Pico y Placa - Popayán: 1 y 2 | Cali: 1 y 2
Martes, 20 de octubre de 2026

Mons. Iván Marín López: 20 años de Ordenación Episcopal

“Iglesia Hoy” comparte con ustedes la entrevista realizada a S. E. Monseñor Iván Marín López con motivo de la celebración...

Compartir:

Facebook
WhatsApp

“Iglesia Hoy” comparte con ustedes la entrevista realizada a S. E. Monseñor Iván Marín López con motivo de la celebración de sus 20 años de Ordenación Episcopal.

Pbro. José Tomás Garzón Marín

Monseñor Iván Marín López, ¿Cómo nace en usted la inquietud de ser sacerdote? ¿Cómo describiría su vida sacerdotal?

Gracias por la entrevista que me hacen para tener oportunidad de comentar algunos aspectos de mi vocación. Esta primera pregunta me hace recordar más mi niñez; en mi familia existió un espíritu muy religioso y se expresaba con el rezo del rosario, todas las noches; también asistíamos a la santa misa parroquial, yo disfrutaba interiormente participando en la misa, orar, no porque entendiera todo lo que se estaba celebrando, todo el significado de la santa misa, pero sí me fascinaba la belleza del templo, del altar, los cantos, la grandiosidad de la asamblea y también inmensamente disfrutaba de recibir la sagrada comunión. Allí se inició el crecimiento de un ideal vocacional, también influyó la cercanía de un sacerdote amigo de la familia, este sacerdote se llamaba Francisco Jaramillo, quien había bendecido el matrimonio de mis padres, me bautizó a mí y a todos mis hermanos. Cuando fui ordenado sacerdote naturalmente yo lo elegí y pedí que fuera mi padrino. En todas estas circunstancias familiares el Señor fue haciendo su obra en mi alma de futuro sacerdote. Fui al seminario cuando tenía solo 12 años y fue como segunda familia. Allí pude crecer, vivir, estudiar, disfrutar inmensamente de todas las clases, de la recreación, del deporte, fui muy feliz en el Seminario Menor, donde concluí mi bachillerato. Luego hice mi formación filosófica y teológica en la Pontificia Universidad Javeriana con el espíritu y bajo la influencia benéfica de la Compañía de Jesús. Además del estudio, yo crecía con la dirección espiritual que frecuentaba semanalmente. Me complacía mucho leer la historia de la Iglesia, la historia de los Papas y también fue para mí muy importante la lectura de la vida de los santos; creo que estos elementos, todos, fueron formando mi alma de sacerdote. Cuando fui ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1964 mi obispo, Augusto Trujillo Arango me envió a estudiar a Europa, en ese entonces se estaba concluyendo el concilio Vaticano II – y por eso tuve la oportunidad de hacer una especialización en Madrid en un Instituto muy famoso de pastoral y luego otro año de Catequesis y especialización Pastoral en París.

¿Cuáles han sido los retos más simbólicos (significativos) que ha enfrentado como sacerdote?

Realmente como sacerdote tuve que afrontar varios retos. El primero ciertamente es lograr asumir la responsabilidad por los diferentes cargos que me fueron confiados; en cada uno de ellos debía estudiar la mejor manera de servir y rodearme de buenos colaboradores; cada tarea, me exigía reflexionar, investigar, y oraba también mucho pidiendo al Señor las luces necesarias para la misión que me había sido encomendada; debía meditar y madurar atentamente todas las decisiones y ejecutar los proyectos con fidelidad y responsabilidad, ante cada acción se debía actuar con buena programación y ejecución bien evaluada. Cualquier tarea que se me encomendaba despertaba en mí la conciencia de una altísima responsabilidad, creo que no haber asumido nunca una tarea con espíritu de mediocridad.

¿Qué experiencias como sacerdote lo han dejado más impactado?

No diría que alguna experiencia como sacerdote me hubiera dejado impactado, más bien que en todas ellas vi y experimente la ayuda del Señor. En 1968 me tocó organizar una gran peregrinación de campesinos para el encuentro con el Papa Paulo VI en Bogotá; fue una experiencia maravillosa, de contacto y de organización con el mundo rural; crear en poco tiempo una delegación de campesinos en cada una de las parroquias de mi diócesis fue el gran reto y me proporcionó un importante aprendizaje. El diálogo con los campesinos y la organización que quedó fue una bendición de Dios. Después de esta peregrinación y de haber escuchado las enseñanzas del Papa Paulo VI se estableció una escuela de estudio de la doctrina social de la Iglesia que sembró una semilla muy profunda en el campesinado de esa región y hoy todavía persisten grupos de reflexión allí entre estos campesinos.

