«EL SABOR DE LA TIERRUCA»


«EL SABOR DE LA TIERRUCA»

El lunes hubo tertulia diminuta aquí en casa con mi conversadora de los lunes y jueves. Nos distraemos con temas tan triviales y ahondamos sin darnos cuenta. Son tan humanos y cercanos. Hablamos del nombre de algunas veredas de nuestros pueblos, Caldas y Cundinamarca. Nos encontramos con unos nombres tan simpáticos, tan sencillos como la gente del campo que tiene un vocabulario a flor de camino y olor a hierba.
Ponerles nombre a los hijos merece un diálogo a la hora de ir a bautizarlos y hay consideraciones y sentimientos que afloran en esa ocasión. Uno pasa por un lugar o sendero por los caminos de herradura que conducen de los pueblos hacia el «campo» y va encontrando nombres pintorescos de fincas, tiendas y en portales. ¿Quién pondría esos nombres tan pertinentes y sugerentes?
Nos pusimos recordar algunos y esto fue lo que encontramos. De Veredas en Belalcázar, Monterredondo, San Isidro, en Risaralda Quiebradevarilla, El Descanso, Banderas, Charvarquía o en Viterbo una escuela El Vaticano o en Anserma, Tumarapo. Y así llegaron a mi memoria otros nombres pintorescos como Cerroazul en Susa y Cuartillo ´e Queso, La Aguadita y El Aguacatal en Cali.
La gente que pasa todos los días por un lugar y va nombrándolo por asociación de formas, semejanzas o sensaciones. Y la gente nueva que llega y camina al lado de residentes va nombrándolos como oye que se «llaman».
Vaya uno a donde vaya, en España o Francia, Italia o Colombia, encontrará que existen lugares pintorescos o turísticos con nombres que a alguien se le ocurrió, como lo hizo Colón cuando puso nombres a las Islas o el Continente que descubrió. ¿Por qué se llamarán naciones como Noruega, Rusia, Polonia, Suiza, España o la región vasca o flamenca? Hay razones de parecido, de folclor, de religión que sugirieron a fundadores o dueños a nombrar el pueblo que descubrieron o el mar que surcaron.
Así sucedió con grandes ciudades, ríos y las veredas más escondidas y cercanas a cada ciudad han tomado el nombre que sus primeros colonos les asignaron. Bacatá, Curití, Fusagasugá, Guacarí, Chaguaní, Guanentá, Mitú, Guaviare. Algunos hacen referencia a tribus y pueblos indígenas que habitaron allí.
Sí. Cada nombre sabe a tierra mojada con historia, sudores o sangre. Cada nombre tiene el sello pintado en su escudo o en la frente de sus hijos. Su fisonomía, sus apellidos, costumbres, ciudades, hoteles delatan el origen y genio de quien le puso sus nombres.
Entre más humilde sea el nombre retratará un pedazo de tierra, evocará un bosque, un lugar bello, una vega verde o el color de un cerro o un lugar para detenerse a descansar. En nuestra casa también hay lugares así.
Tenemos la alcoba, la cocina, la ducha, el espejo, la recepción, la sala de estar, la buhardilla y… el bar con la cervecita, el vino y el whiskey. Cada cosa en su lugar y cada quien en su hogar.
24-05-18 9:20 a.m.
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