El valor de un Papá: Historia de un gol celestial
Fabio Arévalo Rosero MD*
Julián vivía solo con su padre con quien tenía una relación especial. Pertenecía al equipo de fútbol del colegio, donde casi nunca tenía la oportunidad de jugar. Aunque era el más bajo de la clase, insistía en ser parte del equipo; amaba el fútbol y nunca faltaba a las prácticas. En secundaria fue dueño de la banca, nunca fue titular, pero su padre le daba el mejor apoyo que ningún hijo podía esperar. Al iniciar la universidad, intentó entrar a la selección, algo que nadie creía posible, pero lo logró.
El entrenador explicó que lo había aceptado por entregar su corazón y su alma en cada práctica, al tiempo que trasmitía a los demás entusiasmo. La noticia lo llenó por completo, llamó a su padre, quien compartió su alegría. Le enviaba en todas las temporadas las entradas para que asistiera a los partidos. El joven atleta fue persistente, pero nunca tuvo la oportunidad de participar en ningún partido.
Ya en el final de temporada y minutos antes de iniciar el primer juego de la semifinal, el entrenador le entregó un mensaje. Julián luego de leerlo quedó en silencio… y temblando le dijo al entrenador: «mi padre murió esta mañana, ¿no hay problema de que falte al juego?”, el entrenador le abrazó y le dijo: «toma el resto de la semana libre y no se te ocurra venir el domingo para la final».
Pero el domingo Julián no faltó. En el primer tiempo su equipo perdía por un gol. Para el segundo, Julián calladamente se puso el uniforme y corrió hacía el entrenador, quien estaba impresionado de ver a un luchador de regreso. “Entrenador, por favor permítame jugar, yo tengo que jugar hoy» imploró. El entrenador pretendió no escucharlo, no permitiría que su peor jugador entrara en la final. Pero el chico insistió tanto que el entrenador sintió lástima, recordó a su padre fallecido y aceptó: «OK, puedes entrar, el campo es tuyo”.
El equipo y el público, no podían creer lo que estaban viendo. Un pequeño desconocido que nunca había jugado, lo estaba haciendo perfecto. Nadie podía detenerlo, corría como una estrella, su equipo mejoró por el entusiasmo de Julián, hasta que empató el juego. En los segundos de cierre, interceptó un pase y corrió todo el campo. Con el apoyo de su capitán logró que le ubicaran el balón cuando estaba descubierto y anotó el primer gol de su vida. La gente en las gradas gritaba emocionada, su equipo lo cargó por todo el campo.
Cuando todo terminó, el entrenador notó que el chico estaba sentado en una esquina, se acercó y le dijo: “Julián, estuviste fantástico ¿cómo lo lograste?” el joven miró al entrenador y le dijo: «usted sabe que mi padre murió… ¿pero sabía que mi padre era ciego?”, el joven hizo una pausa y trato de sonreír «Mi padre asistió a todos mis juegos, pero hoy era la primera vez que él sí podía verme jugar… y yo quise mostrarle que podía hacerlo». Fue un gol celestial.
Siempre existe alguien que está orgulloso de ti, piensa en ti, quiere estar a tu lado, quiere que te encuentres feliz, quiere abrazarte, admira tu fortaleza, no le gusta verte sufrir, te ama por quien eres, confía en ti y sobre todo te considera su hijo. Ese es TU PAPÁ.
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