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Lunes, 5 de octubre de 2026
viernes 19 junio, 2009 a las 12:03 pm

Esa batalla se perdió (incentivos en reforma política)

Por Daniel Mera
Se dice con frecuencia que una reforma debe ser presentada tres veces (o dos) antes de tener éxito. También, que en el proceso legislativo una propuesta puede tener la razón y sus opositores los votos. O que un discurso puede cambiar la opinión pero no el voto de los congresistas.

Es decir: no hay que frustrarse demasiado. Vale también para las mujeres que lucharon por la cuota del 30%.

El Gobierno hizo suya la posición cristiana adversa a la población Lgbt, e impidió revivir un avance de hace 15 años que incentivaba, no obligaba, la representación de varios grupos poblacionales cuyos intereses específicos no son debidamente promovidos en el Congreso.

Sin embargo, es probable que los partidarios de los incentivos se hayan equivocado en la Plenaria del Senado.

Las senadoras Claudia Rodríguez, cristiana, y Dilian Francisco Toro, más cuatro firmas ilegibles, presentaron esta proposición con el evidente ánimo de cercenar la idea liderada por Benedetti: “La ley establecerá incentivos a los partidos y movimientos políticos que creen condiciones de representación pluralista”.

O sea, quitando equidad de género y respeto por la diversidad.

Se produjeron 50 votos por el Sí y 21 por el No. Se requería mayoría de 52 votos.

Me explicó el senador Samuel Arrieta que los 21 votos en contra se dieron porque constitucionalmente “pluralismo” es diferente de “diversidad”. Esa es mi duda, aupada por un amigo que viene de un alto entrenamiento en filosofía política en su doctorado. En la literatura puede hallarse esta definición: “Pluralismo es, en un sentido general, el reconocimiento de la diversidad”.

Si algunos de los 21 votos hubiesen apoyado la proposición recortada de los incentivos, habría sido posible otra batalla, en el desarrollo de la ley, sobre si “representación pluralista” permitiría considerar la representación de intereses específicos derivados de la diversidad presente en la población.

Pero puede ser que Arrieta tenga razón. Y también entiendo que avanzada la noche, en medio de la “plaza de mercado” que parecía esa Plenaria, es difícil pensar aislando la emoción de no apoyar lo que proponen para fregar la reforma que sostienes.

Al día siguiente, oí por celular a Benedetti todavía magullado por la aplanadora que le aplicaron a él y a otros, como Héctor Elí Rojas, en esta discusión. Así que no era momento de elucubraciones sobre si hubiese sido mejor dar lugar a otra batalla.

Era momento de agradecerle la lucha que dio.

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