Luego cuando se me encomendó a nivel nacional poner las bases para la restauración del Diaconado Permanente, fueron 12 años maravillosos, donde con muy buenos colaboradores se fueron diseñando los mejores pasos de una catequesis para crear las pequeñas comunidades eclesiales de base. Se inició un gran proceso que aún hoy está oculto, o mejor se prolonga, de distintas maneras, con métodos que ayudan a crecer en la fe y a organizar las pequeñas comunidades, para facilitar al cristiano el camino para responsabilizarse más como miembro vivo, con parroquias renovadas que sean comunidad de comunidades.

Me alegra muchísimo ver como el programa de la formación del Diaconado Permanente, continua desarrollándose y que en casi todo el país y en todas las diócesis hay un plan consolidado y sistemático para acoger aquellos hombres casados que llenos de espíritu del Señor y llamados por la Iglesia asumen el ministerio del Diaconado Permanente y se involucran en la misma formación y sus esposas y de sus familias en un compromiso eclesial.

También tengo que destacar cuando en 1982 fui nombrado director nacional de la Pastoral Social, fue una experiencia maravillosa, rica y también dolorosa. Dos acontecimientos podría destacar en ese periodo: en 1983 el terremoto que casi destruye Popayán me trajo a reunirme con el arzobispo de aquel entonces Monseñor Samuel Silverio Buitrago y las fuerzas vivas de Popayán, para diseñar programas de rehabilitación y de ayuda humanitaria, de ayuda a los damnificados. Esta fue una experiencia premonitoria, solo Dios sabía que algún yo vendría como Pastor de esta Iglesia. Igualmente en el año1985 fue la experiencia dolorosa de la destrucción de Armero con la explosión del nevado del Ruiz, ese volcán nevado que ocultaba tanta potencia y que fue tan desastrosa su erupción. Recuerdo muy bien todos los sufrimientos, los programas nacionales y la movilización de ayudas y también la solidaridad de la iglesia a nivel universal y de muchos organismos para ayudar a configurar programas de rehabilitación, de ayudas transitorias y de asentamientos definitivos.

Finalmente en el año 1987 el Papa Juan Pablo II el Santo de la Iglesia, San Juan Pablo II, me llamó para ser un colaborador inmediato de la Santa Sede en el Vaticano. Fue la última fase de mi servicio como sacerdote. En ese cargo el Papa me encomendó una misión muy bella y desafiante, servir como alto responsable en el Pontifico Consejo COR UNUM, que es el organismo de coordinación de la ayuda humanitaria y de la caridad de la Iglesia universal. En muchas regiones y países del mundo conocí el dolor y las angustias causadas por las guerras de los hombres y por las calamidades de la naturaleza. Fue una escuela maravillosa de servicio al pueblo de Dios sufriente.

Antes de ser obispo S.E. trabajó al lado del papa Juan Pablo II por 10 años. ¿Qué le dejó a su vida sacerdotal esta experiencia?

La experiencia en el Pontificio Consejo COR UNUN junto al Papa Juan Pablo II, marcará mi vida. Esta experiencia vivida en el servicio a la Santa Sede, a la Sede de Pedro, como secretario del Pontificio Consejo COR UNUM, la veo hoy como la escuela que el Señor quiso proporcionarme para lo que vendría después, fueron un poco más de 10 años que el Señor me concedió para estar muy cerca del Papa Santo. No cabría en el espacio limitado de una entrevista comentar las distintas y ricas experiencias de estos años. Las misiones que me encomendó, las tareas permanentes en la Santa Sede. La atención a los Obispos del mundo que van visitando la Sede Pedro en visita ad limina, el palpitar de la vida de las iglesias en todos los continentes, es algo que le hace percibir a uno la universalidad de la Obra Redentora de Cristo.

