El Resurgir del Liberalismo
Por: Luís Barrera
Todo parece indicar que la estrategia diseñada por el director del Partido Liberal y ex candidato presidencial Rafael Pardo está cuajando hacia lo que muchos apuestan a señalar el resurgimiento del Liberalismo como fuerza política.
La colectividad roja que otrora fue la portaestandarte de las grandes transformaciones sociales y económicas del país, hoy está dispuesta a jugarse su futuro en los próximos comicios electorales regionales y así mejorar su presencia en el mapa político.
El haberse acercado al Gobierno de Unidad Nacional convocado por el presidente Juan Manuel Santos y su estrecha cercanía con el presidenciable Ministro del Interior Germán Vargas Lleras, además de adelantar un intensa participación en la agenda legislativa con importantes proyectos que hoy son Leyes de la República, lo hacen ver como un Partido de ideas con las cuales se está gobernando.
Aunque los fenómenos Uribe, el Polo, el Partido Verde, lograron asestar duros golpes bajos a las estructuras de las dinámicas políticas y electorales del Liberalismo, es sorprendente observar cómo aún en muchas regionales de Colombia, incluyendo la caucana, curiosamente, se puede seguir vitoreando el “trapo rojo” por claros mensajes de supervivencia con ganas de recuperación.
La vieja mística del fervor partidista se niega a desaparecer en los estratos populares y aunque la política tradicional prácticamente asqueó a muchos electores, el Partido Liberal parece haber pagado un alto costo por sus errores y hoy gracias a sus directivas y congresistas coherentes, se levanta como el Ave Fénix de sus cenizas.
Sus dirigentes y militantes tienen el deber democrático y moral de limpiar el Partido de tanta escoria, de superar las dificultades y volver a ofrecerse ante los verdaderos demócratas colombianos como el símbolo de que todavía es posible devolver a la política la dignidad perdida.
En este intento de resurgimiento como Partido de decisiones y logros, le corresponderá con miras a los próximos comicios electorales, cambiar la cara estupor y la tristeza de cientos de miles de Liberales que perdieron la esperanza e ilusión, en una colectividad que no supo escapar de la sucia marea de gobernar y participar de prácticas que corroyeron y degeneró la política colombiana e hizo crisis, tras haber sido infiltrada por adversarios portadores del virus de la política corrupta, autoritaria y maniobrera.
No hay peor muerte para un partido político, que aquella que le sucede en su vida electoral. Quienes lo orientan y lo representan en las corporaciones públicas saben perfectamente que una colectividad partidista agoniza cuando se aferra a modelos que ya no responden a lo actual; cuando se niega a cambiar y comprender los nuevos problemas que preocupan a gobernantes y gobernados; cuando se cree que en sus filas militan impulsores y realizadores del cambio y no se da cuenta que la sociedad cambió antes que ellos.
Los jefes liberales en el Cauca por ejemplo, ya entendieron como lección que puestos, dirigencias y liderazgos son efímeros; que las estructuras gubernamentales y partidistas deben oxigenarse con nuevos integrantes; que el valor más grande de la política es actuar desde la veracidad y la coherencia, la comprensión y la responsabilidad.
La competencia política debe ser un incentivo que obligue y estimule a los integrantes y aspirantes a prepararse, a actuar con total honestidad y transparencia; a solventar las cuestiones clave en unión con los demás partidos políticos; a huir de la soberbia que erosiona veloz e irreversiblemente la aprobación ciudadana, de la intransigencia que carcome la posibilidad de gobernar para “todos los ciudadanos”, de la demagogia que sólo conlleva confusión, incredulidad, inquietud… en definitiva, entender que la degeneración democrática, la nutrición de intrigas que ocasiona el efecto de tirar piedras sobre su propio tejado o de escupir hacia arriba, de los desencuentros y confrontaciones y descalificaciones entre políticos de ideas semejantes u opuestas, sólo llevan a cualquier dirigencia a una prematura muerte política.
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