, debe mostrar su cara de autoridad eficaz y justa, así viva del «aji» en las carreteras. Los contratos por debajo de la mesa en los despachos, y las componendas administrativas y políticas en los clubes sociales, han de realizarse con todas las medidas de seguridad. Aquí es aplicable otro dicho de la sabiduría social que reza: «no es verdad tanta belleza», porque a veces gente que se creía buena, no lo era tanto.
Entonces, a cuidarse del rumor, y la algarabía que pueden desbaratar muchas cosas, pues un técnico de fútbol perdió su puesto, no tanto por haberle pegado a una mujer, sino por el escándalo que se formó.
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