De esta experiencia al lado del Papa, me limito a comentar un aspecto que llamaría una introspección, para ver lo que aprendí al lado de este gran santo. En la vida de Juan Pablo II se veía y percibía que él estaba y actuaba en la presencia de Cristo, se sentía que obraba en su nombre. Era consciente de ser el vicario de Cristo, y sucesor de San Pedro, confiaba en la ayuda del Señor, creía firmemente en la promesa hecha, no tengan miedo yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo. San Juan Pablo II vivía y confiaba en la protección maternal de la Virgen María, pareciera que él hubiera estado al pie de la cruz cuando Cristo nos confiaba a la protección maternal de María como madre de todos. Amaba y veneraba a la Virgen como un buen hijo venera a su madre.

S.E. también conoció de cerca al Cardenal Ratzinger después Papa Benedicto XVI ¿Cuál fue el aporte más significativo de esta experiencia a su vida sacerdotal y a su ministerio episcopal?

Al Cardenal Ratzinger lo veía frecuentemente en distintas reuniones y actividades en la Curia romana, la claridad de sus ideas, la solidez de su enseñanza, la seguridad doctrinal se expresaba en sus intervenciones y era por todos reconocida su altura espiritual y fidelidad eclesial.

Como Prefecto o cabeza de la Congregación de la Doctrina de la fe estaba muy cerca del Papa Juan Pablo II y de sus enseñanzas.

El Cardenal Ratzinger era en su cargo como la lámpara o reflector que iba ilumi­nando el camino por donde marchaba la Iglesia. Leer y estudiar los escritos del Cardenal Ratzinger es una fuente inagotable de enseñanza, a mí personalmente me ilumina y complace muchísimo leer sus libros.

La producción literaria es abundantísima y llena de sabiduría, ha sido providencial que se creara la fundación Vaticana Joseph Ratzinger Benedicto XVI para cultivar y divulgar su rica enseñanza doctrinal. Yo gocé también de su presencia y de su amistad, y luego como Papa Benedicto XVI tuve oportunidad de hablar con él varias veces sobre temas muy concretos de la evangelización y vida sacramental; fue otro profesor providencial que el Señor puso en mi camino preparándome para la misión que vendría después.

El 6 de junio de 1997 fue consagrado obispo y se le encomendó el cuidado pastoral de la arquidiócesis de Popayán. ¿Qué recuerdos le traen aquellos momentos?

El 6 de junio de 1997 me quedó grabado en el alma y en el corazón, fue el día en que por la imposición de manos y la oración consagratoria yo recibía del Cardenal Roger Etchegaray mi consagración episcopal, estaba él acompañado del querido Cardenal Eduar Gañón y de muchos muchísimos obispos de Colombia y del clero de Popayán. Recuerdo el momento en que postrado en tierra, que se pedía a todos los santos su ayuda y protección sobre quien se iba a confiar la inmensa tarea pastoral de ser el arzobispo de Popayán. Se hacía el encargo de enseñar, santificar y pastorear esta porción amada de la Iglesia. Fue allí donde comprendí que necesitaba de la ayuda de todos los santos y santas de Dios, de todos los fieles de la Iglesia para llevar adelante la misión pastoral de Arzobispo de Popayán.

Comprendí que me tocaba a mí tomar el timón de la nave de la Iglesia que lleva casi cinco siglos navegando en estas regiones de Colombia. Comprendí mejor mis limitaciones y pedí y sigo pidiendo a Dios y rogando a los santos por mí y por los sacerdotes que son mis inmediatos colaboradores. Siempre aparecían en mi mente las palabras de Cristo a sus apóstoles “No tengan miedo yo estaré siempre con ustedes”, y también hoy y cada día, me acompañan estas palabras de la promesa del Señor que me llenan de confianza y seguridad en su presencia.

¿Cuál considera S.E. la mayor herencia que encontró en esta arquidiócesis a su llegada hace 20 años?

Esta bella Arquidiócesis de Popayán la he visto como la viña del Señor donde él ha llamado, y lo seguirá haciendo, a muchos, para que cuiden su viña. Yo encontré tántas plantas produciendo y tántas semillas sembradas por mis antecesores que me hacen pensar que he sido realmente un privilegiado. Me siento obligado a cuidar, alimentar, proteger y plantar, en el nombre del Señor su viña. Somos muchos formando un solo cuerpo, todos viviendo una misma fe, una misma esperanza y unidos por el amor de Cristo, tenemos que fortalecer esta bella iglesia de la Arquidiócesis de Popayán. A todos EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA, frase que quise adoptar como lema de mi vida episcopal, resume la vida de la Iglesia, realmente es Cristo quien vive en nosotros, por El vivimos, nos movemos y existimos. Es por Él que nos amamos, nos ayudamos y seguiremos haciéndolo con la gracia del Señor.

