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Jueves, 8 de octubre de 2026

El silencio cómplice ante la oscuridad del Cauca

El silencio cómplice ante la oscuridad del Cauca
El silencio cómplice ante la oscuridad del Cauca
Imagen de IA: https://x.com/i/grok

El abuso privado se nos volvió política de Estado

Alfonso Luna Geller

Parece que ya no hay palabras suficientes para describir la indignación. Hemos escrito, denunciado, insistido, documentado y alertado sobre la pésima calidad del servicio de energía eléctrica en el Cauca. Y, sin embargo, nada cambia. La Compañía Energética de Occidente (CEO) continúa actuando como si el territorio fuera su laboratorio de abuso, mientras el Estado —en todas sus expresiones— mira hacia otro lado con el mismo desdén que los cortes de luz dejan sobre la vida de los caucanos: oscuridad.

Cada apagón, cada fluctuación, cada falla prolongada no solo interrumpe la rutina diaria; interrumpe la educación de miles de niños que estudian a la luz de una vela, paraliza a los pequeños comerciantes que dependen de una nevera o de una máquina, retrasa la atención médica en hospitales y puestos de salud, y congela la esperanza de un departamento que lucha, día tras día, por no quedarse atrás.

Se trata de un problema estructural, ético y político, que refleja el profundo abandono estatal al que ha sido condenado el Cauca. Ninguna entidad de control —ni la Superintendencia de Servicios Públicos, ni la Procuraduría, ni la Contraloría, ni la Defensoría del Pueblo— parece asumir la gravedad de lo que ocurre. Y cuando las comunidades reclaman, la respuesta es el silencio. Silencio de la empresa, silencio de los alcaldes, silencio de los diputados, silencio de los congresistas, silencio de todos los que deberían representar la voz del pueblo.

¿Dónde están los personeros municipales, los concejales, los líderes comunales, los representantes a la Cámara y senadores que juraron defender los intereses públicos? ¿Dónde está la dirigencia que debería estar al frente exigiendo cumplimiento, calidad y respeto? Callan. Y en ese silencio se oculta la complicidad.

Callar frente al abuso es ser parte del abuso.

La CEO actúa con la soberbia del incapaz, del incompetente, que sabe que puede incumplir sus compromisos sin consecuencias. Viola el contrato de concesión con total impunidad, incumple indicadores de calidad, y aun así continúa operando con el beneplácito del poder económico y la indiferencia de los entes de control. No hay sanción, no hay correctivos, no hay respuestas. Solo una sensación de derrota que se extiende por las montañas, los pueblos y las ciudades del Cauca cada vez que la luz se va.

Resulta grotesco que el contrato que le permite a esta empresa seguir operando tenga todavía una década más de vigencia. Diez años más de intermitencia, de pérdidas, de apagones, de excusas. Diez años más de resignación institucional.

Pero lo más doloroso es que esta historia se repite con la complicidad social que alimenta su permanencia. Porque, en el fondo, el abuso también se perpetúa en las urnas. Seguimos eligiendo a quienes nos condenan al atraso, a quienes se benefician de la desconexión entre el discurso público y la realidad del territorio.

El Cauca necesita despertar. No solo para exigir una energía digna, sino para recuperar la energía moral que la corrupción, la indiferencia y la desidia nos han arrebatado. No habrá desarrollo posible mientras el poder económico ejerza funciones públicas sin control, mientras una empresa privada pueda decidir, con un interruptor, cuándo y cómo funciona la vida de un departamento entero.

Y si nuestras denuncias no han sido escuchadas, seguiremos insistiendo. Porque callar sería sumarse al crimen del abandono.

Y porque alguien —al menos alguien— debe seguir protestando desde la palabra cuando todo lo demás parece rendirse a la oscuridad.


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Alfonso J Luna Geller
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