El reino de la hipocresía


Por Sebastián Silva-Iragorri / Cada año se escuchan cadenas de discursos, fabricados con la mayor retórica al alcance, con el propósito de impresionar popularmente, sin que haya una voluntad real de ejecución posterior a lo sostenido.
Esto es lo que está pasando en la Organización de las Naciones Unidas, ONU, produciendo anualmente las mismas frustraciones de siempre.
Este año parecía ser la excepción, sobre todo cuando inicialmente hablaron presidentes de estilo fuerte y serio con talante ejecutivo, pero luego todo se fue tornando en un alud de contradicciones y falsedades que derivaron en enfrentamientos con barras enfurecidas y engañadas, hasta el punto de que la pelea se trasladó de escenario, culminando en el Times Square de Nueva York, con la insólita presencia de un presidente, ataviado con una ruana artesanal colombiana como afirman algunos o con una Kufiya, pañuelo palestino, como dicen otros, incitando a través de un traductor por su ignorancia del inglés, a desconocer las órdenes del gobierno americano y proclamando una guerra, sin atribuciones constitucionales para hacerlo, con militantes mercenarios de varios países y con la dirección de él mismo en la confrontación.
Mal sabor ha dejado este incidente ¿Qué harían las autoridades colombianas si nos visitara un presidente extranjero y desde alguna tarima, colocada en una plaza principal, impulsara la desobediencia a la autoridad y a sus órdenes y declarara desde allí una guerra?
El resultado de todas estas equivocaciones del gobierno de Colombia produjo el retiro de la visa americana al presidente Petro, con efecto inmediato.
De las conclusiones que resultaron este año, la principal es que después de las deliberaciones y de los discursos ha quedado en claro una profunda decadencia de la ONU.
Ya lo dijo Trump, que allí ahora no se están cumpliendo a cabalidad los objetivos de su creación y que su mediocridad e inoperancia ha llegado hasta el extremo de que los ascensores no funcionan, se dañan los telepronter y los gastos son más superfluos que efectivos.
EEUU es el mayor aportante de la ONU con más de 13.000 millones de dólares y los resultados no se compaginan con tamaña inversión.
No está la ONU ayudando a pacificar regiones en disputa ni parando guerra alguna, parece solo dedicada a contratar millonarias colaboraciones y vigilancias de conflictos interminables sin resultados efectivos.
Sería bueno, sin mentiras oficiales, poder saber cuánto se ha pagado a la ONU por asesorías, vigilancias, auditorías e informes, desde el inicio del proceso de paz con las Farc y las subsiguientes contrataciones millonarias que hasta ahora se siguen celebrando.
No estoy muy de acuerdo con la opinión de algunos comentaristas que están diciendo que la ONU se está convirtiendo, cada día más, en un elemento radical de izquierda con funcionarios en plan de jubilación y con el uso de una retórica de mantenimiento de las ilusiones en los países para que estos sigan pagando los costosos gastos de su elevada burocracia, pero sí creo que está pasando por un momento mediocre con la más baja calidad en sus ejecutorias, disimulada en extensos informes y una oratoria desbordada que fluye por todos los canales de comunicación de los cientos de países afiliados.
Se necesita empezar ya una transformación total de sus estructuras, de su modo de operación, con el uso de la mayor tecnología de avanzada recuperando la objetividad, imparcialidad e independencia en todas sus actuaciones.
No sabemos si las actuales directivas de la ONU puedan producir ya este cambio, de lo contrario corresponderá esperar hasta finales del año próximo cuando cumplen sus periodos para obtener esa renovación, que hoy está reclamando el mundo.
Varios mandatarios, entre ellos Zelenski el líder de Ucrania, hicieron también severas críticas al actual accionar de la ONU. No podemos seguir en el reino de la hipocresía anual, alimentada de discursos sin reales resultados.
Ha llegado la hora de cambiar y estas crisis son oportunas para lograr las renovaciones y ajustes necesarios que tengan como gran objetivo esencial: No más guerras, queremos una paz universal, efectiva y sostenible.
Otras publicaciones de Sebastián Silva-Iragorri en Proclama del Pacífico:




