El suicidio de un expresidente



El suicidio de un expresidente
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
“Ved de quand poco valor son las cosas tras que andamos y corremos que, en este mundo traidor, aun primero que muramos las perdemos” Jorge Manrique. Coplas a la muerte de su padre
Se suma otro suceso inesperado a la historia. Desde hace años supe de la existencia de Alan García y llegué a admirarlo por su serena compostura, su talante serio y su señorío. Era la imagen que yo me imaginé siempre que debía tener un presidente. Alto, con garbo, bien vestido y acompañado, sonriente y con una gravedad acorde con su altura.
Cuando veo hoy en la foto la muchedumbre en la plaza mayor en el centro de Lima con las banderas apristas, siento una tristeza larga, como decía Piero de su viejo. «Creció con el siglo que me vió nacer. Lo vi y lo admiré, le seguí la pista y la había perdido. Hasta que mi olfato lo encontró ya muerto por un disparo certero. Ahora soy su silencio y con su historia ya sin tiempo»
Ya no irá a salones ni a ceremonias, no hablará solemne y conciso ni le reirá a la buena suerte, a la buena mesa y al vino. «Cómo se pasa la vida, cómo se viene la viene la muerte tan callando… No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera: más que duró lo que vió… Nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar que es el morir. Allí va los señoríos a se acabar y consumir…» como decía Jorge Manrique en las Coplas a la muerte a su padre.
Alan García se ha ido bien vestido y se ha quedado dormido en la cama de su casa. Con dos orificios con salida en su cabeza y el eco sórdido en la boca de su arma. Deja dos campos sembrados. El eco de su palabra viva y la tristeza de su gesto muerto. Ahh, de la fragilidad de los días en la altura. Uno se levanta fuerte y, de pronto, cae del pedestal de la vida. ¿Hasta cuándo lo acompaña uno el sino y le canta a su oído? ¿De qué vale el poder de ayer y por qué la Parca llama a alguien cuando se creía muy seguro?
Mi carnal Francisco satirizaba la nobleza y el dinero, el palacio y los abrazos en los saludos. Todo es pasajero, decepción y humo. «Nunca vi damas ingratas a su gusto y afición, que a las caras de un doblón hacen sus caras baratas. Y, pues, las hace bravatas desde una bolsa de cuero, más valen en cualquier tierra sus escudos en la paz – mirad si es harto sagaz -, que rodelas en la guerra»…Poderoso caballero es don Dinero.
Quevedo era buen conocedor de quienes viven en palacios. Es mejor la vida la corriente. Corre peligro quien se confíe en la suerte y el dinero y quien envidie lo del otro.
Mi Viejo, Piero https://bit.ly/2vj0DLk
19-04-19 – 2.25 p.m
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