¿Durante estos 20 años al servicio de la Arquidiócesis cuáles considera los mayores logros de su ministerio episcopal?

Es fácil hablar de logros si continuamos con la comparación de la viña del Señor, entonces los logros son muchos y son del Señor y a Él le pertenecen.

Hemos visto que esta Iglesia está muy viva y muy vital. El Señor ha regalado a la Arquidiócesis vocaciones sacerdotales que siendo cultivadas cuidadosamente en nuestro Seminario Mayor han llegado a consagrarse como sacerdotes de la Iglesia, vemos crecer y formarse familias creyentes que dan testimonio, que también han cultivado con fe, con amor, con esperanza, la vocación de sus hijos, de sus seminaristas, muchas familias tienen la alegría y el honor de tener un hijo sacerdote, una hija religiosa. En la viña del Señor también han surgido los Diáconos Permanentes, ellos con sus familias van constituyendo una fuerza ejemplar y pastoral en la vida de la Iglesia. Pienso también en los miles de niños que se bautizan cada año, que hacen la primera comunión, y que se unen a Cristo, que lo aman, ese amor de los niños es especial en la eucaristía, por eso con razón Cristo tiene tanta predilección por ellos. Pienso en los jóvenes quinceañeros y quinceañeras que he podido confirmar durante 20 años son cerca de ciento cincuenta mil jóvenes que se han unido más a la Iglesia recibiendo el sacramento de la Confirmación. La Iglesia está muy viva y se demuestra en las asambleas dominicales y los miles de grupos de apóstoles congregados en 92 parroquias. Esta Arquidiócesis está llena de gracia y bendición del Señor, por eso nunca nos cansaremos de decir, ¡Gracias Señor!

¿Qué sentimientos despiertan en S. E. reconocer que ha dado la ordenación sacerdotal a cerca de 73 sacerdotes?

La preocupación por tener vocaciones y lograr que se formen y perseveren hasta el final es una de las suplicas constantes que hacemos al Señor, así que ver en estos años que nuestra Arquidiócesis se ha enriquecido contando con más de 70 nuevos presbíteros es una gracia muy grande y motivo de inmensa satisfacción pastoral. Se ve allí el fruto de la oración, pues el Señor ya nos dijo: la mies es mucha, los operarios pocos, rogad al dueño de la mies que envié operarios. Me siento pues muy feliz que el Señor me haya permitido imponer las manos y orar consagrando a estos queridos sacerdotes para el servicio de la Iglesia y la animación de la pastoral; pero tenemos que seguir buscando muchos operarios, la tarea vocacional apenas se inicia, el Señor nos dará muchísimas vocaciones pero requiere un compromiso de todos.

¿Cuál considera S.E. la mayor virtud de los sacerdotes de la arquidiócesis?

Las grandes virtudes como son la fe, la esperanza y la caridad, se ven reflejadas en la vida y ministerio de los sacerdotes, viven la fe y la predican y explican con valor. Con esperanza animan la caridad en la comunidad y la viven en su fraternidad sacerdotal. También quisiera destacar la fidelidad a sus compromisos sacerdotales, el día de ordenación entre sus promesas está la obediencia, y yo reconozco su fidelidad y generosa disponibilidad que han tenido para colaborar en todas las tareas que les he encomendado. Entre todas las virtudes yo le doy especial significación a la obediencia, pues es la que nos asemeja más a Cristo que siempre se mostró y destacó su obediencia a la voluntad del Padre; por todas estas virtudes en el clero y en los laicos, doy gracias al Señor.

¿Qué futuro vislumbra S.E. para la iglesia de Popayán?

