El triste adiós de los que no van


Yo me pregunto: ¿era necesario mostrarlos con sus rostros desencajados, llenos de dolor y con el llanto represado, sin medir el impacto que podían causar al país?
¿O quisieron, no sé quién o quiénes exhibir esa expresión dolida, conmovedora y llena de sentimientos, simplemente para que el país se llenara de amor y respaldo –cuando no era necesario—hacia el Seleccionado Colombiano?

Por supuesto, ya todos saben que me refiero al dramático momento a que fueron sometidos Falcao García, Amaranto Perea y Luis Fernando Muriel cuando se enunció que quedaban sin la posibilidad de jugar el Campeonato Mundial.
Yo vuelvo y me pregunto: ¿cuál fue la razón para sentarlos a mostrar su dolor, para ofrecerlos a una serie de interrogantes, casi todos inoficiosos y predecibles, en un momento cuando ellos, los tres jugadores, lo que menos querían era hablar y, más bien, encerrarse en su rato más amargo?
¿Quién fue el desalmado al que se le ocurrió llevarlos frente a las cámaras de televisión a exponerlos ante un grueso número de periodistas, sin importar que a Amaranto, Falcao y Muriel los “corroía” un dolor inenarrable e imposible de ocultar?
¿Acaso no era suficiente que el señor Pékerman, en su condición de director del grupo y máximo responsable de la dolorosa determinación, hiciera el anunció con la parquedad que exigía el dolorosísimo pasaje, tanto para los jugadores como para el país?
Es posible que mi concepto esté equivocado, pero lo digo porque me dolió en el alma y me agrietaron el corazón los rostros, la tristeza y la languidez de las palabras de nuestros jugadores Falcao, Amaranto y Muriel.
De lo que sí estoy completamente seguro es que el señor José Pékerman hubiese querido afrontar ese amarguísimo momento completamente solo. Porque, también hay que decirlo, el director técnico estaba tan dolido y acongojado como los propios jugadores.
El señor Pékerman desnudó su alma con una sensibilidad y una generosidad humana que no tuvieron los directivos para evitar tan “lastimero” espectáculo.
Quienes lo llaman “Don José”, o quienes le dicen “Señor Pékerman” tienen toda la razón. José Pékerman es todo un caballero, de enorme calidad humana.
Los directivos, en cambio, prefirieron quedar bien con algunos carroñeros del periodismo.
Convocar a una conferencia de prensa simplemente para preguntar a los “marginados” cómo se sentían, cuando eran tan obvias sus respuestas, además de imprudentes, es un hecho que demostró carencia absoluta de sentido común en los directivos.
Reconociendo que yo me lleno de tristeza despidiendo un avión de carga, tengo que decir que la presencia de Muriel, Amaranto y Falcao ante las cámaras de televisión dejó en mí un dolor que de pronto me ha impulsado a escribir, más que con el sentimiento que con la razón. Pero de otra cosa estoy seguro: no fui el único.
P.D. A Falcao quiero decirle, sin pena ni rubor –de manera particular—que he llorado su maldita lesión.
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