Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 2 de octubre de 2026
domingo 9 julio, 2017 a las 6:03 pm

EL ENCANTO DE LAS CABALLERÍAS

bulevar
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
https://es.wikipedia.org/wiki/Amad%C3%ADs_de_Gaula#/media/File:Amad%C3%ADs_de_Gaula_(Zaragoza,_1508).jpg

¡Eres un caballero!, le podrán decir a uno, y no es porque tenga un caballo y acabe de apearse del mismo con el sombrero en la mano. No, eso queda para los campeones en una Derby en Inglaterra o en Buenos Aires. Ni queda para para nuestros campesinos que viajan y cargan aún los víveres y productos del agro y encima van ellos cansados y con el sudor en la frente bajo su sombrero ajado.

No. Le dicen a uno caballero porque es gentil con las damas, porque no las asusta con su fuete ni las amilana con su osadía. Nunca habrá estado sobre el lomo de una jaca ni de un caballo de raza. Sí, tal vez habrá leído o visto una película que refleje escenas como las de Robin Hood o las de Los Cuatro Mosqueteros Athos, Portos, Aramís y D’Artagnán. O algunos de la época de los juglares que andaban echando versos al viento y buscando mujeres bonitas para hacerles venia, dedicarles una copla o piropo y besar su pañuelo.

Son escenas novelescas y propias de una época romántica, ya lejana. Sin embargo, todavía hoy permanece su fama. Portarse como un caballero bien vale el esfuerzo y la cortesía con las damas.

¿Quién no recuerda al Amadís de Gaula o al conde De Lagardere en las películas «de capa y espada» o al incomparable Quijote con su Dulcinea del Toboso? Era toda una ceremonia como la coronación de un rey o la consagración de un obispo.

Al voltear la montaña viene cabalgando un jinete con su sombrero encintado, con una pañoleta al cuello y en la faltriquera un regalo. Cuando llegaba a la mansión donde se encontraba la dama de sus sueños, él la llamaba con un silbo o con el relinchar de su caballo o el batir de sus cascos en el pedregal del camino.

Al aparecer su dama por la ventana, él, presuroso, se bajaba de su caballo y con paso elegante llegaba hasta el borde de la casa, hacía la venia, cruzaba por frente a él sus brazos y le ofrecía su saludo y, a la par, sus dones.

Era la manera que los caballeros o cavelieri cortejaban a sus damas. Porque todavía no aparecía en el idioma la palabra novia. Caballo, pañuelo, perfume, venias, ceremonia, lugar, sonidos de avena, tal vez al entrar la noche, la apertura de la ventana y el asomar de la cara con la blusa blanca o rosada, el abandonar la altura de sobre su caballo el señorito, el beso en su mano y la entrega de su presente o regalo… Todo estaba bien calculado. Nada de besos ni abrazos, por ahora.

¿Que esas épocas ya no están de moda? ¿Que todo eso se quedó en los libros de la Edad Media y en tiempos remotos? Miren cómo cortejó Messi a su Dama. Cómo se han casado sobre elefantes o ha convertido el cortejo de una dama en una escena de fabuloso número de gente, de prensa y Tv, de invitados, de un té y un ponqué con una foto y un video. Ya no hay una cena íntima, una mirada de amor, una canción que acompañe y un beso para que ese momento se selle. Usted qué cree, ¿no se han acabado ni las damas ni los caballeros?

12-07-17                                  10:30 a.m.

Articulos relacionados