Todo futuro será mejor, no lo digo como una frase de cajón o proverbio, sino que estoy convencido de que a medida que avanza el plan de Dios en la historia veremos frutos mayores. Se va desarrollando ese proyecto de Dios con la asistencia del Espíritu Santo, claro está, que supone de parte de los hombres fidelidad y caminar en la presencia del Señor, porque Él es el camino, la verdad y la vida. El Señor ha prometido su presencia “yo estaré siempre con ustedes”, así que la Arquidiócesis verá cosas mejores cada día si continua fiel al Señor, caminando en su presencia, fortalecida por la oración por una fidelidad al plan de Cristo, a su mandato misionero; estoy convencido que todo futuro en la Iglesia será mejor.

Ha vivido como obispo tres papados diferentes. ¿Qué aportaciones ha hecho la iglesia durante estos tres últimos papados a la arquidiócesis de Popayán?

La figura del Papa, el sucesor de Pedro, tiene siempre una tarea bella, maravillosa, grandiosa, confirmar en la fe, iluminar el camino de la Iglesia, guiar la nave de la Iglesia. Yo quisiera destacar de los últimos tres Papas, de una manera muy incompleta ciertamente, pero viendo como regalos que han dado a la Iglesia que la enriquecen y la iluminan, lo siguiente: del Santo Juan Pablo II yo destacaría “El catecismo católico de la Iglesia” donde de manera maravillosa recoge toda la enseñanza del Vaticano II y traduce el plan del Señor en esos cuatro capítulos del Catecismo. Lo que hay que creer, lo que hay que celebrar, lo que hay que orar y lo que tenemos que vivir.

Del Papa Benedicto XVI con su enseñanza seguirá siendo una luz que muestra el camino en este peregrinar de la Iglesia, con toda su enseñanza doctrinal y pastoral; de la riqueza de sus escritos quisiera destacar entonces “El Esplendor de la Verdad” este documento de Benedicto XVI es precioso, a mí me gusta muchísimo leerlo y meditarlo.

Del actual Papa Francisco con esta producción literaria, con su enseñanza simple y directa que toca el corazón, se destacarían muchísimos mensajes y discursos, pero señala uno me quiero referir la exhortación “El gozo del Evangelio”, porque allí recoge el gozo de los discípulos anunciando el evangelio de Cristo.

S.E. cuando habla a los seminaristas suele decir unas frases que llaman mucho la atención: “El Señor me llamó y yo dije: Amén. Luego me dijo que fuera a trabajar en la Conferencia Episcopal y yo dije: Amén. Después me dijo vaya a trabajar en Roma con el Papa y yo dije: Amén. Luego váyase a Popayán como obispo y yo dije Amén”. ¿Qué significa ese “Amén” que Ud. siempre recomienda a sus seminaristas?

En relación con esta frase, yo he querido resumir en ella una actitud de entrega, de servicio y de obediencia al plan de Dios, la Virgen María dijo “fiat” el “Hágase en mi según tu palabra”: Y si nosotros vemos, en los mandatos, en las distintas misiones que el superior nos confía, la voluntad de Dios para nuestras vidas, la respuesta adecuada debe ser esa como María, hágase en mí, es decir, Amén.

Gracias a su apoyo el Periódico “Iglesia Hoy”; ha sido una de sus prioridades para llegar a los párrocos, diáconos, religiosos, catequistas, animadores, ¿qué mensaje tiene para ellos en esta efemérides?

En el periódico “Iglesia Hoy” que todos queremos tanto, que la Arquidiócesis valora tanto, que los laicos y las familias esperan con ansías, he visto siempre como un pulpito desde el cual debe resonar más ampliamente la voz de la Iglesia, la enseñanza del Papa, la voz del Obispo, los acontecimiento de nuestras parroquias, los proyectos, las realizaciones. Debe ser entonces el periódico “Iglesia Hoy” un instrumento de catequesis, de evangelización, un instrumento que todos amen, lo busquen. Sé que muchos lo conservan, lo hacen leer de sus familias y de sus amigos.

Dios bendiga los medios de comunicación que se ponen al servicio de la verdad, de la enseñanza y de la unidad de todos. Necesitamos continuar entonces a través del periódico y de todos los medios de comunicación sirviendo a la causa del evangelio.

logo_proclama_optimizado

Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

Le puede interesar

Pc

Proclama Radio

En Vivo

Lo Más Leído

Únete a nuestro canal

Recibe las noticias más importantes al instante por WhatsApp