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Viernes, 2 de octubre de 2026

Época de blindar el medio ambiente

Época de blindar el medio ambiente

Imagen por: https://chatgpt.com/

JESÚS-ALBERTO-AGUILAR

Un país que vuelve a hablar de humo

Hay épocas en las que Colombia deja de hablar de política, fútbol o telenovelas. Entonces habla de humo, de ríos que bajan turbios y de árboles que antes formaban bosques y ahora dieron paso a potreros.

Cuando se intensifica el fenómeno de El Niño, proteger el medio ambiente deja de ser una consigna distante. Las señales aparecen en el territorio: el sol quema de otra manera, febrero no trae lluvias, marzo llega con incendios en los cerros y el río Cauca, considerado durante generaciones como fuente de vida, arrastra barro.

En Popayán, algunas mañanas pueden estar cubiertas por el humo procedente de las montañas. En el Macizo Colombiano, el campesino observa el cielo y advierte que la tierra está brava. Esa expresión resume una preocupación acumulada frente a los cambios en las lluvias, el calor, la disponibilidad de agua y las condiciones para cultivar.

La tierra, más que enfurecida, muestra las consecuencias de las intervenciones humanas y de los fenómenos climáticos. Por eso, hablar de blindar el medio ambiente significa asumir responsabilidades antes de que el deterioro sea irreversible.

La protección comienza en el territorio

Blindar el medio ambiente no consiste en ponerle una reja a la naturaleza. Tampoco es una labor exclusiva de ministerios, corporaciones o autoridades. La protección comienza con decisiones diarias y con acciones que muchas comunidades han practicado durante generaciones.

En el campo, ocurre cuando un campesino conserva una porción de monte en medio del potrero para evitar que el agua desaparezca. También cuando siembra árboles nativos en la orilla de una quebrada, no por recibir un certificado de carbono, sino porque aprendió de sus mayores que sin bosque no hay agua.

En las ciudades, esa responsabilidad se expresa cuando una persona separa el plástico, cuando un joven utiliza la bicicleta en lugar del automóvil o cuando un colegio mantiene su huerta y evita reemplazarla por cemento. Cada botella que no llega a un río reduce una parte de la presión ejercida sobre los ecosistemas.

También existe una responsabilidad institucional. Le corresponde al guardaparques prevenir un incendio, al juez detener una licencia concedida de manera irregular y al alcalde rechazar recursos o proyectos que puedan causar daños a los ríos. Proteger implica establecer límites frente a decisiones económicas que comprometan el patrimonio ambiental.

Hábitos que rompen el blindaje

El deterioro ambiental no siempre tiene un responsable fácilmente identificable. También se alimenta de prácticas repetidas: quemar basura porque parece más rápido, talar para ampliar de inmediato una zona de cultivo o comprar productos sin preguntarse por su origen y sus efectos ambientales.

Cambiar esas conductas exige reemplazar la solución inmediata por decisiones duraderas. La protección de la tierra depende de comprender que los recursos naturales recibidos por una generación deberán permanecer disponibles para las siguientes.

Entidades oficiales y privadas realizan diferentes campañas con la expectativa de construir un blindaje ambiental vivo. Sin embargo, el alcance de esas iniciativas dependerá de la continuidad, los recursos, el seguimiento y la participación de las comunidades.

La acción ambiental también aparece en procesos locales. Puede observarse cuando los niños de una escuela rural siembran 200 robles u otras especies en una ladera deforestada, cuando una comunidad se organiza para vigilar su páramo sin recibir un pago o cuando un río que se consideraba perdido vuelve a tener peces.

Estos resultados requieren paciencia y trabajo permanente. Reparar los daños ambientales demanda acciones concretas, conciencia ciudadana y capacidad institucional, más allá de los discursos.

Deforestación y tráfico de fauna

Entre los asuntos que más preocupación causan se encuentra la deforestación. Algunas entidades han comenzado a tomar correctivos y existen investigaciones relacionadas con estas afectaciones. Al mismo tiempo, diferentes expresiones de activismo buscan trasladar la discusión de las redes sociales hacia acciones directas de protección.

Uno de los propósitos mencionados es que Colombia cuente con una gran reserva forestal donde puedan protegerse la fauna y el agua. Este planteamiento exige precisar su ubicación, extensión, características, autoridades responsables, financiación y mecanismos de conservación.

El tráfico de fauna constituye otra amenaza para el medio ambiente. Según el texto suministrado, este problema ha comenzado a afectar diversos lugares de Colombia, especialmente los departamentos de Caquetá, Putumayo y Amazonas, así como el sur del Cauca.

La extracción, movilización y comercialización de animales silvestres producen impactos sobre los ecosistemas y obligan a fortalecer los controles institucionales. También requieren campañas dirigidas a evitar la compra, tenencia y transporte de especies obtenidas ilegalmente.

El ambiente ante el cambio de gobierno

La llegada de un nuevo gobierno abre una discusión sobre el lugar que tendrá la política ambiental en la agenda nacional. La expectativa expresada es que la nueva administración cumpla el acuerdo que representa el compromiso del país con la democracia ambiental y con la participación de la ciudadanía en la protección de sus derechos.

Ese compromiso deberá traducirse en decisiones sobre la deforestación, la protección de los ríos, el tráfico de fauna, la prevención de incendios, la conservación de los páramos y el manejo de los efectos asociados al fenómeno de El Niño.

La política ambiental también deberá reconocer las experiencias de campesinos, comunidades rurales, estudiantes, organizaciones sociales y autoridades que trabajan en los territorios. Sus acciones muestran que la protección no depende únicamente de normas nacionales, aunque requiere instituciones capaces de hacerlas cumplir.

Blindar el medio ambiente significa asumir responsabilidades colectivas. Cada árbol sembrado, cada litro de agua cuidado y cada decisión destinada a evitar un daño contribuyen a proteger la vida. Ninguna infraestructura podrá reemplazar los ecosistemas perdidos ni proteger a la sociedad si el deterioro supera la capacidad de recuperación de la naturaleza.


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Jesús Alberto Aguilar Guerrero