ELOGIO DEL OLVIDO

“No tomes muy en serio lo que dice la memoria”. JEP.

Los fanáticos hinchas de todas partes, no sólo de este país de locos, violentos y apasionados, quieren verse reflejados en sus personajes del balón, aunque al día siguiente no se acuerden de ellos ni de nada.
El olvido debía hacer parte de la letra del Himno Nacional “¡Oh olvido inmarcesible, oh olvido inmortal! También en el máximo rezo: “Padre olvido que estas en los cielos de la desmemoria”. En las palabras amorosas: “Te quiero olvidito” (No burrita, como dice Gómez Jattin.)
En todo debía estar impresa con mayúscula la palabra olvido: En las escuelas para dejar pronto de lado el aprendizaje inútil del Ministerio de Incultura Nacional.
Sin esa otra memoria que es el olvido no se existiría. Qué tal recordar el gol de antier y la camiseta desteñida del año pasado, que vestiré mañana. La brutal patada de los kamikazes al Muisca de cara oriental, confundiéndolos con uno de los mismos. En aquel antiguo mundial olvidaron los pases, remplazándolos por el baile de la cumbia, porque “meterla”, que es de lo que se trata, siempre se les olvida. Es como si el balón del ánimo se desinflara a destiempo, siempre en el soplo preciso de la celebración.
El olvido impide con el sufrimiento recordar la dicha. Qué tal, que no fuera así: Viviríamos siempre como dentro de una tribuna de estadio, viendo jugar, ganar y perder al equipo preferido.
También olvidamos, el primero y último amor. Para luego comenzar a recordar de nuevo. Porque todas las cosas buenas están hechas de sustancias olvidadizas, que los antiguos llamaban Nepente.
No sé si a la mujer le ocurre aquella sensación, experimentada a cierta edad cuando recuerda que le falló a la única oportunidad del instante: “En noches como estas la tuve entre mis brazos, la besé tantas veces bajo el cielo infinito” ¡Pero carajo no hicimos nada!
La vida es un continuo olvido. Porque qué tal ser eternamente memoriosos. El olvido es el Alzheimer de los santos. ¡De todos los Santos! En un país amado por los dioses olvidadizos de la loca creación a la deriva.
Así es todo. El olvido existe hasta con las estatuas broncíneas. Que como van las cosas con el tiempo, serán remplazados por los futbolistas, que dieron fama y felicidad al desmadre nacional.
Lo peor será que cuando en el futuro se le pregunte a alguien: “-¿De quién es aquel broncíneo situado en el centro del huerto? Y él responderá: “De Bolívar”, el gran jugador con James de la Selección Colombia.



