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Jueves, 8 de octubre de 2026

EL SINO Y EL TIEMPO

EL SINO Y EL TIEMPO
EL SINO Y EL TIEMPO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

EL SINO Y EL TIEMPO

EL SINO Y EL TIEMPO
Imagen de: http://bit.ly/2DHGXTG

No «era» el tiempo.
El tiempo existía
como una música intangida…

Frag. Poema Ananké de Luis E. Luna S.

A Margoth Álvarez Manrique

Estoy leyendo el libro Ananké que la familia del poeta huilense Luis Ernesto Luna acaba de publicar en una segunda edición. He ido caminando por sus páginas, por sus versos como el escarabajo, a paso lento y distrayéndome con cuanto encuentro alrededor.

Ananké, palabra fuerte en el diccionario griego. Sino, impulso vital, fatalidad. Se impone su significado. Una sola palabra no cabe en ella. Los griegos eran un pueblo de hoplitas, casi opitas. Aquellos con piel de bronce y escudo, nosotros con piel de deidad suramericana. Ananké nos trae una sola palabra a la mente. Es necesidad vital, urgencia de vivir.

He puesto como puerta de entrada el comienzo del poema que da el título al libro. Es la entrada al diccionario poético de Luna Suárez. Era un humanista, un cultor a cincel de la palabra que escribía. No se desgastaba buscando. La iba sacando de su bolsillo como quien saca el pañuelo o el dinero para comprar un pan.

El tiempo, la vida, el mundo en que se desenvuelve el ser humano, el misterio a flor de piel con sus tentáculos viscosos… es un destino que hay que cumplir instante por instante con el ímpetu que lo haría el delfín con su timón sobre el inmenso azur.   

¿Es la vida una necesidad imperiosa, un destino implacable, un fato que ata, un límite que estrangula o una fatalidad feliz? Parecen connotaciones contradictorias, de existencias separadas obligadas a sentarse a la misma mesa y mirarse a los ojos.

Todo eso y algo más. La vida es una corta sinfonía de melodías nunca repetidas, intangidas, como lo dice el poeta. Cada uno vive su porción no estrenada. Bastaba para el poema ese comienzo y… lo demás podía sobrar. Eso es el ser humano. Una taza de tiempo con música que hiende los confines y arrulla el mar acostado sobre la luz y la soledad. Su poema deja ver los espejismos y absorber los olores de las axilas a girasol y rosas.

¿Por qué al hombre lo llamarían Adán, si quiere decir barro animado y sedante, y lo condenaron a vivir en el paraíso de la carne con sexo cubierto con ortigas? Se lamenta no solo Adán. Porque parece haber sido engendrado de una especie degradada. Era la evolución del gusano. Y por eso llamó a su hermano Caín en su resaca de cólera…

Ananké, es un grito vital. Sale de una herida larga y crujiente. Sabe a ajenjo, a hiel, a necesidad de agua ingenua que limpie y regenere. No puede seguir viviendo el ser humano en una tierra rencorosa por la sequía que da aridez.

Siente quien esté leyendo este poema a Kierkegaard, a Heidegger, a toda una fila de filósofos, a Sartre o Castor. Huele a ser humano, a un ser herido que pide ser redimido por un amor nunca tocado.

27-01-18                                           10:25 a.m.

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