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sábado 25 enero, 2014 a las 11:08 am

ENDEUDADOS CON EL VOTO

ELECCIONES
mauricio arboleda
Por: Mauricio Arboleda

Si constantemente cuestionamos a una guerrilla que hace mucho se corrompió y borró cualquier rastro de lo que fuera una intención política, ¿por qué no cuestionar unos partidos políticos que se erigen como verdaderos monumentos al utilitarismo y el menosprecio por lo humano?

El ciudadano, es decir el elector, no es más que un comprador de la mercancía que representa su color y su bandera. Nada más vergonzoso que las campañas traídas a la plaza pública, llenas de supuestos «RESULTADOS» que esperan cautivar a la masa. Nada más bochornoso que una oferta electoral en nada diferente a una plaza de mercado o a los ayudantes de buseta que halan las prendas de los viajeros para hacerlos subir a toda costa. Es un espectáculo deprimente ver la fanaticada de los candidatos formando grupitos de apoyo el día de las elecciones, al acecho de las chivas y busetas que llegan de las localidades vecinas, hombres y mujeres serviles, lacayos de un fulano que muy probablemente se manifestara con veinte “lucas” antes de darles la espalda.

Me dan risa los carteles y publicidad que inundan contaminando nuestras calles: Darío, el que logro el gasoducto… Otro, el que le rebajo tres pesos a la gasolina… Me recuerda un debate hace poco con un amigo mondomeño a quien estimo mucho, que intentaba validar la candidatura del ex-senador caucano que «¡volvió!» diciendo que este corregimiento LE DEBE LA CONSTRUCCIÓN DEL COLEGIO. Vaya sorpresa que me dio: ¿de modo que cuando le recibimos la obra le vendimos el alma? ¿Cómo es posible que hacer un trabajo por el cual les pagan muuuy bien, se constituye en un contrato vitalicio de voto incondicional? Para eso, querido amigo, un congresista trabaja, o si no ¿qué sentido tendría tener representantes cada región, si no es para que gestionen lo que necesitamos?

Pero tal vez mi amigo no se sabe la historia sobre otro mondomeño que hace varios años fue hasta la mismísima oficina del viejito este a entregarle en sus manos un proyecto «listico» para hacer un colegio industrial en esta localidad, a lo que el honorabilísimo senador respondió que eso no servía porque Mondomo no era más que un PUEBLITO… Me imagino se refería al estrecho potencial electoral. Y suponiendo que administrativamente el proyecto no fuese viable ¿a quién carajos se le ocurre dar una respuesta de esas? Tremendo viaje el de este parroquiano para que le dijeran que su terruño es un cagadero. Eso da cuenta de las calidades humanas de esta ave fénix de la política caucana. Me pregunto cómo le sentó el comercial de televisión que su propio partido sacó a nivel nacional, donde critican a esos que llevan 30 y 40 años y que ya deben salir de circulación. Un acto más en este circo politiquero que da cuenta de la incoherencia de los partidos, que ni siquiera se enteran de cuáles candidatos están apoyando. El tema de los avales, más que un mercado barato, se ha transformado en una mafia que subasta las leyes, se disfraza en la democracia y se burla de los electores.

Muchos piden circo, pero… ¿Solo de payasos?

Y aunque el número de curules como también los salarios de estos personajillos sean exagerados, no me sentiría tan estafado si hicieran parte de una corporación meritoria y digna, pero un Congreso que legisla para sostener su propia treta, que mantiene con hambre al pueblo para comprar su voto con un sancocho y que es capaz de mantener en circulación descomunales tetas financieras, como por ejemplo saludcoop, para lucrarse con la muerte de los infortunados usuarios, no puede producir más que asco, frustración y pena ajena.

Cerca al pueblo hay una venta de pandebonos que data de hace varios años. Cuando íbamos a visitar algún allegado residente en otra ciudad, siempre nos empacaban unas cuántas bolsas para calmar los antojos de los lejanos familiares. Otrora una exquisita merienda, pero hoy día un corriente y desabrido bizcocho, sin embargo algunos de mis parientes insisten aun en cargarse unas cuantas docenas para sus viajes. Aunque ya no es el fresco y exquisito pandebono, quieren llevarlo, porque alguna vez lo fue. Así mismo la gente entrega su voto, creyéndose las mismas peroratas de dinosaurios con presunciones de renovación.

Estas campañas tan chistosas son la prueba de hasta dónde puede llegar la sinvergüenzada de los partidos, y por supuesto la ignorancia de un pueblo que los aplaude. Ilegítimos y, en sus alcances, ilegales, usurpan cuanto hay a su paso y todavía les quedamos debiendo el votico para siempre…