
Hablamos con el poeta Esmir Garcés Quiachá. Su visión, la influencia del ambiente en la construcción poética, su intimidad en su trabajo como artista, su experiencia enriquecedora como lector y como poeta. Es, tal vez, el más destacado poeta vivo del departamento del Huila. Nació en Algeciras, Huila, en 1969. Comunicador social con énfasis en comunicación comunitaria, periodista cultural, editor, promotor literario.

DDC.- Está en la feria, poeta, ¿es usted un experimentado de la FILBO? ¿Qué aporta la feria a la literatura, a la poesía?
Llevo dieciocho años representado a una región que no tiene trayectoria o herencia literaria, salvo algún nombre que nos representa a nivel internacional en el panorama de las letras, como fue el poeta José Eustasio Rivera. Lo demás, es un intento por construir un legado, un nombre, una historia. Entonces, todo acto literario que hagamos o asistamos, sin duda nos sirve para fortalecer la creación poética.
Me encanta la palabra feria y está conmigo desde la infancia. Yo recuerdo las ferias y los días de mercado en mi pueblo de Algeciras (Huila), donde nací. Era una posibilidad de ver y de sentir los rostros, las miradas y los acentos de quienes acudíamos allí (campesinos, habitantes del pueblo y comerciantes que venían de otros lares). Un intercambio no solo comercial sino comunicativo, es aquí donde reside la esencia de todo encuentro. La feria es un encuentro, un intercambio de saberes o como la puedan llamar. Y la poesía como todos los géneros literarios, se alimenta de estos espacios e imaginarios, y de saberes. Allí se afianza el poder de la palabra porque somos ante todo lenguaje; necesariamente estamos ante el deber de seguir hilando los hilos de la memoria.
DDC.- ¿Cómo se da ese acercamiento suyo a la poesía, si viene de la provincia, lugares no propiamente con tradición poética?
Es un asunto de azar, de eso que nos tiene guardado la vida. Tampoco provengo de una familia lectora o escritora. Mis abuelas eran analfabetas, pero con una gran sabiduría. Eran los tiempos cuando la palabra valía más que una letra de cambio; así le escuché decir a mi abuelo, que fue honesto y muy trabajador, netamente campesino. De allá viene mi herencia, de la palabra hablada y respetada; luego, de la palabra escrita. Puesto que, el territorio donde nacemos es nuestra primera literatura, nuestra señal de existencia. Las primeras palabras que hablamos vienen de la madre y ese ser ocupa un espacio en un territorio específico. La provincia no es sinónimo de desprecio sino de alisamiento político y cultural; afortunadamente tenemos algunos pilares o legados que nos sostiene como cultura, uno de ellos lo construye el pueblo de las esculturas de San Agustín y la leyenda de La Gaitana. Ante este asunto, el poeta tiene la misión de transcender todos los obstáculos; incluso, de sobreponerse a las adversidades y barreras. Hoy en día, personalmente considero que la mejor poesía se está escribiendo desde la provincia; es paradójico, los poetas que viven en Bogotá provienen de pueblos remotos del país. Tengo unos amigos que desde sus regiones están haciendo historia poética, están haciendo la poesía, como Horacio Benavides, Nelson Romero Guzmán, Rómulo Bustos Aguirre, entre otros. Otra cosa es el poder que se ejerce desde el centro, lastimosamente somos un país centralista, desde allí se planea la literatura para todo el país. He escuchado decir: “lo que no pase por Bogotá no existe” es una frase terrible para los que vivimos en provincia, pero no me preocupa; mientras exista la poesía, habrán todos los caminos para andar.
DDC.- El paisaje huilense está marcado por dos aspectos que son inevitables en el escenario poético: El río y las cordilleras. ¿Cómo se da esa presencia en su trabajo literario?

El paisaje es nuestra mayor herencia literaria. Siempre nos han criticado que la poesía escrita por huilenses está connotada por ríos y cordilleras, puesto que nuestro territorio donde nacimos y compartimos, está enriquecido por el embrujo del paisaje. Ha sido la materia prima de la vida y de nuestras letras. Pienso que el problema no reside allí sino en cómo hablar de ese paisaje sin convertirnos en copista, como lo hicieron los antecesores; el cómo incorporar tendencias y nuevas formas de escribir. El paisaje siempre va estar allí. Si hubiese nacido en las zonas costeras, necesariamente poetizaría sobre el mar y sus faenas, pero yo nací en el interior, en una región de ríos y bosques, sinónimo de riqueza natural. En mi caso, mi primer libro de poemas lo titulé “Todos los ríos” como reconocimiento de mi herencia familiar y terrenal; pues en la niñez y en la adolescencia, viví entre los ríos Magdalena y Paez. Provengo de una familia campesina y pescadora. La poesía me enseñó, que unas de las grandes virtudes en la creación es el redescubrir la memoria. El secreto es saber descubrir sus encantos, saber observar y dialogar con los entornos, y qué mejor ejercicio que ver caer la lluvia, escuchar los cantos de los ríos y ver volar los árboles. Los poetas chinos y japoneses nos llevan muchos años de filosofar con el sincretismo natural.
