EL RÍO


Cuando enseñaban geografía en las escuelas y colegios sabíamos que el río Cauca nace en el Macizo Colombiano. Y que, pasando por Popayán sale a buscar el valle que lleva su nombre para meterse, encañonado, desde La Virginia hasta Santa Fe de Antioquia. De allí se abre paso en diagonal por llanuras costeñas hasta topar en Mompós con el Magdalena.
El deseo de cultivar sus tierras aledañas y la fuerza de sus aguas, llevaron a la construcción de las presas de Salvajina e Ituango, a la canalización del río a lo largo del Valle del Cauca con jarillones, a construir la carretera de Pereira a Medellín bordeando su cauce y a enjarillonar, como hicieron en el Valle, las llanuras costeñas para conseguir producción abundante en sus tierras hasta La Mojana.
Por estos días, cuando la creciente de sus aguas superó la marca histórica de desbordamiento antes de llegar a Cali, muchos hemos estado pensando en el peligro que corre esa ciudad con el jarillón que la salva de las crecientes, pero encontramos un silencio sepulcral en el alcalde de la capital del Valle y en su gobernadora para orientar, afrontar o prever lo que puede pasar.
Y ni qué decir del mutismo de Invías, que no dice nada de la carretera a Medellín, por donde ha estado intentando correr el Cauca, ni del silencio de Hidroituango sobre los peligros que corre la obra y la mudez de los gobernantes de Antioquia, Córdoba y Sucre que no parecen enterados de la creciente que arrasa al Valle del Cauca y va derechito para allá.
Resistir no es lo mismo que prevenir. Gobernar no es lamentarse sino actuar. ¿Por qué no asumen y aminoran con sentido común los daños y pérdidas que se vienen?
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