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Jueves, 1 de octubre de 2026

EL VÍA CRUCIS DE LA PAZ

Paz - Colombia

Crepitaciones

El mes de noviembre, el undécimo mes del año, fuera de avisar que ya el mismo se está extinguiendo inexorablemente con mucha tristeza y pesar, siempre se ha caracterizado por tener un tinte luctuoso en nuestra historia nacional, pues algunos de los sucesos más impactantes que nos han sobrecogido el alma y los sentimientos como colombianos, ocurrieron precisamente durante este mes. Recordemos brevemente a guisa de ejemplos: El miércoles 6 de noviembre de 1985, hace exactamente 29 años, se produjo la Toma del Palacio de la Justicia, en Bogotá, durante 27 horas, por parte del M-19, durante el gobierno del entonces presidente Belisario Betancur Cuartas, en un intento frustrado por parte de ese movimiento subversivo por deponerlo, con un saldo trágico de 98 muertos, entre ellos 11 magistrados y 10 desaparecidos. A los siete días exactos, el miércoles 13 de noviembre del mismo año (¡qué triste coincidencia!, en el día, mes y año), ocurrió el terrible desastre natural de Armero (Tolima), como consecuencia de la erupción del volcán Nevado del Ruiz, considerada la segunda erupción volcánica más mortífera del siglo XX, con un saldo aterrador de más de 20.000 muertos, quienes vivían en esa ciudad, casi devastada completamente.

Ahora aparece en escena, este lunes 17 de noviembre de 2014, un día triste para la mayoría de los colombianos de bien, quienes deseamos y anhelamos la paz, cuando amanecimos compungidos y aterrados, por la noticia de la suspensión de los diálogos de paz en La Habana, motivada por el secuestro (al parecer por las Farc) en el departamento del Chocó, el día anterior, del general Rubén Darío Alzate Mora, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Titán del Ejército, en compañía de la abogada Gloria Urrego y el cabo primero Jorge Rodríguez. La noticia como es de suponer, le dio la vuelta al mundo, hizo temblar abruptamente el Proceso de Paz de La Habana, el cual se aprestaba a recordar en dos días sus dos años de vigencia, y fue el tema viral, como ahora dicen, de las redes sociales, motivando los comentarios de todos los analistas especializados o no, unos a favor (la gran mayoría, entre ellos quien esto escribe), pidiendo tranquilidad, serenidad y paciencia, esperando un desenlace esperanzador, para que por favor sigan los diálogos, y otros en contra, los guerreristas, atizando las críticas en contra del proceso, buscando su finalización y colocando al país otra vez en la senda de la guerra eterna, quién sabe hasta cuándo. Guardando las debidas proporciones y con todo el respeto del caso, lo sucedido con este secuestro, que pone en vilo dos años de un azaroso, y fructífero proceso de paz, se equipara con lo sucedido en Armero.

Paz - Colombia

Esta infausta noticia, con todas sus inevitables consecuencias para el futuro del país, me mueve también a comentar que, al igual que un verdadero Vía Crucis, el proceso de La Habana enfrenta ahora su peor encrucijada, su peor crisis, y el presidente Santos afronta su más delicado desafío, en su segundo mandato, cumplidos los primeros cien días del mismo. Sea como sea, debemos confiar en la sensatez de los culpables de este trago amargo y mal momento que estamos padeciendo los colombianos y esperar un desenlace feliz, que haga posible el reinicio de los diálogos, hoy temporalmente suspendidos. Soy optimista en cuanto a esto y debemos esperar siempre lo mejor. Acordémonos que: “el llanto puede durar una noche, pero la mañana trae alegría”.

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