DDC.- Ese mismo paisaje de desbordantes contrastes ha sido interrumpido muchas veces por los conflictos sociales que han limitado el acontecer histórico de la región. ¿Cómo se manifiesta en su poesía?
Desafortunadamente, el mayor desastre social, político y armado, lo han vivido los campesinos, en el departamento del Huila ha sido acentuado este tema y son los que han puesto los muertos en este país. Personalmente, tengo memoria de la primera toma guerrillera al municipio de Algeciras; yo estaba muy pequeño, pero alcanzo a recordar las detonaciones y ráfagas de fisil provenientes de los dos bandos. Hubo muertos y saqueo a los almacenes. Obviamente, en algunos poemas tímidamente he tratado de reconstruir ese pasaje, pero no es fácil escribir poesía política y hacerla bien, siento el temor que dichas creaciones sean un panfleto más de las que abundan en nuestra poesía.
DDC.- ¿Cuál fue el duende que te sacó de esa vida de sapo, para incursionar en el ámbito poético? ¿Sus lecturas experimentales?
Mi primer tropiezo fue con la literatura y aconteció en el colegio cuando cursaba octavo o noveno grado, no recuerdo muy bien. Yo perdí español y el profesor de castigo para recuperar la materia, me puso a leer la novela “La metamorfosis” de Kafka. Para entonces, yo no sabía leer, incluso, me daba pereza y sueño cuando tomaba las páginas de los libros. Este castigo truncó las vacaciones de diciembre y enero con mis abuelos paternos en el campo. Como había que pasar la materia, calculé el número de páginas del libro y les asigné unos días; bueno, duré dos meses leyendo el libro; a su vez, tenía que aplicarle el análisis literario que el profesor nos había impartido y que vagamente recordaba. Pero el libro me reveló la metáfora de la condición humana, algo que para mí fue maravilloso, a pesar de que el contenido es duró y cruel con el destino de las personas y de la sociedad. Y me habla así mismo, “cómo era posible que ese escritor me hiciera creer que, desde las palabras, podía convertir de la noche a la mañana a un hombre —común y corriente—, en un bicho y que de éste generar todo un conflicto familiar y social”. Fue el punto de partida para iniciarme con lector y luego como escritor. Me decía: “Si la literatura es para descubrirnos lo que somos o para advertir que los podemos ser o hacer, yo le apuesto por la creación”. Fue así que comencé, dizque escribiendo cuentos, pero luego supe que para ello había que aprender técnicas y más lecturas; entonces, inicié por la poesía, porque pensé que era un oficio de creación fácil, pues había tenido referencias de los poetas populares, coplistas y repentistas. Pero que va, nada es fácil, pues la poesía es unos de los géneros más difíciles de crear; es más, de soñar y de cantar.
DDC.- Algo patético. ¿Cómo está matizada la farándula poética del Huila? Una región marcada por la obra de Rivera.
No creo que alcancemos para ser parte de la farándula, pues es muy pretencioso hablar de esta manera. Reconozco que tememos una voz mayor que se llama José Eustasio Rivera, que es nuestro enclave literario, que nos aferramos a él con todas las garras y dientes. También reconozco que el Huila durante estos 112 años de vida administrativa y política, hayamos existido más de cien poetas no sé si será mucho o poco. Y que en cada uno de nosotros hicieron o estamos haciendo lo mejor que se pueda por el oficio poético. También reconozco mis limitaciones, puesto que para ser un gran poeta se requiere haber nacido en un ambiente especial, rico en tradiciones y cultura. Y nosotros no hemos tenido nada eso. Tan solo hemos tenido politiqueros que por décadas han venido saqueando la poca riqueza que nos ha quedaba. Así es muy difícil que la poesía florezca. Sin embargo, un poeta está para iluminar el mundo, es una cerilla de luz en medio de la oscuridad. Esto lo digo, convencido así mismo, pero la realidad es otra. La sociedad nos ha demostrado que puede vivir sin poetas. Eso me parece grave, puesto que la poesía como los demás géneros literarios tiene la misión de salvaguardar la lengua que nos ha sido dada, pero si una sociedad no acude a ella, tan solo nos queda la barbarie y la desesperanza.
DDC.- De subirse a las tablas de la poética nacional, ¿cómo ve usted la poesía colombiana de hoy? ¿Cree que los poetas se bajan del escenario para huirle a la realidad de un país con tantos complejos?
Aunque tengo un premio nacional de poesía, eso no me hace creer que haya alcanzado el mundo con mis manos. Estoy muy convencido que no estoy escribiendo para llegar allá. Con el premio vino un estado de silencio elegido. Una prudencia y una responsabilidad con la creación y el oficio. Entendí que tenía que vivir más, porque si algo tiene la poesía, es que ella está hecha o escrita de la vida misma. Otra cosa, es la carreta del lenguaje y sus teorías, pero esencialmente de la vida. La poesía me ha ayudado a sobreponerme de los dolores, inclusive, de la derrota de la pobreza material y del amor. También pienso que los poetas vivimos en todas las realidades, y tendencias ideológicas, esto no lo critico. El único compromiso que el poeta debe asumir es con su oficio, es la mayor ideología que se puede impartir, lo demás queda para la historia. En este sentido, recuerdo al poeta Aurelio Arturo que su único compromiso fue humanizar el paisaje; también está el poeta Luis Vidales, no solo tuvo un compromiso ideológico sino poético. Ambos creadores, son nuestra mayor herencia poética en Colombia. No podemos impartir ideologías a la poesía porque sería convertirla en una dictadura, hay que dejar que el poeta y su poesía siga su libre camino, como lo ha venido haciendo durante muchos años.
DDC.- Te vamos a recomendar que como promotor cultural organicemos un reallity de poetas vivos. ¿A quiénes invitaría, considerando un par de nombres de su región?
No me gusta la palabra reallity en el tema poético, puesto que la poesía siempre ha estado al margen de las grandes masas y del mercado, siempre ha mantenido un público selecto, como especie de cofradía. Gracias a esta hermandad, la poesía no ha perdido su valor literario y ha podido transcender todos los tiempos. La poesía guarda un misterio de creación entre líneas que va más allá de la palabra, por eso no es fácil entender o descifrar; lo demás, se lo podemos dejar a ciertas músicas que reúne multitudes. Yo estaría de acuerdo de hablar de un encuentro con los poetas que me gustan y que me llaman la atención por su calidad y deslumbramiento, hay muchos universales, pero voy a ser justo con los nuestros y que aún están vivos: Giovanni Queseep, Juan Manuel Roca, Rómulo Busto Aguirre, Jorge Cadavid, Nelson Romero Guzmán, Juan Felipe Robledo, Felipe García Quintero, Hernán Vargas Carreño, entre otros. También debo ser justo con mis coterráneos: Yezid Morales, Antonio Correa, Orinzon Perdomo, Jader Rivera, Winston Morales, y unos de los poetas que ya no está entre nosotros, Guillermo Martínez González.
DDC. Solemos invitar a los chicos y chicas a que nos lean. ¿Cuáles son sus poetas con influencia de utilidad en la formación de su capital poético?
Siempre me he identificado con los poetas orientales de todos los tiempos, tan solo por mencionar algunos: Li Po, Tu Fu, Li Bai, Wang Wei. Del mundo occidental: Arhur Rimbaud, Charles Baudelaire, Rainer María Rilke, Walt Whitman, Fernando Pessoa. De la lengua castellana: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Octavio Paz, Olga Orozco, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Teillier, Gonzalo Rojas, Roberto Juarroz, Eugenio Montejo; en fin, son muchos los poetas que leo y releo y que comparto con los chicos en los procesos de lectura y en los talleres de poesía.
DDC.- ¿Qué espera usted de la poesía? ¿Para qué sirven sus ensoñaciones poéticas? ¿O simplemente su universo poético es parte del placer suyo?
De la poesía siempre he esperado que me ayude a comprender o desentrañar el mundo, no sé si soy muy ambicioso, pero hay que tener un claro objetivo. Que pueda encontrar la palabra adecuada para lo que quiero decir y expresar. Si este propósito se cumple, vale la pena haber creado y publicado, vale la pena haber vivido en este planeta que llamamos Tierra. Lo demás, se lo dejaría al silencio y al olvido, que tiene su cuota de humanidad en el tiempo.